Voy a investigar, paso a paso, qué es la meditación

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Voy a investigar, paso a paso, qué es la meditación. Por favor, no espere hasta el final confiando en tener una descripción completa de cómo meditar. Lo que estamos haciendo ahora forma parte de la meditación.

Y bien, lo que uno debe hacer es estar atento al pensador; no tratar de resolver la contradicción produciendo una integración entre el pensamiento y el pensador. El pensador es la entidad psicológica que ha acumulado experiencia como conocimiento; es el centro que nos ata al tiempo y es el resultado de la siempre cambiante influencia ambiental; desde este centro, el pensador mira, escucha, experimenta. En tanto uno no comprenda la estructura y anatomía de este centro, el conflicto es siempre inevitable, y una mente en conflicto no puede comprender la profundidad y belleza de la meditación.

En la meditación no puede haber un pensador, lo cual implica que debe terminarse el pensamiento -el pensamiento urgido por el deseo de alcanzar un resultado-. La meditación no tiene nada que ver con alcanzar un resultado. No es cuestión de respirar de una manera especial o de mirarse la nariz o de despertar el poder de realizar ciertos trucos, y todo lo demás de ese inmaduro disparate {…}

 La meditación no es algo separado de la vida. Cuando usted conduce un auto, o se encuentra sentado en el autobús, cuando está charlando sin objeto, cuando camina a solas por el bosque o contempla una mariposa llevada por el viento.., si está pasivamente alerta a todo eso, ello forma parte de la meditación.

Krisnhnamurti

Conozca todo el contenido de un pensamiento

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No ser nada es el principio de la libertad. Por lo tanto, si usted es capaz de sentir esto, de investigarlo, descubrirá, a medida que avance en su percepción, que no está libre, que se halla atado a muchas cosas diferentes y que, al mismo tiempo, la mente abriga la esperanza de ser libre. Y podrá ver que ambas cosas se contradicen. En ese caso, la mente tiene que investigar por qué se aferra a esto o a aquello. Todo lo cual implica un duro trabajo, mucho más arduo que ir a una oficina, que cualquier labor física, que todas las ciencias juntas. Porque la mente humilde, inteligente, se interesa en sí misma sin ser autocentrada. Debido a eso, tiene que estar extraordinariamente alerta, atenta, y eso implica, de hecho, una dura tarea cotidiana, cada hora, cada minuto {…}

 Exige insistencia en el trabajo, porque la libertad no adviene fácilmente. Todo la dificulta: la esposa, el marido, el hijo, el vecino, nuestros dioses, nuestras religiones, nuestra tradición. Son todos impedimentos, pero nosotros mismos los hemos creado porque ansiamos seguridad. Y la mente que busca seguridad jamás puede encontrarla. Si usted ha observado un poco lo que ocurre en el mundo, sabrá que no hay tal cosa como la seguridad. Muere la esposa, el marido, el hijo se escapa de la casa, algo ocurre. La vida no es estática, si bien nos gustaría hacer que lo fuera. Ninguna relación es estática, porque toda vida es movimiento. Eso es algo que debemos captar, es una verdad que debe ser vista, percibida, no es algo para argumentar al respecto. Entonces verá usted, a medida que comience a investigarlo, que ése es realmente un proceso de meditación.

Pero no se deje hipnotizar por esa palabra. Esté alerta a cada pensamiento para saber de qué fuente brota y cuál es su propósito; eso es la meditación. Y cuando se conoce todo el contenido de un pensamiento, ello revela el proceso total de la mente.

Krishnamurti

Estar libre de problemas

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No sé si ven como yo la necesidad de no tener ningún problema, pero no de una manera fragmentaria, no la necesidad de un día concreto, porque se vean forzados súbitamente a enfrentarse a una determinada cuestión, sino la absoluta necesidad desde el mismo inicio del propio pensamiento acerca de estas cosas hasta el final de nuestra vida. Es probable que no sientan la urgencia de esto, pero si uno ve de forma muy clara y objetiva, no abstracta, que el estar libre de problemas es tan necesario como el alimento o el aire puro, entonces, partiendo de esa percepción uno actúa, tanto psicológicamente como en los quehaceres cotidianos, es decir, que está presente en todo lo que uno hace, piensa y siente.

Así pues, al menos durante esta mañana el tema central es estar libre de problemas. Mañana podremos abordarlo de modo distinto, pero eso no importa. Lo fundamental es ver que una mente en conflicto es destructiva, debido a que está deteriorándose constantemente. El deterioro no es una cuestión de vejez o de juventud, sino que sobreviene cuando la mente está atrapada en el conflicto y tiene muchos problemas sin resolver. El conflicto es el núcleo del deterioro y de la decadencia. No sé si ven esta verdad. Si la ven, la cuestión es cómo resolver el conflicto. Pero, primero, uno ha de percibir por sí mismo la verdad de que una mente que tenga un problema de cualquier clase, en cualquier aspecto y dure lo que dure, es incapaz de pensar con claridad, de ver las cosas como son -cruda, implacablemente-, sin ningún sentimiento de lástima por uno mismo.

De hecho, la mayoría de nosotros estamos acostumbrados a eludir de inmediato cualquier problema que surja y nos resulta difícil permanecer con éste: simplemente observándolo sin interpretar, condenar ni comparar, sin tratar de modificarlo, o de hacer algo con él. Eso requiere mucha atención en uno mismo; sin embargo, para la mayoría de nosotros, un problema nunca es tan serio como para que queramos prestarle toda nuestra atención, ya que vivimos una vida muy superficial y nos contentamos fácilmente con respuestas triviales y rápidas. Queremos olvidar el problema, dejarlo aparte y seguir con otra cosa. Sólo cuando el problema nos afecta íntimamente, como en el caso de la muerte, o de no poseer nada de dinero, o cuando el marido o la esposa nos han abandonado, sólo entonces el problema se convierte en una crisis. Pero nunca dejamos que un problema produzca una crisis en nuestra vida, siempre lo eludimos con explicaciones, con palabras o con otras cosas que utilizamos como defensa.

Así pues, sabemos a lo que nos referimos con la palabra “problema”. Un problema es una cuestión a cuyo fondo no hemos llegado y que no hemos comprendido por completo; por tanto, no ha terminado y se repite una y otra vez. A la hora de comprender un problema, tenemos que comprender las contradicciones- tanto las inusuales como las cotidianas de nuestro propio ser. Pensamos en una cosa y hacemos otra. Decimos una cosa pero la sentimos de modo muy distinto. Existe el conflicto del respeto y la falta de respeto, la grosería y la cortesía. Por un lado está el sentido de la arrogancia y el orgullo, y por otro, jugamos con la humildad. Ya saben las numerosas contradicciones que todos tenemos, tanto conscientes como ocultas. Pero, ¿cómo surgen esas contradicciones? Miren, como ya he dicho repetidamente, no se limiten a escuchar al que habla, sino escuchen también su propio pensamiento, observen cómo operan sus propias reacciones, dense cuenta de su propia respuesta cuando se formula una pregunta, de modo que se vayan conociendo.

La mayoría de nosotros, ante un problema queremos saber cómo resolverlo, qué hacer, cómo trascenderlo, cómo liberarnos de él, cual es la respuesta. A nosotros no nos interesa nada de eso, queremos saber por qué surge un problema, ya que si podemos hallar la raíz de un problema, comprenderlo hasta el final, habremos encontrado la respuesta a todos los problemas. Si sabemos cómo hay que encarar un problema de forma completa, podremos comprender cualquier otro que surja en el futuro.

El camino de la liberación, ©KFA. 

¿Puede el pensamiento resolver nuestros problemas?

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¿Puede la mente que ha creado estos problemas resolver lo que ella mismo ha creado?

Lo cierto es que pensar es una reacción. Si os hago una pregunta, respondéis a ella; respondéis según vuestra memoria, vuestros prejuicios, vuestra educación, el clima, el trasfondo de vuestros conocimientos. Según sea todo eso, así contestáis y así pensáis. El centro de este trasfondo es el “yo” en su proceso de acción. Mientras no se comprenda este trasfondo, mientras este proceso del pensar, este “yo” que crea el problema, no sea comprendido y no se le ponga fin, tendremos forzosamente conflicto dentro de y fuera de nosotros mismos, en los pensamientos, en las emociones, y en las acciones. Ninguna solución de ningún tipo, por inteligente que sea y bien pensada que esté, podrá nunca dar fin a los conflictos entre los hombres, entre vosotros y yo. Y al comprender esto, al darnos cuenta de cómo y de qué fuente surge el pensamiento, formulamos la pregunta: ¿puede detenerse el pensamiento?

Éste es el problema, ¿verdad? ¿Puede el pensamiento resolver nuestros problemas? ¿Pensando en el problema, lo habéis resuelto? ¿Los problemas de cualquier tipo- económicos, sociales o religiosos- los ha resuelto alguna vez el pensamiento? En nuestra vida diaria cuanto más pensáis en un problema, tanto más complejo, irresoluble e incierto se vuelve. ¿No es eso así en la realidad de nuestra vida diaria? Puede que, al relacionar sobre ciertos aspectos del problema, veáis con más claridad el punto de vista de otra persona, pero el pensamiento no puede ver la totalidad y la plenitud del problema, sólo puede ver parcialmente, y una respuesta parcial no es una respuesta completa y, por lo tanto, no es una solución.

[…] El “yo” es un problema que el pensamiento no puede resolver. Debe haber una percepción que no sea del pensamiento. Darse cuenta, sin condenación ni justificación, de las actividades del “yo”, sólo darse cuenta, es suficiente. Porque si estáis alerta con el fin de descubrir cómo resolver el problema para transformarlo, para producir un resultado, entonces todo sigue estando dentro del campo del ego, es decir, dentro del campo del “yo”, del ego o como queráis llamarlo.

[…]Preguntáis: “¿Cómo voy a existir sin pensar? ¿Cómo voy a tener la mente en blanco?” tener la mente en blanco es encontrarse en un estado de estupor, de idiotez, o como lo queráis llamar, y vuestra reacción instintiva es rechazarlo. Pero una mente silenciosa, una mente que no está distraída por su propio pensar, un mente abierta puede observar el problema de un modo directo y muy simple. Y esta capacidad de observar sin distracción nuestros problemas es la única solución. Para ello, tiene que estar la mente silenciosa y tranquila. Una menta así no es un resultado, no es el producto final de alguna práctica, meditación o forma de control. No surge tras ningún tipo de disciplina, compulsión, o sublimación, ni por esfuerzo alguno del “yo”, del pensamiento; surge cuando comprendo todo el proceso del pensar, cuando puedo ver un hecho sin ninguna distracción. En este estado de tranquilidad de la mente, que está realmente en silencio, hay amor. Y el amor es lo único que puede resolver todo nuestros problemas.

©La libertad primera y última, KFA         Krishnamurti