CARTAS A UNA JOVEN AMIGA /VIII

Entre 1948 y principios de los años 60, Krishnaji era fácilmente accesible y mucha gente venía a verle. Las relaciones florecían en los paseos, en las entrevistas personales, a través de cartas. Las cartas que siguen las escribió a una joven amiga que llegó a él herida en cuerpo y mente. Escritas entre junio de 1948 y marzo de 1960, revelan una rara compasión y claridad; se despliegan en ella la enseñanza y el poder curativo; desaparecen la separación y la distancia; las palabras fluyen; ni una sola palabra es superflua; la curación y la enseñanza son simultáneas:

Querida Amiga:

Esté atenta, y deje que esa atención se mantenga intacta, constante, aunque sea por un minuto. Ahora no debe haber ningún tipo de choques emocionales, ni siquiera los más fugaces. Estas reacciones psicológicas afectan el cuerpo con sus efectos adversos. Sea íntegra; no ‘trate’ de serlo, sea íntegra, recuerde que lo comentamos “recupere su libertad, no dependa de nadie ni de nada, no dependa de ninguna experiencia, de ningún recuerdo; la dependencia del pasado, por doloroso o agradable que éste haya sido, sólo impide la integridad en el presente.

El dormir es esencial; durante el sueño parece que uno alcanza profundidades desconocidas, profundidades que la mente consciente jamás puede tocar ni experimentar. Aunque no se pueda recordar la experiencia extraordinaria de un mundo que está más allá de lo consciente y lo inconsciente, ello tiene su efecto sobre la conciencia total de la psique. Es probable que esto no esté muy claro, pero sólo léalo y juegue con ello. Yo siento que hay ciertas cosas que nunca pueden expresarse claramente. No hay palabras adecuadas para ellas, y sin embargo esas cosas están ahí.

Especialmente para usted, es importante tener un cuerpo que no esté sometido a ninguna enfermedad. Voluntariamente y con facilidad, debe desechar todas esas remembranzas e imágenes placenteras, de modo que su mente esté libre e incontaminada para lo real. Hágalo, por favor, preste atención a lo escrito aquí. Todas las experiencias, todos los pensamientos deben terminar cada día, cada minuto, a medida que surgen, de modo que la mente no extienda raíces hacia el futuro. Esto es realmente importante, porque ésta es la verdadera libertad.

De esta manera no hay dependencia, porque la dependencia es causa de dolor, afecta lo físico y engendra resistencia psicológica. Y, como usted dijo, la resistencia crea problemas realizarse, llegar a ser perfecto, etcétera­. La búsqueda implica lucha, empeño, esfuerzo; este esfuerzo, esta lucha, terminan invariablemente en la frustración deseo algo o deseo ser algo­ y en el proceso mismo de obtener el éxito está la apetencia por el más; y como el más nunca está a la vista, siempre existe un sentimiento de frustración. Por lo tanto, hay dolor.

Y entonces uno se vuelve nuevamente hacia otra forma de realización personal con sus consecuencias inevitables. Las implicaciones de la lucha, del esfuerzo, son enormes. ¿Por qué busca uno? ¿Por qué la mente está buscando sin cesar, y qué es lo que la hace buscar? ¿Sabe usted, se da cuenta de lo que está buscando? Si es así advertirá que el objeto de su búsqueda varía de un período a otro. ¿Alcanza a ver el significado de la búsqueda, con sus frustraciones y su dolor? ¿Se da cuenta de que cuando encuentra algo que es muy gratificante, hay estancamiento con sus alegrías y sus temores, con su progreso y su devenir? Si usted advierte que está buscando, ¿es posible que la mente deje de buscar? Y si la mente no busca, ¿cuál es la respuesta inmediata, real de una mente que no busca?

Juegue con esto, descubra; no fuerce nada, no deje que la mente se restrinja a alguna experiencia particular, porque entonces la mente engendrará su propia ilusión.

He visto a una persona que se está muriendo. ¡Qué atemorizados estamos ante la muerte! Lo que en realidad nos atemoriza es el vivir, no sabemos cómo vivir; conocemos el dolor, y la muerte es para nosotros sólo el dolor final, Dividimos la vida como el vivir y el morir. Así tiene que existir el desconsuelo de la muerte, con su separación, su dolorosa soledad, su aislamiento. La vida y la muerte son un solo movimiento, no son estados aislados. Vivir es morir, morir para todas las cosas, renacer cada día. Esta no es una afirmación teórica, sino algo que debe vivirse y experimentarse.

Es la voluntad egocéntrica, este constante deseo de ser esto o aquello, la que destruye el puro ‘ser’. Este ‘ser’ es por completo diferente del sopor de la satisfacción, de la realización personal o de las conclusiones de la razón. Este ‘ser’ es ajeno al ‘sí mismo’. Una droga, un interés, una absorción en algo, una completa ‘identificación’, pueden producir un estado que se desea, el cual sigue siendo conciencia de uno mismo. El verdadero ser es la terminación del deseo voluntad. Juegue con estos pensamientos y experimente alegremente con ellos.

CARTAS A UNA JOVEN AMIGA /VIII

KRISHNAMURTI