¿Qué es un espíritu libre?

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Carlo Suarès: Un espíritu así, por el hecho de que se ha vaciado de su contenido, que de hecho lo contenía a él, es extraordinariamente libre…

Krishnamurti: Es libre, está vivo y totalmente en silencio. Es el silencio lo que importa. Es un estado sin medida. Solamente entonces, y no como una experiencia, se puede ver aquello que no tiene nombre, que está más allá del pensamiento y que es energía sin causa. Si no hay ese silencio creador, se haga lo que se haga, no existirá en la tierra ni fraternidad ni paz, es decir, no habrá verdadera religión.

Carlo Suarès: Pasemos, pues, al sentimiento religioso. El hombre moderno, que vive conscientemente en el universo de Einstein y no en aquel de Euclides, ¿no puede entrar mejor en comunión con la realidad del universo gracias a una conciencia más experimentada y ampliada de un modo adecuado?

Krishnamurti: El que quiera ampliar su conciencia, puede elegir entre las psicodrogas que más le convengan. En cuanto a entrar mejor en comunión con el universo gracias a una acumulación de informaciones y de conocimientos científicos acerca del átomo o de las galaxias, es como decir que una inmensa erudición libresca sobre el amor, nos hará conocer el amor. Y, por otra parte, a este hombre ultramoderno, tan al corriente de los últimos descubrimientos científicos, ¿le habrá servido todo ello para iluminar su universo inconsciente? Mientras en él subsista una sola parcela inconsciente, proyectará una irrealidad de símbolos y de palabras por medio de la cual se forjará la ilusión de estar en comunión con algo superior.

Carlo Suarès: Sin embargo, ¿cree usted que es posible una religión futura basada en hechos científicos?

Krishnamurti: ¿Por qué hablar de una religión futura? Veamos, más bien, lo que es la verdadera religión. Una religión organizada sólo puede producir reformas sociales, cambios superficiales. Toda organización religiosa se sitúa necesariamente dentro de una estructura social. Yo hablo de una revolución religiosa que sólo puede producirse fuera de la estructura psicológica de una sociedad, cualquiera que ella sea. Un espíritu verdaderamente religioso está desprovisto de todo miedo, porque está libre de todas las estructuras que las civilizaciones han impuesto a lo largo de los milenios. Un espíritu semejante está vacío, en el sentido de que se ha vaciado de todas las influencias del pasado, sea colectivo o personal, así como de las presiones que ejerce la actividad del presente, la cual genera el futuro.

Carlo Suarès: Un espíritu así, por el hecho de que se ha vaciado de su contenido, que de hecho lo contenía a él, es extraordinariamente libre…

Krishnamurti: Es libre, está vivo y totalmente en silencio. Es el silencio lo que importa. Es un estado sin medida. Solamente entonces, y no como una experiencia, se puede ver aquello que no tiene nombre, que está más allá del pensamiento y que es energía sin causa. Si no hay ese silencio creador, se haga lo que se haga, no existirá en la tierra ni fraternidad ni paz, es decir, no habrá verdadera religión.

Carlo Suarès: Todas las religiones preconizan alguna forma de plegaria, algún método de contemplación a fin de entrar en comunión con una realidad superior, cuyo nombre, Dios, Atmán, Cosmos, etc., varía. ¿Qué actividades religiosas practica usted? ¿Reza usted?

Krishnamurti: La repetición de fórmulas sagradas calma la agitación de la mente y la adormece. La plegaria es un calmante que permite vivir en el interior de un recinto psicológico, sin experimentar la necesidad de destrozarlo, de destruirlo. El mecanismo de la plegaria, como todos los mecanismos, produce resultados mecánicos. No existe plegaria alguna que pueda traspasar la ignorancia de uno mismo. Toda plegaria dirigida a aquello que es ilimitado, presupone que un espíritu limitado sabe dónde y cómo alcanzar lo ilimitado. Eso quiere decir que él tiene ideas, conceptos, creencias sobre todo eso y que se halla atrapado en todo un sistema de explicaciones, en una prisión mental. Lejos de liberar, la plegaria aprisiona.

Ahora bien, la libertad es la esencia misma de la religión, en el verdadero sentido de esa palabra. Esta libertad esencial es negada por todas las organizaciones religiosas, a pesar de lo que digan. Lejos de ser un estado de plegaria, el conocimiento de sí mismo es la puerta de la meditación. No es ni una acumulación de conocimientos sobre psicología, ni un estado de sumisión llamada religiosa, en donde se espera la gracia. Es lo que derriba las disciplinas impuestas por la sociedad o la iglesia. Es un estado de atención total y no una concentración sobre algo en particular. Al estar el cerebro tranquilo y silencioso, observa el mundo exterior y ya no proyecta ninguna imaginación ni ninguna ilusión. Para observar el movimiento de la vida, el cerebro debe ser tan rápido como la misma vida, estar activo y sin dirección. Solamente entonces lo inconmensurable, lo atemporal, lo infinito, puede surgir. Eso es la verdadera religión.

Lo que queda por despertar

Carlo Suarès: ¿Cree usted que un pensamiento colectivo, que una inteligencia colectiva, habiendo acumulado y sintetizado los últimos logros de todas las ciencias, si es que ese pensamiento pudiera producirse, estaría en condiciones de guiar a la humanidad hacia una evolución sana?

Krishnamurti: La evolución que conocemos, de la carreta de bueyes al cohete espacial, se ha debido solamente a una determinada parte del cerebro. Aunque esa parte se desarrolle millones de veces más, esto no lograría el más mínimo progreso para el problema fundamental que se plantea la conciencia humana sobre sí misma. Se desarrollará. Ese proceso es irreversible y necesario. Pero existe otra parte del cerebro que todavía no está despierta y que desde ahora mismo podemos darle vida. Ese despertar no es cuestión de tiempo. Es una explosión revolucionaria que surge en el mismísimo origen de todas las cosas e impide la cristalización y solidificación – por los residuos del pasado – de una estructura psicológica. Esa lucidez aborda cada problema a medida que se presenta y, de esa manera, la importancia del problema se vuelve secundaria. Si no surge, y pervive, esa explosión de lucidez, que es energía sin causa, y que no es ni individual ni colectiva, el mundo no conocerá la libertad ni la paz.

 ARTÍCULO COMPLETO: Una Entrevista con Krishnamurti por Carlo Suarès – Planète 1964-

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“El desafío del cambio” – Biografía de Krishnamurti, (Documental Completo Subtitulado en Español)

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¿Qué es la cordura y qué es la locura?

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Engendrar antagonismo y división, que es el oficio de los políticos que nos representan, implica cultivar y sostener la locura, ya se trate de los dictadores o de los que ejercen el poder en el nombre de la paz o de alguna forma de ideología.

¿Qué es la cordura y qué es la locura? ¿Quién es cuerdo y quién está loco? ¿Son cuerdos los políticos? Los sacerdotes, ¿están locos? Los que se comprometen con ideologías, ¿están cuerdos? Somos controlados, moldeados, apremiados por todos ellos, ¿y estamos cuerdos?

¿Qué es la cordura? Es ser íntegro, no fragmentado en la acción, en toda clase de relaciones; ésa es la esencia misma de la cordura, Cuerdo significa total, sano y santo. La locura es neurosis, psicosis, desequilibrio, esquizofrenia; cualquiera sea el nombre que uno quiera ponerle; implica estar fragmentado, dividido en la acción y en el movimiento de la relación, que constituye la existencia.

Engendrar antagonismo y división, que es el oficio de los políticos que nos representan, implica cultivar y sostener la locura, ya se trate de los dictadores o de los que ejercen el poder en el nombre de la paz o de alguna forma de ideología.

¿Y el sacerdote? No hay más que mirar lo que es el clero. Se interpone entre uno y lo que ellos consideran que es la verdad, el salvador, Dios, el cielo, el infierno. El sacerdote es el intérprete, el representante; es el que tiene las llaves para el cielo; él es quien condicionado al hombre mediante la creencia, el dogma, el ritual él es el verdadero propagandista. Ha condicionado al hombre porque éste de desea comodidad, seguridad y le tiene espanto al mañana.

Lo artistas, los intelectuales, los científicos, tan admirados y lisonjeados, ¿están cuerdos? ¿O viven en dos mundos diferentes: el mundo de las ideas y la imaginación con su expresión compulsiva, totalmente separado de la vida cotidiana de placer y dolor que llevan?

El mundo que nos rodea está fragmentado y así estamos cada uno de nosotros, y la expresión de ello es el conflicto, la confusión y la desdicha; uno es el mundo y el mundo es uno mismo. La cordura  implica vivir una vida de acción sin conflicto. La acción y la idea son contradictorias. El ver es el hacer, y no la ideación primero y luego la acción de acuerdo con la conclusión. Esto engendra conflicto. El propio analizador es lo analizado. Cuando el analizador se separa como algo diferente de lo analizado, genera conflicto, y el conflicto es el área del desequilibrio. El observa­dor es lo observado y en eso radica la cordura, lo total, lo sagrado; y con lo sagrado está el amor.

Krishnamurti

 Puede el cerebro ser totalmente libre

Es muy importante, entonces, no sólo para mí sino para nosotros, descubrir si podemos evitar que nuestras mentes sean el depósito del  pasado; descubrir si la mente de permanecer estable sobre las aguas de la vida, y dejar que los recuerdos pasen flotando sin que ella se aferre a ninguno en particular y, cuando sea necesario use ese recuerdo tal como de hecho lo usamos cuando tenemos que comunicarnos. Esto implica que la mente está dejando todo el tiempo que el ayer pase de largo, sin identificarse jamás con él; de ese modo, la mente es firme, estable en el proceso, en la acción de experimentar continuamente.

Ése es el factor que no origina deterioro, de modo tal que la mente se renueva de manera constante. Una mente que acumula, ya se está deteriorando. Pero la mente que deja que los recuerdos pasen de largo y es firme en la acción de experimentar, una mente así es siempre pura, está siempre viendo las cosas de un modo nuevo. Esa capacidad puede surgir sólo cuando la mente está muy quieta. Esa quietud, esa calma no es inducida, no puede acaecer mediante ninguna disciplina, mediante ninguna acción de la voluntad, sino cuando la mente comprende todo el proceso de acumular conocimientos, recuerdos, experiencias. Entonces se afirma sobre las aguas de la vida, que están siempre en movimiento, activas, vibrantes.

Conocimiento propio

Por eso, como ya dije, es importante entender el proceso, el comportamiento de nuestro propio pensar. No puede adquirir conocimiento propio a través de nadie, de ningún libro, de ninguna religión, psicología o psicoanálisis. Tiene que descubrirlo usted mismo, por que es su vida; y sin ampliar y profundizar en ese conocimiento del yo, haga lo que haga, cambie cualquier circunstancia o influencia externa o interna, siempre estará abonando la tierra de la desesperación, del dolor y del sufrimiento. Y para ir más allá de esas actividades limitadas de la mente, uno debe comprenderlas; y para comprenderlas es necesario darse cuenta de la acción en las relaciones, la relación hacia las cosas, las personas y las ideas. Y en esa relación, que es un espejo, comenzamos a vernos a nosotros mismos, sin ninguna justificación o condena; y desde ese conocimiento más amplio y profundo del comportamiento de la mente, se puede proseguir; entonces la mente puede estar tranquila, recibir aquello que es real.

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La religión es magia, y tú puedes ser el mago. Eso es lo que te enseño: a ser el Mago, a conocer el Secreto de la Magia.

La Ley de la Magia

Te hablaré de una de las leyes más profundas de la vida. Puede que nunca hayas pensado en absoluto sobre ella. Has escuchado -toda la ciencia depende de ello- que la causa y el efecto son la base. Creas la causa y el efecto le sigue. La vida es una conexión causal. Pon la semilla en la tierra y brotará. Si la causa está allí, entonces seguirá el árbol. El fuego está allí: pon tu mano en él y se quemará. La causa está allí y el efecto le seguirá. Toma veneno y morirás. Haz los arreglos para la causa y entonces el efecto le seguirá.

Ésta es una de las leyes científicas más básicas, esa causa y efecto es la conexión más íntima de todos los procesos de la vida. La religión conoce una segunda ley aún más profunda que ésta. Pero la segunda ley que es más profunda que ésta parecerá absurda si no la conoces y experimentas con ella.

La religión dice: Produce el efecto y la causa le sigue. Esto es absolutamente absurdo en términos científicos. La ciencia dice: Si la causa está allí, el efecto le sigue. La religión dice que el inverso es también cierto: crea el efecto, y observa… la causa le sigue.

Hay una situación en la cual te sientes feliz. Un amigo ha venido, alguien a quien amas ha llamado. Una situación es la causa… te sientes feliz. La felicidad es el efecto. La llegada del amado es la causa. La religión dice: Sé feliz y el amado llega. Crea el efecto y la causa le seguirá.

Ésta es mi propia experiencia, que la segunda ley es más básica que la primera. La he estado practicando y ha estado sucediendo. Simplemente sé feliz: el amado llega. Simplemente sé feliz: los amigos están allí. Simplemente sé feliz: todas las cosas vienen detrás.

Jesús dice lo mismo en palabras distintas: Buscad antes el Reino de Dios, y todo lo demás sucederá. Pero el Reino de Dios es el final, el efecto. Buscad primero el final… el final significa el efecto, el resultado… y la causa le seguirá. Así es como debería ser.

No se trata sólo de que coloques una semilla en la tierra y el árbol le siga; permite que haya un árbol y habrá millones de semillas. Si la causa es seguida por el efecto, el efecto es seguido de nuevo por la causa. ¡Ésta es la cadena! Entonces se convierte en un círculo… comienza por donde sea, crea la causa o crea el efecto.

Yo te lo digo, es más sencillo crear el efecto porque el efecto depende totalmente de ti; puede que la causa no dependa tanto de ti. Si digo que sólo puedo ser feliz cuando cierto amigo está allí, entonces depende de cierto amigo, de si está o no allí. Si digo que no puedo ser feliz hasta que obtenga esta cierta riqueza, entonces esto depende del mundo entero y las situaciones económicas y todo lo demás. Puede no suceder, y entonces no puedo ser feliz.

La causa está más allá de mí. El efecto está dentro de mí. La causa está en los alrededores, en las situaciones… la causa está fuera. ¡El efecto soy yo! Si puedo crear el efecto, la causa le seguirá.

Elige la felicidad… eso significa que estás eligiendo el efecto… y después observa qué sucede. Elige el éxtasis y observa qué sucede. Elige ser dichoso y observa qué sucede. Tu vida entera cambiará inmediatamente y verás milagros sucediendo a tu alrededor… porque ahora has creado el efecto y las causas tendrán que seguirle.

Esto parecerá mágico; incluso puedes llamarlo “La Ley de la Magia.” La primera es la ley de la ciencia y la segunda es la ley de la magia. La religión es magia, y tú puedes ser el mago. Eso es lo que te enseño: a ser el mago, a conocer el secreto de la magia.

¡Inténtalo! Has estado intentando lo otro toda tu vida… no sólo eso, sino también muchas otras vidas. ¡Ahora escúchame! Prueba esta fórmula mágica, este mantra que te doy. Crea el efecto y ve qué sucede; las causas te rodean inmediatamente, suceden. No esperes las causas; has esperado suficiente tiempo. Elige la felicidad y serás feliz.

¿Cuál es el problema? ¿Por qué no puedes elegir? ¿Por qué no puedes trabajar en esta ley? Porque tu mente, toda la mente, que ha sido entrenada a través de pensamiento científico, dice que si no eres feliz y tratas de ser feliz, esa felicidad será artificial. Si no eres feliz y tratas de ser feliz eso sólo será actuar, eso no será real. Esto es lo que el pensamiento científico dice, que eso no será real, simplemente estarás actuando.

Pero tú no lo sabes: la energía de la vida tiene sus propias formas de funcionar. Si puedes actuar con totalidad, se volverá real. Lo único es que el actor no debe estar allí. Entra totalmente en ello, entonces no hay diferencia. Si estás actuando con el corazón a medias entonces seguirá siendo artificial.

Si te digo que bailes y cantes y seas dichoso, y lo intentas con el corazón a medias, sólo para ver qué sucede, pero te quedas rezagado… y sigues pensando, “Esto sólo es artificial. Estoy intentando pero no está sucediendo, esto no es espontáneo…” Entonces seguirá siendo actuación, un desperdicio de tiempo.

Si lo intentas, entonces inténtalo con todo el corazón. No te quedes rezagado, adéntrate en ello, convierte en la actuación… disuelve al actor en la actuación y después ve qué sucede. Se volverá real y entonces sentirás que es espontáneo. No lo has hecho tú; entonces sabrás que ha sucedido. Pero a menos que seas total, esto no puede suceder. Crea el efecto, estate totalmente en él, ve y observa los resultados.

Puedo convertirte en un rey sin reino; sólo tienes que actuar como rey, y actuar tan totalmente que, ante ti, un rey verdadero parecerá como si sólo estuviese actuando. Y cuando toda la energía se ha desplazado en ello, ¡se convierte en realidad! La energía hace que cualquier cosa sea real. Si esperas a que los reinos vengan, nunca lo harán.

Ni siquiera vinieron para un Napoleón, para un Alejandro Magno, que tenían grandes reinos. Permanecieron en la desdicha porque no se dieron cuenta de la segunda, más básica y primaria ley de la vida. Alejandro Magno trataba de crear un reino más grande, de volverse un rey más grande. Toda su vida fue desperdiciada en crear el reino, y entonces no hubo tiempo de sobra para que fuera rey. Murió antes de que el reino estuviera completo.

Esto le ha sucedido a muchos. El reino nunca podrá estar completo. El mundo es infinito; tu reino está destinado a quedarse parcial. ¿Cómo puedes ser un rey total con un reino parcial? El reino está destinado a ser limitado y con un reino limitado, ¿cómo puedes ser el emperador? Es imposible. Pero puedes ser el emperador. Simplemente crea el efecto.

Swami Ram, uno de los místicos de este siglo, fue a América. Solía llamarse a sí mismo Badshah Ram, Emperador Ram. ¡Y era un mendigo! Alguien le dijo: Simplemente eres un mendigo, pero vas por ahí llamándote el emperador. Así que Ram dijo: No veas mis cosas, mírame a mí. Y tenía razón, porque si ves las cosas entonces todos son un mendigo… incluso un emperador. Puede ser un mendigo más grande, eso es todo. Cuando Ram dijo: ¡Mírame! en ese momento, Ram fue el emperador. Si mirabas, el emperador estaba ahí.

Crea el efecto, vuélvete el emperador, sé un mago… y a partir de este preciso momento, porque no hay necesidad de esperar. Uno tiene que esperar si el reino tiene que venir primero. Si la causa tiene que ser creada primero, entonces uno tiene que esperar y esperar y esperar y posponer. No hay necesidad de esperar para crear el efecto. Puedes ser el emperador en este preciso momento.

Cuando digo !Sé!… simplemente sé el emperador y ve: el reino le sigue…. Lo he sabido a través de mi experiencia. No estoy hablándote sobre una teoría o una doctrina. Sé feliz, y en esa cima de felicidad verás que el mundo entero es feliz contigo.

Hay un viejo refrán: Ríe y el mundo entero se reirá contigo; llora, y llorarás en soledad. Incluso los árboles, las rocas, la arena, las nubes… si puedes crear el efecto y estar extático, todos bailarán contigo; entonces toda la existencia se convierte en una danza, una celebración.

Pero depende de ti, de si puedes crear el efecto. Y te digo, tú puedes crearlo. Es la cosa más fácil de hacer posible. Parece muy difícil porque aún no lo has intentado. ¡Inténtalo!

OSHO

NUESTROS SENTIMIENTOS PUEDEN CAMBIAR EL MUNDO

LA CIENCIA DE LOS MILAGROS:   El gran cdigo Isaas    PPS
Muchos quisiéramos que el mundo fuera de otra manera. En este vídeo, Gregg Braden, científico diseñador de sistemas de computación aeroespaciales y que trabajó como geólogo jefe de Phillips Petroleum y en Cisco Systems, nos da las pautas.

Cada día podemos comprobar como los postulados de la ciencia actual concuerdan con los de las antiguas tradiciones; y como muchos mensajes “canalizados”, provengan de donde provengan, hacen referencias paralelas. Invita a una seria reflexión el hecho de que los genes humanos, influidos por los sentimientos humanos, interactúan con el entorno, ésa es la clave. Volviendo al principio… sí, podemos cambiar el mundo, tenemos ese poder.

Agradecemos los subtítulos en castellano proporcionados por http://www.decidatriunfar.net ; ))

Sin amor la vida es aburrida, gris, sin color, sin canciones, sin celebración. Uno se va arrastrando y sólo espera la muerte

Sin amor la vida es aburrida, gris, sin color, sin canciones, sin celebración. Uno se va arrastrando y sólo espera la muerte

EL MILAGRO DEL AMOR

Nunca preguntes sobre Dios. Si no puedes verle, eso simplemente demuestra que no tienes ojos para ver; si no puedes oírle, eso simplemente revela que eres sordo; si no puedes tocarle, eso simplemente revela que no tienes manos, que no tienes sensibilidad alguna. Dios no es el problema, Dios no puede ser el problema. Dios no está muy lejos; Dios está aquí y ahora. Todo lo que existe, existe en Dios y es Dios. Así pues, ¿cómo puede ser Dios el problema? No has de buscar a Dios porque ¿dónde Le buscarás? Está en todas partes. Simplemente has de aprender a abrir tus ojos al amor. Una vez el amor haya penetrado en tu corazón, encontrarás allí a Dios. El amado reside en el estremecimiento del amor; en la visión del amor, se encuentra la visión de Dios.

Así, pues, Dios es la única y verdadera alquimia interior: transforma tu vida mundana en divina. Y te digo que es la única alquimia porque cambia el burdo metal en oro. Sin amor la vida es aburrida, gris, sin color, sin canciones, sin celebración. Uno se va arrastrando y sólo espera la muerte: la muerte vendrá para liberarte de tu perpetua pesadez. El amor aporta color: lo gris, de repente, se transforma en un arco iris explotando en mil y un colores y la monotonía y el aburrimiento se convierten en psicodelia. El amor cambia por completo la atmósfera de tu ser interior. Y a través de ese cambio, toda la existencia es cambiada. Exteriormente no cambia nada, pero una vez te encuentras lleno de amor tienes ante ti una existencia totalmente distinta.

Dios y el mundo no son dos cosas: es la única existencia. Solamente hay una existencia: vista sin amor, parece materialista. Visto sin amor, Dios se asemeja al mundo, al samsara. Visto a través del amor, el mundo es transformado, transfigurado… y el mundo se convierte en divino.

Sí, entonces aparece la música. Cuando el amor ha surgido, entonces suceden los milagros: ante tu vista aparece la música; en el sonido surge un luminoso silencio. El amor es mágico. Y toda la enseñanza de Kabir es la del amor. Él llama al amor “la divina melodía”. El corazón, vibrando de amor, se convierte en una flauta en los labios de Dios… y nace una canción. Esa canción es la religión.

La religión no tiene nada que ver con iglesias, templos, o rituales. La religión nace solamente cuando alguien vibra de amor. Todos hemos de dar a luz una religión y a menos que hayas dado a luz en ti a una religión, no eres religioso. No puedes ingresar en una organización y volverte religioso. Recuérdalo: la religión no es una organización a la que puedes pertenecer. Para ser religioso has de haber alumbrado la religión en tu centro más interior, en tu mismísimo centro. Solamente cuando allí surge la religión, solamente entonces eres religioso. La religión no nace volviéndote cristiano, sino convirtiéndote en un Cristo; no nace convirtiéndote en budista, sino llegando a ser un Buda.

Cuando naces al amor, la religión nace en ti y toda tu vida se convierte en una melodía, en una hermosa canción. Y entonces te sorprenderá descubrir que no hay nada que esté mal; todo encaja. Ahora, no hay nada que encaje. Ahora mismo estás en un lío; ahora mismo eres pura anarquía; ahora mismo eres sólo un tumulto, corriendo en todas direcciones, desintegrándote, deshaciéndote en piezas; ahora mismo no eres más que angustia, agonía. Una vez nace el amor, tienes un centro. Una vez nace el amor, estás centrado y todo se armoniza en ese centro. Te conviertes en una orquesta, en una bella melodía. Estaba escondida en ti; has de sacarla al mundo; aún no se ha manifestado. Kabir dice: “Manifiéstala, deja que tu amor se manifieste.” En esa manifestación encontrarás tu oración.

OSHO   El milagro del amor    Vida, Amor, Risa

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EL SEGUNDO DISCURSO DE JESÚS SOBRE LA RELIGIÓN

Discurso de Jesús

Así pues, mientras pausaban a la sombra de la colina, Jesús continuó enseñándoles sobre la religión del espíritu, diciendo:

 Habéis salido de entre aquellos de vuestros semejantes que se quedan satisfechos con una religión de la mente, ansían la seguridad y prefieren el conformismo. Habéis elegido cambiar vuestros sentimientos de seguridad autoritaria por la seguridad del espíritu de fe progresiva y venturosa. Habéis osado protestar contra la esclavitud abrumadora de la religión institucional y rechazar la autoridad de las tradiciones registradas que ahora se consideran la palabra de Dios. Nuestro Padre en efecto habló a través de Moisés, Elías, Isaías, Amós, y Oseas. Pero no cesó de ministrar palabras de verdad al mundo cuando estos profetas de la antigua edad dejaron de pronunciarlas. Mi Padre no hace acepción de razas ni de generaciones, no vierte la palabra de la verdad sobre una era y se niega a concederla a otra. No cometáis la locura de llamar divino lo que es completamente humano, y no dejéis de discernir las palabras de la verdad que no vienen a través de los oráculos tradicionales de la supuesta inspiración.

 Os he llamado para que renazcáis, para que nazcáis del espíritu. Os he llamado de las tinieblas de la autoridad y de la letargia de la tradición a la luz trascendental de la comprensión de la posibilidad de hacer por vosotros mismos el más grande descubrimiento posible para el alma humana: la excelsa experiencia de encontrar a Dios por vosotros mismos, en vosotros mismos y de vosotros mismos, y de hacer todo esto como un hecho de vuestra experiencia personal. Así pues podréis pasar desde la muerte a la vida, desde la autoridad de la tradición a la experiencia de conocer a Dios; así pasaréis de las tinieblas a la luz, de la fe racial heredada a una fe personal alcanzada por experiencia real; y así progresaréis de una teología de la mente traspasada por vuestros antepasados a una verdadera religión del espíritu que será construida en vuestras almas como dote eterna.

 Vuestra religión cambiará de la mera creencia intelectual en la autoridad tradicional a la experiencia real de esa fe viviente que es capaz de alcanzar la realidad de Dios y todo lo que se relaciona con el espíritu divino del Padre. La religión de la mente os vincula sin esperanzas al pasado; la religión del espíritu consiste en la revelación progresiva y os llama constantemente a alcances más altos y santos en ideales espirituales y en realidades eternas.

 Aunque la religión de autoridad pueda impartir un sentimiento inmediato de seguridad establecida, pagáis por esa satisfacción pasajera el precio de la pérdida de vuestra libertad espiritual y religiosa. Mi Padre no requiere de vosotros como precio para entrar al reino del cielo que os forcéis a suscribiros a una creencia en cosas que son espiritualmente repugnantes, profanas, y falsas. No se os requiere que vuestro propio sentido de la misericordia, justicia y verdad sea ofendido por la sumisión a un sistema desgastado de formas y ceremonias religiosas. La religión del espíritu os deja por siempre libres para seguir la verdad, dondequiera os lleve la guía del espíritu. ¿Quién puede juzgar -tal vez este espíritu tenga algo que impartir a esta generación que otras generaciones se han negado a escuchar?

¡Vergüenza deberían tener esos falsos instructores religiosos que arrastran almas hambrientas de vuelta al oscuro y distante pasado y allí las dejan! Así pues estas desafortunadas personas están destinadas a asustarse de todo nuevo descubrimiento, y a desconcertarse ante toda nueva revelación de la verdad. El profeta que dijo: «Aquel cuyo pensamiento persevera en Dios será conservado en paz perfecta» no era un simple creyente intelectual en la teología autoritaria. Este ser humano conocedor de la verdad había descubierto a Dios; no estaba meramente hablando sobre Dios.

 Os advierto que abandonéis la práctica de citar constantemente a los profetas del pasado y de alabar a los héroes de Israel; aspirad más bien a tornaros profetas vivientes del Altísimo y héroes espirituales del reino venidero. Honrar a los antiguos líderes conocedores de Dios indudablemente puede ser algo que vale la pena, pero ¿por qué, al hacerlo, debéis sacrificar la experiencia suprema de la existencia humana: encontrar a Dios por vosotros mismos y conocerle en vuestra propia alma?

 Cada raza de la humanidad tiene su propio enfoque mental sobre la existencia humana; por consiguiente, la religión de la mente siempre debe ser fiel a estos varios puntos de vista raciales. Las religiones de autoridad no pueden jamás llegar a la unificación. La unidad humana y la hermandad de los mortales pueden ser alcanzadas tan sólo por la supradote de la religión del espíritu y a través de ésta. Las mentes raciales pueden diferir, pero la humanidad toda está habitada por el mismo espíritu divino y eterno. La esperanza de la hermandad humana tan sólo puede realizarse cuando y a medida que la ennoblecedora y unificante religión del espíritu -la religión de la experiencia personal espiritual- las impregne y las eclipse las religiones mentales de autoridad divergentes.

 Las religiones de autoridad tan sólo pueden dividir a los hombres y ponerlos en orden de batalla consciente, los unos contra los otros; la religión del espíritu atraerá progresivamente a los hombres unos a los otros y hará que se tornen compasivamente comprensivos los unos de los otros. Las religiones de autoridad requieren de los hombres una uniformidad en la creencia, pero esto es imposible de lograr en el presente estado del mundo. La religión del espíritu requiere tan sólo unidad de experiencia -uniformidad de destino- permitiendo la plena diversidad de la creencia. La religión del espíritu requiere solamente uniformidad de discernimiento, no uniformidad de punto de vista ni de opinión. La religión del espíritu no exige uniformidad de puntos de vista intelectuales, tan sólo unidad de sentimientos espirituales. Las religiones de autoridad se cristalizan en credos sin vida; la religión del espíritu crece en el regocijo y libertad en aumento en las acciones ennoblecedoras de servicio amante y ministración misericordiosa.

Pero cuidaos de considerar con desdén a los hijos de Abraham, porque hayan caído en estos malos tiempos de esterilidad tradicional. Nuestros antepasados se dedicaron de lleno a la búsqueda persistente y apasionada de Dios, y lo encontraron como ninguna otra raza humana lo ha conocido desde los tiempos de Adán, quien mucho sabía de todo esto puesto que él mismo era Hijo de Dios. Mi Padre no ha dejado de apreciar la larga e incansable lucha de Israel por encontrar a Dios y conocer a Dios desde los días de Moisés. Durante largas generaciones, los judíos no han dejado de trabajar, sudar, luchar, penar y soportar los sufrimientos y experimentar las pesadumbres de un pueblo despreciado y mal comprendido, todo ello para acercarse un poco más al descubrimiento de la verdad sobre Dios. A pesar de todos los fracasos y errores de Israel, nuestros antepasados, desde Moisés hasta los tiempos de Amós y Oseas, revelaron cada vez más para todo el mundo una imagen cada vez más clara y más verdadera del Dios eterno. Así pues fue preparado el camino para la revelación aún más grande del Padre que vosotros habéis sido llamados a compartir.

 No olvidéis jamás que hay tan sólo una aventura que es más satisfactoria y emocionante que el intento de descubrir la voluntad del Dios vivo, y ésa es la experiencia suprema de tratar honestamente de hacer la voluntad divina. No dejéis de recordar que la voluntad de Dios puede cumplirse en cualquier ocupación terrenal. No hay unas vocaciones que sean santas y otras que sean seculares. Todas las cosas son sagradas en la vida de los que son conducidos por el espíritu; o sea, subordinados a la verdad, ennoblecidos por el amor, dominados por la misericordia, y controlados por la ecuanimidad: la justicia. El espíritu que mi Padre y yo enviaremos al mundo es no solamente el Espíritu de la Verdad, sino también el espíritu de la belleza idealista.

 Debéis dejar de buscar la palabra de Dios tan sólo en las páginas de los viejos libros de la autoridad teológica. Los que han nacido del espíritu de Dios de ahora en adelante discernirán la palabra de Dios sea donde fuere que ésta parezca originarse. La verdad divina no debe ser desechada porque el canal de su transmisión sea aparentemente humano. Muchos de vuestros hermanos aceptan la teoría de Dios con la mente pero espiritualmente no consiguen comprender la presencia de Dios. Esta es justamente la razón por la cual tan a menudo os he enseñado que el reino del cielo puede ser comprendido mejor si se adquiere la actitud espiritual de un niño sincero. No es la inmadurez mental del niño la que os recomiendo, sino más bien la simpleza espiritual de un pequeño que cree con facilidad y confía plenamente. No es tan importante que conozcáis el hecho de Dios como que crezcáis cada vez más en la habilidad de sentir la presencia de Dios.

 Cuando empecéis a encontrar a Dios en vuestra alma, pronto comenzaréis a descubrirlo en el alma de otros hombres y a su debido tiempo en todas las criaturas y creaciones de un poderoso universo. Pero ¿qué oportunidad tiene el Padre de aparecer como un Dios de lealtades supremas e ideales divinos en el alma de los hombres que dedican poco o ningún tiempo a la contemplación reflexiva de estas realidades eternas? Aunque la mente no es el asiento de la naturaleza espiritual, es por cierto la compuerta.

 

 Pero no cometáis el error de tratar de probar a otros hombres que habéis encontrado a Dios; no podéis producir conscientemente tal prueba válida, aunque existen dos demostraciones positivas y poderosas del hecho de que conocéis a Dios. Estas son:

            Los frutos del espíritu de Dios que se muestran en vuestra vida rutinaria diaria.

            El hecho de que todo el plan de vuestra vida ofrece una prueba positiva de que habéis arriesgado sin reserva todo lo que sois y tenéis, en la aventura de la supervivencia después de la muerte, en perseguir la esperanza de encontrar al Dios de la eternidad, cuya presencia habéis saboreado por anticipado en el tiempo.

 Ahora bien, no os equivoquéis, mi Padre siempre responderá a la más débil llama de fe. El presta atención a las emociones físicas y supersticiosas del hombre primitivo. Y con esas almas honestas pero temerosas, cuya fe es tan débil que no llega a ser mucho más que conformidad intelectual a una actitud pasiva de consentimiento a las religiones de autoridad, el Padre está siempre alerta para honrar y promover aun estos débiles intentos de llegar a él. Pero vosotros, que habéis sido llamados de las tinieblas a la luz, debéis creer con todo vuestro corazón; vuestra fe dominará las actitudes combinadas de cuerpo, mente y espíritu.

 Sois mis apóstoles; y para vosotros la religión no se volverá un refugio teológico al que podáis huir cuando temáis enfrentaros con las duras realidades del progreso espiritual y de la aventura idealista; sino más bien, vuestra religión se tornará el hecho de la experiencia real que atestigua que Dios os ha encontrado, os ha idealizado, ennoblecido y espiritualizado, y que os habéis embarcado en la aventura eterna de encontrar a Dios, quien así os ha encontrado y os ha hecho sus hijos.

 Y cuando Jesús terminó de hablar, llamó a Andrés con un gesto y, señalando hacia el oeste, hacia Fenicia, dijo: «Sigamos pues nuestro camino».

 

EL LIBRO DE URANTIA

 

 

JESÚS, EN EL CAMINO A FENICIA, pronuncia el memorable discurso sobre la religión

El jueves 9 de junio por la mañana, después de recibir noticia sobre el progreso del reino, traída de Betsaida por los mensajeros de David, este grupo de veinticinco instructores de la verdad partió de Cesarea de Filipo para comenzar su viaje a la costa de Fenicia. Pasaron rodeando la región pantanosa, camino a Luz, hasta el punto de unión con el camino de Magdala al Monte Líbano, de allí al cruce con el camino que conducía a Sidón, llegando allí el viernes por la tarde.

 Al pausar para almorzar bajo la sombra de unas rocas inclinadas, cerca de Luz, Jesús hizo uno de los más notables discursos que sus apóstoles le habían escuchado jamás a lo largo de todos sus años de vinculación con él. Acababan de sentarse para romper pan cuando Simón Pedro le preguntó a Jesús:

«Maestro, puesto que el Padre cielo lo sabe todo, y puesto que su espíritu es nuestro apoyo en el establecimiento del reino del cielo en la tierra, ¿por qué huimos de las amenazas de nuestros enemigos? ¿Por qué nos negamos a enfrentarnos con los enemigos de la verdad?»

 Pero antes de que Jesús hubiera comenzado a contestar la pregunta de Pedro, Tomás interrumpió diciendo: «Maestro, realmente quisiera saber qué hay de erróneo en la religión de nuestros enemigos en Jerusalén. ¿Cuál es la real diferencia entre su religión y la nuestra? ¿Por qué tenemos tantas creencias diversas si todos nosotros profesamos servir al mismo Dios?»

Cuando Tomás hubo terminado, Jesús dijo: «Aunque no deseo ignorar la pregunta de Pedro, porque bien sé cuán fácil sería interpretar mal mis razones para evitar un encuentro abierto con los potentados de los judíos en este preciso momento, será más útil para todos vosotros que yo elija más bien responder a la pregunta de Tomás. Y eso es pues lo que haré cuando hayáis terminado vuestro almuerzo».

 

 EL DISCURSO SOBRE LA VERDADERA RELIGIÓN

 

 Este memorable discurso sobre la religión, resumido y expresado en fraseología moderna, dio expresión a las siguientes verdades:

 Aunque las religiones del mundo tienen un doble origen -natural y revelada- en cualquier momento y en cualquier pueblo se encuentran tres formas distintas de devoción religiosa. Y estas tres manifestaciones del impulso religioso son:

            La religión primitiva. El impulso seminatural e instintivo de temer las energías misteriosas y adorar las fuerzas superiores, principalmente una religión de la naturaleza física, la religión del miedo.

            La religión de la civilización. Los conceptos y prácticas religiosos en avance de las razas en vías de civilización -la religión de la mente- la teología intelectual de la autoridad de una tradición religiosa establecida.

            La verdadera religión: la religión de la revelación. La revelación de los valores sobrenaturales, una visión parcial de las realidades eternas, una diminuta visión de la bondad y belleza del carácter infinito del Padre en el cielo: la religión del espíritu tal como es demostrada en la experiencia humana.

 El Maestro se negó a menospreciar la religión de los sentidos físicos y los temores supersticiosos del hombre natural, aunque deploró el hecho de que tanto de esta forma primitiva de adoración hubiera de persistir en las formas religiosas de las razas más inteligentes de la humanidad. Jesús aclaró que la gran diferencia entre la religión de la mente y la religión del espíritu es que, mientras la primera es sostenida por la autoridad eclesiástica, la última está completamente basada en la experiencia humana.

 

Luego el Maestro, en su hora de enseñanza, aclaró así estas verdades:

 Hasta que las razas se vuelvan altamente inteligentes y más plenamente civilizadas, persistirán muchas de esas ceremonias infantiles y supersticiosas que son tan características de las prácticas religiosas evolutivas de los pueblos primitivos y atrasados. Hasta que la raza humana progrese al nivel de un reconocimiento más alto y más general de las realidades de la experiencia espiritual, gran número de hombres y mujeres continuarán mostrando una preferencia personal por esas religiones autoritarias que requieren tan sólo consentimiento intelectual, en contraste con la religión del espíritu, que presupone la participación activa de la mente y del alma en la aventura de fe de luchar cuerpo a cuerpo con las realidades rigurosas de la progresiva experiencia humana.

 La aceptación de las religiones tradicionales autoritarias presenta el camino más fácil para el impulso humano de buscar la satisfacción de los deseos de su naturaleza espiritual.

Las religiones establecidas, cristalizadas y monolíticas de autoridad permiten un refugio inmediato, al que puede acogerse el alma distraída y afligida del hombre, cuando la atormenta el miedo y la aflige la inseguridad. Tal religión requiere de sus devotos, como precio por sus satisfacciones y garantías, sólo un consentimiento pasivo y puramente intelectual.

 Por mucho tiempo vivirán en la tierra esos individuos temerosos, miedosos y titubeantes que preferirán asegurarse de esta manera sus consuelos religiosos, aunque, al unirse a las religiones de autoridad, comprometan la soberanía de su personalidad, rebajen la dignidad del autorrespeto, y abandonen completamente el derecho a participar en la más conmovedora e inspiradora de todas las experiencias humanas posibles: la búsqueda personal de la verdad, la alegría de enfrentar los peligros del descubrimiento intelectual, la determinación de explorar las realidades de la experiencia religiosa personal, la satisfacción suprema de experimentar el triunfo personal de la comprensión real de la victoria de la fe espiritual sobre las dudas intelectuales, ganada honestamente en la suprema aventura de toda existencia humana: el hombre buscando a Dios, para sí y como tal, y encontrándolo.

 

 La religión del espíritu significa esfuerzo, lucha, conflicto, fe, determinación, amor, lealtad, y progreso. La religión de la mente -la teología de la autoridad- requiere poco o nada de estos esfuerzos de sus creyentes formales. La tradición es un refugio seguro y un camino fácil para esas almas temerosas e indiferentes que instintivamente evitan las luchas espirituales y las incertidumbres mentales asociadas con esos viajes de osada aventura de la fe, a los altos mares de la verdad no explorada, en búsqueda de las orillas más lejanas de las realidades espirituales, como pueden ser descubiertas por la progresiva mente humana y experimentadas por el alma humana en evolución.

 Jesús continuó diciendo: «En Jerusalén, los líderes religiosos han formulado las varias doctrinas, de sus instructores tradicionales y de profetas de otros tiempos, dentro de un sistema establecido de creencias intelectuales, la religión de autoridad. Estas religiones atraen principalmente a la mente.

Ahora estamos a punto de entrar en un conflicto devastador con ese tipo de religión, puesto que pronto comenzaremos la audaz proclamación de una nueva religión una religión que no es religión según el significado de hoy de esta palabra, una religión que apela principalmente al espíritu divino de mi Padre que reside en la mente del hombre; una religión que derivará su autoridad de los frutos de su aceptación, que tan certeramente aparecerán en la experiencia personal de todos los que real y verdaderamente se vuelvan creyentes de las verdades de esta comunión espiritual más elevada».

 Señalando a cada uno de los veinticuatro y llamándolos por su nombre, Jesús dijo: «Ahora pues, ¿cuál de vosotros prefiere tomar el camino fácil de la conformidad a una religión establecida y fosilizada, tal como es defendida por los fariseos en Jerusalén, en vez de sufrir las dificultades y persecuciones que acompañarán la misión de proclamar un mejor camino de salvación para los hombres, mientras comprendéis la satisfacción de descubrir por vosotros mismos las bellezas de las realidades de una experiencia viviente y personal en las verdades eternas y grandezas supremas del reino del cielo? ¿Estáis temerosos, buscáis la comodidad, la facilidad? ¿Tenéis miedo de confiar vuestro futuro en las manos del Dios de la verdad, cuyos hijos sois vosotros? ¿Acaso no confiáis en el Padre, cuyos hijos sois vosotros? ¿Volveréis al fácil camino de la seguridad y de la quietud intelectual de la religión de autoridad tradicional, o bien os prepararéis para adelantaros conmigo en el incierto y atribulado futuro de proclamar las nuevas verdades de la religión del espíritu, el reino del cielo en el corazón de los hombres?»

 Todos sus veinticuatro oyentes se pusieron de pie, para significar su respuesta unida y leal a éste, uno de los pocos llamados emocionales que Jesús jamás les hiciera, pero él levantó la mano y los detuvo, diciendo: «Apartaos ahora por vuestra cuenta, cada hombre a solas con el Padre, y encontrad allí la respuesta no emotiva a mi pregunta, y habiendo encontrado esa actitud verdadera y sincera del alma, enunciad esa respuesta, libre y audazmente, a mi Padre y vuestro Padre, cuya infinita vida de amor es el espíritu mismo de la religión que proclamamos».

 Los evangelistas y apóstoles se apartaron por su cuenta durante un corto período. Su espíritu estaba elevado, su mente inspirada, y sus emociones, poderosamente sacudidas por las palabras de Jesús. Pero cuando Andrés los reunió, el Maestro tan sólo dijo: «Reanudemos pues nuestro viaje. Vamos a Fenicia para pasar una temporada, y todos vosotros debéis orar al Padre para que transforme vuestras emociones de mente y cuerpo en las más elevadas lealtades de mente y más satisfactorias experiencias del espíritu».

 Al reanudar su viaje por el camino, los veinticuatro estaban callados, pero finalmente comenzaron a hablarse unos a los otros, y a las tres de esa tarde ya no podían seguir caminando; se detuvieron y Pedro, acercándose a Jesús, dijo: «Maestro, tú nos has hablado las palabras de la vida y de la verdad. Quisiéramos oír más; te imploramos que nos hables más sobre estos asuntos».

 

LIBRO DE URANTIA

 

JESÚS EN CESAREA DE FILIPO: enseñó repetidamente a sus apóstoles que ninguna civilización puede sobrevivir por largo tiempo, la pérdida de lo mejor de su religión

La verdadera religión tiene el propósito de disminuir el esfuerzo de la existencia; libera la fe y el valor para la vida diaria y el servicio desinteresado. La fe promueve la vitalidad espiritual y los frutos de la rectitud.

Aunque Jesús no hizo ningún trabajo público durante estas dos semanas de permanencia cerca de Cesarea de Filipo, los apóstoles celebraron numerosas reuniones vespertinas tranquilas en la ciudad, y muchos de los creyentes concurrieron al campamento para hablar con el Maestro. Muy pocos fueron agregados al grupo de creyentes como resultado de esta visita. Jesús habló con los apóstoles cada día, y discernieron más claramente que estaba empezando una nueva fase de la tarea de predicación del reino del cielo. Estaban comenzando a comprender que el «reino del cielo no es comida y bebida, sino la comprensión de la felicidad espiritual de la aceptación de la filiación divina».

 La permanencia en Cesarea de Filipo fue una verdadera prueba para los once apóstoles; fueron dos semanas difíciles para todos ellos. Estaban muy deprimidos, y extrañaban la estimulación periódica de la entusiasta personalidad de Pedro. En estos momentos, era realmente una gran aventura y una prueba creer en Jesús y seguirlo. Aunque lograron pocos conversos durante esas dos semanas, mucho aprendieron de las conferencias diarias con el Maestro, lo que les fue altamente beneficioso.

 Los apóstoles aprendieron que los judíos estaban espiritualmente estancados y moribundos porque habían cristalizado la verdad en un credo; que cuando la verdad se formula como una línea divisoria de exclusividad farisaica y engreída, en lugar de servir como signo de guía y progreso espiritual, estas enseñanzas pierden su poder creador y dador de vida y, en último término, se tornan meramente preservativas y fosilizantes.

 Cada vez más aprendieron de Jesús a considerar a las personalidades humanas en términos de sus posibilidades en el tiempo y en la eternidad. Aprendieron que muchas almas pueden ser conducidas mejor a amar al Dios invisible si se les enseña primero a amar a sus hermanos a quienes pueden ver. Y fue en relación con esto, en que se asignó un nuevo significado a la declaración del Maestro sobre el servicio desprendido a los semejantes: «Lo que hicisteis por uno de los más humildes de mis hermanos, lo hicisteis por mí.»

 Una de las grandes lecciones de esta permanencia en Cesarea tuvo que ver con el origen de las tradiciones religiosas, con el grave peligro de permitir que se les atribuya una importancia sagrada a objetos no sagrados, a ideas comunes o acontecimientos cotidianos. De una de las conferencias emergieron con la enseñanza de que la verdadera religión era la lealtad plena del hombre a sus convicciones más altas y más veraces.

 Jesús advirtió a sus creyentes que, si sus deseos religiosos eran puramente materiales, un mayor conocimiento de la naturaleza los privaría en última instancia de su fe en Dios debido al desplazamiento progresivo del origen supuestamente sobrenatural de las cosas. Pero que, si su religión era espiritual, el progreso de la ciencia física no podría jamás alterar su fe en las realidades eternas y en los valores divinos.

 Aprendieron que, cuando la religión es totalmente espiritual en su motivación, hace más valiosa la vida entera, llenándola de altos propósitos, dignificándola con valores transcendentales, inspirándola con motivos elevados, y consolando mientras tanto al alma humana con una sublime y alentadora esperanza. La verdadera religión tiene el propósito de disminuir el esfuerzo de la existencia; libera la fe y el valor para la vida diaria y el servicio desinteresado. La fe promueve la vitalidad espiritual y los frutos de la rectitud.

 Jesús enseñó repetidamente a sus apóstoles que ninguna civilización puede sobrevivir por largo tiempo, la pérdida de lo mejor de su religión. No se cansó nunca de hacerles observar a los doce el gran peligro de aceptar símbolos y ceremonias religiosos en lugar de la experiencia religiosa. Su entera vida terrenal fue constantemente dedicada a la misión de derretir las formas congeladas de la religión en las libertades líquidas de la filiación esclarecida.

LIBRO DE URANTIA