Más Allá de la Mentalidad de Atropellar y huir

Existe un temor respecto a la chica con la que estoy. Siento miedo de perderla… y eso no me permitirá tener una relación profunda. Tal vez siento miedo de estar solo o algo así.              

No, no tengas miedo, ve más a lo profundo. Esto sucederá porque cuanto más centrado te vuelvas, cuanto más relajado llegues a estar, mayor posibilidad habrá de entrar más profundamente en una relación.

De hecho eres tú quien entra en una relación. Si estás ausente, tenso, inutilizado, preocupado y fragmentado, ¿quién va a profundizar? Debido a que estamos fragmentados, tenemos verdadero miedo de entrar más profundamente en una relación, en capas más profundas, porque entonces nuestra realidad será revelada. Entonces tendrás que abrir tu corazón, y tu corazón es sólo fragmentos. No hay un hombre dentro de ti; eres una multitud. Si en verdad amas a una mujer y abres tu corazón, ella pensará que eres un público, no una persona; ahí está el miedo.

Es por eso que la gente continúa teniendo romances casuales. No quiere profundizar; sólo atropellar y huir, sólo tocar la superficie y escapar antes de que algo se convierta en un compromiso. Entonces sólo puedes tener sexo, y eso también, empobrecido. Es simplemente superficial. Sólo las fronteras se encuentran, pero eso no es para nada amor… quizá un desahogo del cuerpo, una catarsis, pero nada más que eso.

El miedo está en que ahora quieres ir más a lo profundo; no se trata de que se pueda perder a la chica. Tienes miedo y dudas. Podemos tener nuestras máscaras fácilmente si la relación no es muy cercana, muy íntima; los rostros sociales funcionan bien. Entonces cuando sonríes no hay realmente necesidad de que sonrías, sólo la máscara sonríe.

Si en verdad quieres ir más profundo entonces hay peligros. Tendrás que ir desnudo y desnudo significa que todos los problemas interiores sean conocidos por el otro. Cuando no puedes tener una imagen, tu realidad estará abierta y vulnerable, y eso crea miedo. Pero nosotros seguimos engañándonos y diciendo que no tenemos miedo de ello, tenemos miedo de que la chica se pueda ir. Ese no es el miedo. De hecho en lo profundo puedes estar deseando que la chica te abandone para que no exista el problema de ir más profundo en una relación.

Ve más a lo profundo. Nadie está obstruyendo el camino. Los grupos y las meditaciones aquí te van a ayudar, y pronto podrás hacerlo. Si estás en ello, entonces siempre podrás encontrar alguien a quien amar. Si tú no estás en ello, alguien más estará ahí pero eso será solamente presencia física, y sin sentido, porque tú permaneces solo.

Ve y observa a las parejas, a la gente casada por años: viven una vida solitaria, y viven solos. Ellos nunca han estado juntos, y han aprendido toda clase de trucos sobre cómo evitarse mutuamente, cómo escapar del otro. El esposo dice, “Te amo”, y besa a la esposa y todo, pero esto es sólo para mantenerse alejado, para no ir más profundo.

No tengas miedo… ¡simplemente salta!

Osho, Above All, Don’t Wobble, charla #7

 

El Amor es como un Pájaro al Viento

Los enamorados siempre tienen miedo. El miedo se debe a que el amor viene como una brisa. No lo puedes producir, no es algo que se fabrique, llega. Pero todo lo que llega por sí solo, puede también, de la misma manera, irse; eso es un corolario natural. El amor llega, y las flores crecen en ti, despiertan canciones en tu corazón, un deseo de bailar… pero, con un temor escondido. ¿Qué pasaría si esta brisa que ha llegado hasta ti, fresca y fragante, te dejara mañana?… porque tú no eres el límite de la existencia. Y la brisa es sólo una invitada, va a estar contigo mientras quiera estar, y se irá en cualquier momento.

Esto crea temor en la gente, volviéndola posesiva. Empiezan a cerrar sus puertas y ventanas para mantener la brisa dentro; pero cuando tus puertas y ventanas están cerradas no es la misma brisa. La frescura se pierde, la fragancia se pierde, pronto es repugnante. Necesita libertad y tú le has quitado la libertad; es sólo un cadáver.

En el nombre del amor, la gente está cargando con el cadáver del otro, y a esto lo llaman matrimonio. Y para cargar cadáveres, tienes que ir a una oficina de Registro Civil para convertirlo en lazo legal. El amor no puede permitir el matrimonio. En un mundo auténtico, el matrimonio sería imposible.

Uno debe amar, amar intensamente, amar totalmente, y no preocuparse del mañana. Si la existencia ha sido tan extática hoy, confía en que la existencia va a ser más bella y más sublime mañana. A medida que tu confianza crece, la existencia será cada vez más y más generosa contigo. El amor se derramará sobre ti. Más flores de alegría y éxtasis lloverán sobre ti. En tu vida de sesenta y tres  años, todo lo que conociste en el nombre del amor, no era amor. Pudo haber sido un capricho, pudo haber sido atracción biológica, pudo haber sido una conspiración hormonal en contra de dos individuos, pero no amor. Tú has conocido el amor por vez primera… porque éste es el único criterio: tu libertad se profundiza; tu independencia se vuelve más sólida, integrada, transparente y cristalizada. Éste es el único criterio de que el amor te ha visitado, de que el amor ha sido un invitado en tu corazón.

¿Y a quién le importa el mañana? A la gente que le importa el mañana, es a la gente que no tiene hoy, que son miserables ahora mismo y tratan de ocultarlo, tratan de ignorarlo con la esperanza, con el deseo, con el sueño de un mañana. Pero el mañana nunca llega. Esta es una de las dificultades, siempre es el hoy el que llega; y te acostumbras a ser miserable hoy, y esperas, deseas, sueñas con un mañana. Te has perdido la vida. La gente se ha acostumbrado tanto a los mañanas que no sólo están pensando en esta vida de mañana, ellos piensan en la vida después de la muerte.

El amor es el más alto valor en la vida. No debe ser reducido a ritos estúpidos. Y el amor y la libertad van juntos; no puedes elegir a uno y dejar el otro. El hombre que conoce la libertad está lleno de amor, y el hombre que conoce el amor está siempre dispuesto a dar libertad. Si no puedes darle libertad a la persona que amas, ¿a quién entonces puedes darla? Dar libertad no es otra cosa que confiar.

La libertad es una expresión del amor.

Así, estés casado o no, recuerda: Todos los matrimonios son una farsa, son sólo conveniencias sociales. El propósito no debiera ser encarcelarte y amarrarte al otro; el propósito sería ayudaros a crecer juntos. Pero el crecimiento necesita libertad, y en el pasado todas las culturas olvidaron que sin libertad el amor se muere.

Osho

Tengo miedo a la soledad. En este momento no me encuentro en ninguna relación, lo cual es algo que me gusta y a la vez no me gusta

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El tiempo en que podrás estar solo también vendrá, pero ese tiempo no ha llegado aún. Así que te guste o no, tendrás que estar con alguien. El estar solo es posible solamente cuando uno es realmente maduro, y no puede hacerse nada de inmediato para esa madurez. La madurez llega poco a poco, cuando vives con la gente y sufres y también disfrutas.

A través de tantas experiencias de relación, un día surge de la propia consciencia el que uno se basta solo, que no hay necesidad de depender de otros, que el estar solo no es una especie de espacio negativo sino una satisfacción profunda, que el estar solo es hermoso y que hay bendición en ello. Pero eso llega solamente después de que has pasado a través de muchos infiernos y purgatorios… sólo entonces. Tú no puedes brincar al cielo; el camino al cielo es a través del infierno. Tienes que pasar por el infierno; esa es la escuela — te prepara para el cielo. Así que no tengas prisa; de lo contrario serás desdichado.

Es mejor relacionarse y ser desdichado que ser miserable y estar solo. Esa es la única opción en este momento: desdichado solo o desdichados juntos. Pero cuando son desdichados juntos es mejor; ¡al menos puedes hacer responsable al otro!

 

Cuando estás completamente solo, ¿a dónde echar la responsabilidad? Tú llevas toda la carga… ¡nadie siquiera para compartirla! Cuando eres desdichado con alguien puedes encontrar razones, explicaciones de por qué la desdicha está ahí. Cuando estás solo no hay razón ni causa, entonces la mente se siente muy vacía y la desdicha parece que continúa, eterna.

 

En estos momentos elige esa desdicha, el otro tipo, que la gente llama relación. Es un mal necesario por el que hay que pasar. Y un día podrás ir más allá de ella, pero por ahora no ha llegado el momento. Cuando haya llegado no te sentirás desdichado en absoluto al estar solo, te sentirás en la cima del mundo. No hay alegría que se le compare, ninguna relación puede traer esa alegría. Una relación siempre permanece como un fenómeno contradictorio: unos cuantos momentos de alegría y muchos más de desdicha. Ese es el precio que uno tiene que pagar por esos pocos momentos de alegría.

Pero si en estos momentos estás solo, aún esos pocos momentos no estarán ahí; será sólo desdicha y desdicha y uno se siente monótono. Cuando se está con alguien, al menos la desdicha cambia de color, configuración, forma. Por la mañana era una cosa, en la tarde es algo más. Es la misma desdicha, ¡pero cambia! Así que encuentra a un pobre muchacho. ¡Comienza a buscar!

   

 OSHO   Relaciones: Miseria Amalgamada     The Sun Behind the Sun behind the Sun     

Copyright © 2009 Osho International Foundation

¿Por qué es tan difícil relacionarse?

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Porque tú todavía no eres. Hay un vacío interior, y el miedo a que si te relacionas con alguien más tarde o más temprano se demostrará que estás vacío. Por eso parece más seguro mantener una distancia con la gente; por lo menos puedes simular que eres.

 Tú no eres. No has nacido todavía, eres tan sólo una posibilidad. Pero todavía no eres su realización; y sólo dos personas que se hayan realizado pueden relacionarse. Relacionarse es una de las cosas más grandes de la vida; relacionarse significa amar, relacionarse significa compartir. Pero antes de poder compartir, tienes que tener. Y antes de poder amar tienes que estar lleno de amor, rebosante de amor.

 Dos semillas no se pueden relacionar, están cerradas. Dos flores pueden relacionarse, están abiertas, pueden mandar su fragancia de una a otra, pueden danzar bajo el mismo sol y en el mismo viento, pueden tener un diálogo, pueden susurrarse. Pero esto no es posible para dos semillas. Las semillas están totalmente cerradas, no tienen ventanas; ¿cómo van a relacionarse?

 Y esta es la situación. El hombre nace como una semilla; puede convertirse en una flor, o puede que no. Todo depende de ti, de lo que tú hagas contigo mismo; todo depende de si tú creces o no. Es tu elección; y la elección tiene que afrontarse cada momento; cada momento estás en un cruce de caminos.

 Millones de personas prefieren no crecer. Permanecen como semillas, se quedan en potencialidades, nunca llegan a realizarse. No saben lo que es la autorrealización, no saben nada acerca de la existencia. Viven totalmente vacíos y mueren totalmente vacíos. ¿Cómo van a relacionarse?

 Sería exponerte a ti mismo; tu desnudez, tu fealdad, tu vacío; parece más seguro mantener una distancia. Hasta los amantes mantienen cierta distancia; llegan hasta un punto, y permanecen alerta cuando se dan la espalda. Tienen sus límites; permanecen confinados en sus límites.

 Sí, hay cierta clase de relación, pero no es la de relacionarse, es la de la posesión: el marido posee a la esposa, la esposa posee al marido, los padres poseen a los hijos, y así sucesivamente. Pero poseer no es relacionarse; de hecho poseer es destruir toda posibilidad de relacionarse. Si te relacionas, respetas; no puedes poseer. Si te relacionas, se crea una gran reverencia. Si te relacionas te vas acercando y llegas muy, muy cerca, en profunda intimidad, superponiéndoos, sin interferir en la intimidad del otro, y a su vez el otro sigue siendo un individuo independiente.

 Es la relación del yo-tu, no la del yo-ello, superponiéndose, interpenetrándose, y a la vez en cierto sentido independiente. Kahlil Gibran dice: «Sed como dos pilares que sostienen el mismo tejado, pero no os poseáis el uno al otro, dejad al otro independiente. Sostened el mismo tejado; ese tejado es el amor».

 Dos amantes sostienen algo invisible e inmensamente valioso: una poesía de ser, una música escuchada en el profundo seno de su existencia. Ambos sostienen una armonía, pero permanecen independientes. Pueden exponerse al otro, porque no tienen miedo. Saben quiénes son. Conocen su belleza interior, conocen su perfume interior; no tienen miedo.

 

Pero normalmente tienes miedo, porque tú no tienes ninguna fragancia. Si te expones a ti mismo simplemente apestarás; apestarás a celos, odios, iras, lujuria. No tendrás el perfume del amor, la oración, la compasión.

 

Millones de personas han preferido quedarse en semillas. ¿Por qué? Cuando pueden convertirse en flores y danzar al viento, bajo el sol, bajo la luna, ¿por qué han decidido quedarse en semillas? Hay una razón para esta decisión: la semilla está más segura que la flor. La flor es frágil; la semilla no lo es, la semilla parece más fuerte. La flor puede ser destruida muy fácilmente; sólo un golpe de viento y sus pétalos volarán. La semilla no puede ser destruida por el viento tan fácilmente, la semilla está muy protegida, segura. La flor estará expuesta; una cosa tan delicada, y expuesta a tantos riesgos: puede soplar un viento fuerte, puede llover tormentosamente, el sol puede calentar demasiado, cualquier tonto puede arrancar la flor. Cualquier cosa puede ocurrirle a la flor, le puede pasar de todo; la flor está constantemente en peligro. Pero la semilla está segura; por eso millones de personas han decidido permanecer como semillas. Pero quedarse en semilla es quedarse muerto, quedarse en semilla no es en absoluto vivir. Es seguro, ciertamente, pero no tiene vida. La muerte es segura, la vida es inseguridad. El que realmente quiere vivir tiene que vivir en peligro, en constante peligro. El que quiere alcanzar la cima tiene que arriesgarse a perderse. El que quiere escalar las más altas cimas tiene que arriesgarse a caerse, escurrirse.

 

Cuanto mayor es el anhelo de crecer, más y más riesgo se tiene que aceptar. El verdadero hombre acepta el peligro como su propio estilo de vida, como el verdadero clímax del crecimiento.

 

Me preguntas: « ¿Por qué es tan difícil relacionarse?».

 

Es difícil porque tú todavía no eres. Primero sé. Sólo después todo lo demás es posible: primero sé. Jesús dice a su manera: «Primero, busca el reino de Dios, todo lo demás te será dado». Esto es sólo una vieja expresión que quiere decir lo mismo que yo estoy diciendo: primero sé, todo lo demás te será dado. Pero ser es el requerimiento básico. Si eres, el coraje viene como consecuencia. Si eres, surge un gran anhelo por la aventura; y cuando estás listo para explorar, puedes relacionarte. Relacionarse es explorar; explorar la consciencia del otro, explorar el territorio del otro. Pero cuando explores el territorio del otro, tienes que darle la bienvenida y permitir que él te explore a ti; no puede ir en una sola dirección. Y puedes permitir que el otro te explore sólo cuando tienes algo, algún tesoro dentro de ti. Entonces no hay miedo. De hecho invitas al huésped, abrazas al huésped, le llamas, le quieres dentro. Quieres que vea lo que has descubierto en ti mismo, quieres compartirlo.

 

Primero sé, luego puedes relacionarte; y recuerda, relacionarse es muy bello. La relación en pareja es un fenómeno completamente diferente; es algo muerto, fijo, ha llegado a un punto final. Te casas con una mujer; ha llegado un punto final. Desde aquí las cosas sólo declinarán. Has llegado al límite, ya no crece nada. El río se estanca y se convierte en un pantano. La relación en pareja es algo que ya está acabado; relacionarse es un proceso. Elude las relaciones y profundiza más y más en el relacionarte.

 Mi énfasis está en los verbos no en los nombres; evita los nombres tanto como te sea posible. En el lenguaje no los puedes evitar, lo sé; pero en la vida, evítalos; porque la vida es un verbo. La vida no es un nombre, es un verbo; en realidad es «vivir» no «vida». No es amor, es amar. No es la relación, es relacionarse. No es la canción, es cantar. No es la danza, es danzar.

 Observa la diferencia, saboréala. Una danza es algo completo; se han dado los últimos toques, ya no queda nada por hacer. Algo acabado es algo muerto. La vida no tiene puntos finales, las comas están bien, pero no los puntos finales. Los lugares de descanso están bien, pero no los destinos.

 En vez de pensar cómo relacionarte, cumple el primer requisito: medita, sé, y después relacionarse llegará por sí mismo. El que se hace silencioso, feliz, el que empieza a rebosar energía, a convertirse en una flor, tiene que relacionarse. Se relaciona con gente, se relaciona con los animales, se relaciona con los árboles, se relaciona hasta con las rocas. No es algo que tenga que aprender, es algo que ocurre.

 De hecho, se relaciona las veinticuatro horas del día. Si camina sobre la tierra, se relaciona con la tierra; al tocar sus pies la tierra, se relaciona. Si se baña en el río, se relaciona con el río, y si mira a las estrellas se relaciona con las estrellas.

 No es cuestión de relacionarse con alguien en particular. El hecho básico es que si tú eres, toda tu vida se vuelve un relacionarse. Es una canción constante, una danza constante; es una continuidad, como el fluir de un río.

 Medita, primero encuentra tu centro. Antes de relacionarte con alguien más, relaciónate contigo mismo: este es el requisito básico que hay que cumplir. Sin él, nada es posible.

 

OSHO      The book of wisdom. Discurso 27

¿Por qué siento tanto dolor?

¿Por qué siento tanto dolor al dejar las cosas que me están ocasionando sufrimiento?

“Las cosas que te están causando desdicha deben estar dándote un cierto placer también; de lo contrario la pregunta no surge. Si fueran pura miseria las habrías abandonado. Pero en la vida, nada es puro; todo se mezcla con su contrario. Cada cosa lleva su opuesto en su matriz.

Analiza lo que tú llamas desdicha, penetra en ella, y verás que tiene algo que a ti te gustaría tener. No es quizá todavía real, es quizá solamente una esperanza, es quizá solamente una promesa para el mañana, pero tú te aferrarás a la desdicha, te aferrarás al dolor, con la esperanza de que algo que tú siempre has deseado y anhelado vaya a suceder mañana.

Tú sufres la desdicha con la esperanza del placer. Si es pura desdicha, es imposible aferrarse a ella. Simplemente observa, mantente más alerta ante la desdicha. Por ejemplo, te estás sintiendo celoso. Eso crea desdicha. Pero, mira alrededor; debe haber algo positivo en ello. Eso también da algo a tu ego, un cierto sentido de estar separado de los otros, un cierto sentido de superioridad. Tus celos fingen por lo menos ser amor. Si no te sientes celoso pensarás quizá que has dejado de amar. Y te estás aferrando a los celos porque te gustaría aferrarte al amor, por lo menos a tu idea del amor. Si tu mujer o tu hombre se van con alguien más y tú no te sientes en absoluto celoso, llegarás a ser consciente inmediatamente de que ya no amas. Además, durante siglos se te ha dicho que los amantes son celosos. Los celos se han convertido en una parte intrínseca de tu amor: sin celos tu amor muere; solamente con los celos puede vivir lo que llamas amor. Si tú deseas tu amor tendrás que aceptar los celos y la miseria creada por ellos.

Y tu mente es muy astuta y muy lista para encontrar racionalizaciones.

Dirá: “Es natural sentirse celoso”. Y parece que es natural porque todos los demás están haciendo igual. Tu mente dirá, “es natural sentirse herido cuando tu amante te abandona. Debido a que has amado tanto, ¿cómo puedes evitar el daño, la herida, cuando tu amante te abandona?”.

De hecho, tú estás gozando con tu herida también, de una manera muy sutil e inconsciente. La herida te está dando la idea que eres un gran amante, de que has amado tanto, de que has amado tan profundamente, de que el amor era tan profundo, que estás destrozado porque tu amante te ha dejado. Incluso aunque no estés destrozado, fingirás que estás destrozado; creerás en tu propia mentira. Te comportarás como si tuvieras una gran desdicha; gritarás y llorarás, y puede que tus lágrimas no sean en absoluto verdaderas, sino que solamente para darte el consuelo de que eres un gran amante, tienes que gritar y llorar. Observa simplemente cada clase de desdicha: o bien hay en ella algún placer que no estás dispuesto a perder, o contiene una cierta esperanza que sigue colgando frente a ti como una zanahoria. Y parece muy cercana, a la vuelta de la esquina, y tú has hecho un viaje tan largo, y ahora la meta está tan cercana, ¿por qué abandonarla? Tú encontrarás una cierta racionalización en ello, una cierta hipocresía en ello.

Hace algunos días una sannyasin me escribió que su hombre la había dejado y ella no se está sintiendo desgraciada; ¿qué es lo que no va bien con ella? ¿”Por qué no me siento desgraciada? ¿Soy demasiado dura, como una roca? No siento ninguna desdicha”, ella me escribe. ¡Y ella es desgraciada porque no está sintiendo desdicha! Ella esperaba quedar destrozada. “Al contrario”, escribió, “puedo confesar que me estoy sintiendo feliz, y eso me pone muy triste. ¿Qué clase de amor es éste?

Me estoy sintiendo feliz, aliviada; una gran carga ha desaparecido de mi ser”.

¿Ella me preguntó: “Amado maestro, ¿es esto normal? ¿Estoy bien o hay algo básicamente mal en mí?”.

No hay nada malo en ella, está absolutamente en lo correcto. De hecho, cuando los amantes- después de una unión muy, muy larga y de toda la desdicha que tiene que suceder cuando están juntos- se dejan, es un alivio. Pero va contra el ego el confesar que es un alivio. Por algunos días por lo menos, irás con una cara larga, con lágrimas en los ojos, falsa, pero ésta es la idea que ha prevalecido en el mundo.

. Si alguien muere y tú no te sientes triste, empezarás a sentir que algo está ciertamente equivocado en ti. ¿Cómo puedes evitar la tristeza cuando alguien ha muerto?; porque nos han dicho que es natural, que es normal, y todo mundo quiere ser natural y normal. No es normal, solamente del promedio. No es natural, es solamente un hábito larga, largamente cultivado; de lo contrario no hay por qué llorar y gritar.

La muerte no destruye nada. El cuerpo es polvo y vuelve al polvo, y la conciencia tiene dos posibilidades: si todavía tiene deseos entonces se desplazará a otro vientre, o si todos los deseos han desaparecido, entonces se desplazará a la matriz de dios, a la eternidad. Nada se destruye. El cuerpo se convierte otra vez en parte de la tierra, entra a descansar y el alma se desplaza a la conciencia universal o se desplaza a otro cuerpo.

Pero tú gritas y lloras y llevas la tristeza por muchos días. Es solamente una formalidad, o si no es una formalidad entonces existen todas las posibilidades de que nunca amaras al hombre que ha muerto y ahora te estás sintiendo arrepentida; tú nunca amaste al hombre totalmente y ahora no queda tiempo. Ahora el hombre ha desaparecido, ahora nunca estará disponible. Tú habías peleado quizá con tu marido y él murió en la noche al dormir. Ahora dirás que estás llorando porque él ha muerto, pero realmente estás llorando porque incluso no has podido pedir su perdón, incluso no has podido ser capaz de decir adiós. La pelea flotará sobre tí como una nube para siempre.

Si un hombre vive momento a momento en totalidad, entonces nunca hay arrepentimiento alguno, ninguna culpabilidad. Si has amado totalmente, entonces no hay caso. Un día, si el amante se marcha, eso significa simplemente, “ahora nuestros caminos se están dividiendo. Podemos decir adiós, podemos estar agradecidos el uno al otro. Compartimos mucho, amamos mucho, nos hemos enriquecido mucho la vida mutuamente; ¿cuál es el motivo del llanto y las lágrimas, y por qué ser desdichados?”.

Pero la gente está tan enredada en su racionalidad que no puede ver más allá de sus racionalizaciones. Y siempre lo racionalizan todo; incluso cosas que son obviamente simples llegan a ser muy complicadas.

Estoy enamorado de mi caballo,” dijo Andrés al siquiatra.

“Eso no es nada”, contestó él . “Mucha gente ama los animales. Mi esposa y yo tenemos un perro que amamos mucho.”

“¡Ah, pero doctor, es una atracción física la que siento por mi caballo!”.

“Hmm!” dijo el analista. ¿”Qué clase de caballo es ? Varón o hembra?”.

“Hembra, ¡por supuesto!” dijo Andrés. “Qué está pensando, que soy un marica?”.

Tú me preguntas, Akal, “por qué siento tanto dolor en abandonar las cosas que me están causando desdicha?”

Tú todavía no te convences de que te están causando desdicha. Estoy diciendo que te están causando desdicha; tú todavía no estás convencido. Y no es una cuestión de MÍ decir. El asunto básico es: TÚ tendrás que entender: “éstas son las cosas que me están causando desdicha”, y tendrás que ver que hay inversiones en tu desdicha. Si quieres esas inversiones tendrás que aprender a vivir con la desdicha; si deseas abandonar la desdicha, tendrás que abandonar esas inversiones también.

¿Tú lo has mirado, lo has observado? Si hablas de tu desdicha a la gente, ellos te conceden mucha simpatía. Todo mundo es comprensivo con el hombre desgraciado. Ahora, si te gusta recibir simpatía de la gente, no puedes abandonar la desdicha; ésa es tu inversión.

El marido desgraciado viene a casa, la esposa es cariñosa, comprensiva. Cuanto más desgraciado él es, más sus niños son considerados con él; cuanto más desgraciado él es, más sus amigos son amigables con él. Todo mundo lo cuida. Cuando él empieza a estar feliz ellos retiran su simpatía, por supuesto; una persona feliz no necesita simpatía alguna. Cuanto más feliz él es, más encuentra que a nadie le importa. Es como si todos llegaran repentinamente a endurecerse, a congelarse. Ahora, ¿cómo vas a poder abandonar tu desdicha?

Tú tendrás que abandonar este deseo de atención, este deseo de conseguir simpatía de la gente. De hecho, es muy feo el desear la simpatía de la gente; te convierte en un mendigo. Y recuerda, simpatía no es amor; para ellos es una obligación, están cumpliendo una clase de deber; eso no es amor. Puede que no les gustes, pero de todas maneras se compadecerán de ti. Ésta es la etiqueta, la cultura, la civilización, la formalidad, pero estás viviendo de cosas falsas. Tu desdicha es verdadera y lo que estás consiguiendo en el trato es falso. Por supuesto, si tú llegas a ser feliz, si abandonas tus desdichas, habrá un cambio radical en tu forma de vida; las cosas pueden empezar cambiar.

Una vez vino una mujer a mí, la mujer de uno de los hombres más ricos de la India, y me dijo: “Deseo meditar, pero mi marido está en contra de ello”.

Le pregunté: “¿Por qué tu marido está en contra de la meditación?”.

Ella me dijo: “Él dice, ‘te amo tal como eres. No sé qué sucederá después de la meditación. Si tú empiezas meditar, vas a cambiar con seguridad; entonces no sé si podré amarte o no, porque tú serás otra persona’ “.

Dije a la mujer: “tu marido tiene un punto [de razón] en eso; las cosas serán ciertamente diferentes. Tú estarás más libre, más independiente. Tú serás más feliz, y tu marido tendrá que aprender vivir con una nueva mujer. Puede que a él no le gustes de esta manera, puede empezar a sentirse inferior. Ahora él es superior a ti”.

Por eso es que, a través de los tiempos, el hombre no ha permitido que las mujeres mediten, que participen en experiencias religiosas profundas. El hombre no ha permitido que las mujeres lean los Vedas, los Upanishads, las grandes escrituras del mundo. En muchas religiones no se permite a las mujeres entrar en la mezquita o en la sinagoga. En el Jainismo se dice que tú no te puedes liberar con un cuerpo de mujer; primero tendrás que nacer como hombre; solamente después puedes ser liberado. En el cuerpo de una mujer no hay un camino hacia dios.

¿Por qué? ¿Por qué este miedo? La razón es muy psicológica: el hombre ha tenido siempre miedo de que las mujeres sean más felices que él, más pacíficas que él, más adaptadas, más integradas que él, porque una vez que estén más integradas, más a tono con su ser y con el ser de la totalidad, más en armonía con la existencia, más al unísono…. Y las mujeres pueden lograr la armonía más fácilmente que los hombres, recuérdalo. Por ciertas razones biológicas, una mujer es más capaz de entrar en la meditación que un hombre. La energía masculina es agresiva, violenta, hacia fuera, extrovertida, y la energía femenina es introvertida, pasiva, hacia dentro.

Por lo tanto, lo que el Jainismo dice es absolutamente incorrecto; no sólo absolutamente incorrecto: sólo lo opuesto puede ser la verdad. Es más fácil entrar en dios a través del cuerpo de una mujer que a través del cuerpo de un hombre. El cuerpo de la mujer es más armonioso, el cuerpo del hombre no es tan armonioso. El cuerpo de la mujer es más equilibrado, redondeado; por eso es que ella parece tan hermosa. Su cuerpo está menos tenso, más relajado.

Las madres se dan cuenta después de unos meses de embarazo si hay un niño o una niña en su vientre, porque el niño empieza a moverse, a hacer cosas dentro del vientre, a patalear… no puede estarse quieto.

Tú puedes observar a las muchachas pequeñas: Están perfectamente felices sentadas en una esquina con sus muñecas. ¿Y los muchachos? No pueden sentarse.

Hace sólo unos días un pequeño muchacho tomó sannyas. Tuve que preguntarle, “¿puedes estar en silencio un minuto para que pueda explicar tu nombre a tu madre?”. Pero él no fue capaz de estar silencioso por un minuto. Las muchachas pequeñas vienen por el sannyas; cuando les digo, “cierra los ojos y siéntate en silencio”, se sientan maravillosamente; pueden sentarse por horas. Cuando vienen muchachos pequeños y les digo, “cierra los ojos”, ¡tienen que apretar sus ojos! Tienen miedo de que si no lo hacen con fuerza se abrirán. Tienen mucha curiosad por lo que está sucediendo, por lo que pasa en el exterior.

Cuando las muchachas pequeñas toman sannyas me miran. ¿Y los muchachos? ¡Miran a Krishna Bharti y su cámara fotográfica! ¡Están por todas partes! Les estoy poniendo el mala [collar] y ellos están mirando a la gente para ver cuál es la respuesta.

“¿Está la gente riendo, gozando, observando?”. ¡Son grandes intérpretes! Y una gran curiosidad los mantiene constantemente tensos.

Mientras estaban en su luna de miel, Kit y Netty compraron un loro parlanchín y se lo llevaron a su habitación del hotel. Mientras hacían el amor el pájaro no paraba de comentar. Finalmente Kit arrojó una toalla de baño sobre la jaula y dijo: “¡Si no te callas te enviaré al zoológico!”.

Preparándose para salir a la mañana siguiente, no podían cerrar una maleta que se abombaba y decidieron que uno de ellos se pararía encima de ella mientras que el otro procuraría sujetarla.

“Querida,” dice Kit, “tú ponte arriba y yo lo intentaré”.

No funcionó. Entonces dijo él: “Ahora me pongo yo encima y tú lo intentas”.

Eso tampoco funcionó.

“Mira,” dijo Kit, “Pongámonos los dos encima e intentémoslo”.

El loro lanzó lejos la toalla y dijo: “zoológico o no zoológico, ¡esto lo tengo que ver!”

¡El loro debe haber sido un macho!

Le dije a la mujer: “Tu marido tiene razón: antes de que entres en el camino de la meditación tienes que considerarlo, porque hay peligros por delante”.

Ella no me escuchó; empezó a meditar. Ahora está divorciada. Vino a verme después de algunos años y dijo: “Estabas en lo correcto. Cuanto más silenciosa me hice, más mi marido se ponía furioso. Él nunca fue tan violento; algo extraño empezó a suceder”, me dijo. “Entre más silenciosa y tranquila me volvía, más agresivo él se ponía”. Su mente chauvinista masculina entera estaba en juego. Quería destruir la paz y el silencio que se estaba produciendo en la mujer para así seguir siendo superior. Y como no pudo darse de la manera que él deseaba, se divorció de la mujer.

¡Éste es un mundo muy extraño! Si te vuelves pacífico, tu relación con la gente cambiará, porque tú eres una persona diferente. Si tu relación se daba debido a tu desdicha, puede desaparecer.

Tenía un amigo. Él era profesor en la misma universidad donde yo estaba de profesor; era un gran trabajador social. En la India, ocuparse de las viudas sigue siendo un problema. Nadie desea casarlas, y las viudas no están a favor de casarse tampoco; eso parece un pecado. Y este profesor estaba determinado a casarse con una viuda. A él no le importaba amar a la mujer o no; eso era secundario, irrelevante; su único interés estaba en que ella fuera una viuda. Y, poco a poco la persuadió, y ella aceptó.

Dije al hombre: “Antes de que des el salto, considéralo al menos por tres días; quédate a solas. ¿Amas a la mujer, o es solamente un gran servicio social el que tú estás haciendo?” Casarse con una viuda en la India es visto como algo muy revolucionario, algo radical. ¿”Estás intentando probar que eres un revolucionario? Si estás intentando probar que eres un revolucionario, entonces vas a tener problemas, porque en el momento que te cases, ella dejará de ser una viuda y todo tu interés desaparecerá.”

Él no me escuchó. Se casó… y después de seis meses me dijo: “Estabas en lo correcto”. Lloró. Me dijo: “No podía ver el punto: Estaba enamorado de su viudez, no de ella por ella misma, y ahora con certeza ya no es una viuda”.

Así que le dije: “Tú haz una cosa,¡suicídate! Hazla viuda otra vez y ¡dale a alguien más la ocasión de ser un revolucionario! ¿Qué otra cosa puedes hacer?”

La mente del hombre es muy estúpida, muy inconsciente. Buda dice que está en un sueño profundo, en un sopor, roncando. Akal, tú no puedes abandonar las cosas que te están haciendo desdichado porque tú todavía no has visto las inversiones, todavía no has mirado profundamente en ellas.

Tú no has visto que hay un cierto placer que estás obteniendo de la desdicha. Tú tendrás que abandonar las dos cosas, y entonces no hay problema. De hecho, la desdicha y el placer se pueden abandonar solamente en conjunto. Y entonces surge dicha.

Dicha no es placer, dicha ni siquiera es felicidad. La felicidad está unida siempre a la infelicidad y el placer está unido siempre al dolor. Abandonando ambos…. Tú deseas abandonar la desdicha de modo que puedas ser feliz; éste es un enfoque absolutamente incorrecto. Tú tendrás que abandonar las dos cosas. Viendo que están unidas, uno las abandona; tú no puedes elegir una parte.

En la vida, todo tiene una unidad orgánica. El dolor y el placer no son dos cosas. Realmente, si hacemos una lengua más científica, abandonaremos estas palabras: dolor y placer. Haremos una palabra: dolorplacer, felicidadinfelicidad, díanoche, vidamuerte. Son una palabra porque no son separables NUNCA.

Y tú deseas elegir una parte: Tú deseas tener solamente las rosas y no las espinas, tú deseas solamente el día y no la noche, tú deseas solamente amor y no odio. Esto no va a suceder; ésta no es la manera de ser de las cosas. Tú tendrás que abandonar las dos cosas, y después surgirá un mundo totalmente diferente: El mundo de la dicha.

La dicha es paz absoluta, inalterabilidad, no alterarse por el dolor ni alterarse por el placer.

Para celebrar su cuadragésimo aniversario, Seymour y Rose fueron de nuevo al mismo cuarto del hotel, en el segundo piso, en donde habían pasado su luna de miel.

“Ahora”, dijo Seymour, “tal como la primera noche, desnudémonos, vamos a las esquinas opuestas del cuarto, apaguemos las luces, después corramos el uno hacia el otro y abracémonos”.

Se desnudaron, fueron a las esquinas opuestas, apagaron las luces y corrieron uno hacia el otro. Pero su sentido de la dirección embotado por cuarenta años, hizo que Seymour no encontrara a Rose y siguiera derecho a través de la ventana. Aterrizó en el césped alelado.

Seymour golpeó ligeramente en la ventana de la entrada para conseguir la atención del recepcionista. “Me caí desde allá arriba”, dijo. “Estoy desnudo y tengo que volver a mi habitación”.

“Todo está bien”, dijo el recepcionista. “Nadie lo va a ver”.

¿”Está loco? Tengo que caminar a través de la entrada y estoy todo desnudo!”.

“Nadie puede verle”, repitió el vendedor. “Todos están arriba intentando desatascar a una vieja señora del pomo de una puerta!”.

¡La gente es tan absurda! No sólo los más jóvenes; entre más viejo te haces, más tonto te vuelves. Al ser más experimentado, parece que acumulas más estupidez a través de la vida. Sucede realmente muy pocas veces que una persona empiece a observar, a observar su propia vida y sus propios patrones de vida.

Mira en qué consiste tu desdicha, qué deseos la están causando, y por qué tú te estás aferrando a esos deseos. Y no es la primera vez que te estás aferrando a esos deseos; éste ha sido el patrón de tu vida entera y no has llegado a ninguna parte. Sigues moviéndote en círculos, nunca llegas a un crecimiento verdadero. Sigues siendo infantil, estúpido. Y has nacido con la inteligencia que puede hacer de ti un buda, pero se pierde en cosas innecesarias.

Un granjero que tenía solamente dos viejos toros impotentes compró un toro nuevo, joven, vigoroso.

El semental comenzó inmediatamente a montar una vaca después de otra en el pastal. Después de observar esto por una hora, uno de los toros viejos empezó rascar en el suelo y a resoplar.

“¿Qué es lo que pasa?”, preguntó el otro. “¿Te están llegando ideas juveniles?”.

“No,” dijo el primer toro, “solamente que no quiero que ese compañero joven piense que soy una de las vacas”.

Así que, incluso en su vejez la gente sigue cargando con sus egos. Tienen que fingir, tienen que posar, y su vida entera no es nada más que un relato largo, largo sobre la desdicha. Todavía la defienden. En cambio de estar listos para cambiarla, son muy defensivos.

Akal, abandona toda actitud defensiva, abandona todas las armaduras. Empieza a observar cómo vives tu vida cotidiana, momento a momento. Y, hagas lo que hagas, ve a los detalles. No necesitas ir a un sicoanalista, tú puedes analizar cada patrón de la vida por ti mismo; ¡es un proceso tan simple! Solamente observa y podrás ver qué está sucediendo, qué ha estado sucediendo. Tú has estado eligiendo, y ése ha sido el problema; tú has estado eligiendo una parte en contra de la otra, y las dos están juntas.

Buda dice: Logra la presencia que no elige; no elijas en absoluto. Simplemente observa y permanece presente sin elegir, y lograrás la dicha, lograrás el paraíso del loto. “

Osho, extracto de: Dhammapadda – The way of the Buddha, Vol 5, capítulo 2