EL CUERPO DEL DOLOR: INDIVIDUAL Y COLECTIVO

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Ninguna emoción negativa que no enfrentemos y reconozcamos por lo que es puede realmente disolverse por completo. Deja tras de sí un rastro de dolor.

Para los niños en particular, las emociones negativas fuertes son demasiado abrumadoras, razón por la cual tienden a tratar de no sentirlas. A falta de un adulto completamente consciente que los guíe con amor y compasión para que puedan enfrentar la emoción directamente, la única alternativa que le queda al niño es no sentirla. Desafortunadamente, ese mecanismo de defensa de la infancia suele permanecer hasta la edad adulta. La emoción sigue viva y, al no ser reconocida, se manifiesta indirectamente en forma de ansiedad, ira, reacciones violentas, tristeza y hasta en forma de enfermedad física. En algunos casos, interfiere con todas las relaciones íntimas y las sabotea. La mayoría de los psicoterapeutas han tenido pacientes que comienzan afirmando que su infancia fue completamente feliz y más adelante terminan diciendo todo lo contrario. Si bien esos son los casos más extremos, nadie pasa por la infancia sin sufrir dolor emocional. Aunque los dos progenitores hayan sido personas iluminadas, el niño crece en medio de un mundo principalmente inconsciente.

Todos los vestigios de dolor que dejan las emociones negativas fuertes y que no se enfrentan y aceptan para luego dejarse atrás, terminan uniéndose para formar un campo de energía residente en las células mismas del cuerpo. Está constituido no solamente por el sufrimiento de la infancia, sino también por las emociones dolorosas que se añaden durante la adolescencia y durante la vida adulta, la mayoría de ellas creadas por la voz del ego. El dolor emocional es nuestro compañero inevitable cuando la base de nuestra vida es un sentido falso del ser.

Este campo de energía hecho de emociones viejas pero que continúan muy vivas en la mayoría de las personas, es el cuerpo del dolor.

Sin embargo, el cuerpo del dolor no es solamente individual. También participa del sufrimiento experimentado por un sinnúmero de seres humanos a lo largo de una historia de guerras tribales, esclavitud, rapacería, violaciones, torturas y otras formas de violencia. Ese sufrimiento permanece vivo en la psique colectiva de la humanidad y se acrecienta día tras día como podemos comprobarlo viendo los noticiarios u observando el drama de las relaciones humanas. En el cuerpo colectivo del dolor seguramente está codificado el ADN de todos los seres humanos, aunque todavía no se haya podido demostrar.

Todos los seres que llegan al mundo traen consigo un cuerpo de dolor emocional. En algunos es más pesado y denso que en otros. Algunos bebés son bastante felices la mayoría de las veces. Otros parecen albergar una gran cantidad de tristeza. Es cierto que algunos bebés lloran mucho porque no reciben suficiente atención y cariño, pero hay otros que lloran sin razón aparente, como si quisieran que todas las personas a su alrededor fueran tan infelices como ellos, lográndolo a veces. Han llegado al mundo con una carga pesada de sufrimiento humano. Otros bebés lloran con frecuencia porque detectan las emanaciones de las emociones negativas de sus padres, lo cual agranda su cuerpo del dolor al absorber la energía de los cuerpos del dolor de sus padres. Independientemente de la razón, a medida que crece el cuerpo físico, crece también el cuerpo del dolor.

El bebé que nace con un cuerpo del dolor liviano no será necesariamente un adulto más “avanzado espiritualmente” que el que nace con un cuerpo más denso. De hecho, muchas veces sucede lo contrario. Las personas cuyo cuerpo del dolor es más pesado generalmente tienen mayores oportunidades de despertar espiritualmente que quienes llegan con un cuerpo relativamente liviano. Mientras algunas permanecen atrapadas en sus cuerpos densos, muchas otras llegan a un punto en que ya no toleran su infelicidad, de manera que se acentúa su motivación para despertar.

Eckhart Tolle¿Por qué es tan significativa en la conciencia colectiva de la humanidad la imagen del Cristo agonizando con su rostro distorsionado por el sufrimiento y su cuerpo manchado con la sangre de sus heridas? Los millones de personas, especialmente durante la Edad Media, no se habrían identificado tan profundamente con esa imagen si ésta no hubiera encontrado eco con algo dentro de ellas o si no la hubieran reconocido inconscientemente como una representación de su propia realidad interna, de su cuerpo del dolor. Todavía no estaban lo suficientemente conscientes para reconocerla directamente en su interior, pero fue el primer paso para hacerlo. Cristo puede considerarse como el arquetipo humano en quien se albergan tanto el dolor como la posibilidad de trascendencia.

ECKHART TOLLE

LA INFELICIDAD LATENTE

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Liberarse del ego realmente no representa un gran esfuerzo. Lo único que se necesita es tomar conciencia de los pensamientos y las emocio­nes en el mismo momento en el que suceden. No se trata realmente de “hacer”, sino de “ver”. En ese sentido, es cierto que no hay nada que podamos hacer para liberarnos del ego. Cuando se produce el cambio de pasar de pensar a observar, entra a operar en nuestras vidas una inteligencia muy superior.

El ego crea separación y la separación crea sufrimiento. Por consiguiente, es obvio que el ego es patológico. Aparte de las formas más claras de negatividad como la ira, el odio y demás, hay otras más sutiles, las cuales son tan comunes que por lo general no se las reconoce por lo que son. Entre ellas se cuentan la impaciencia, la irritación, el nerviosismo, el hastío, etcétera. Esas formas de negatividad son la infelicidad latente, estado interior en el cual suelen permanecer muchas personas. Es necesario estar supremamente conscientes y absolutamente presentes a fin de detectarlas. Siempre que lo hacemos así, tenemos un momento de despertar y se suspende la identificación con la mente.

El siguiente es uno de los estados negativos más comunes, el cual puede pasar desapercibido precisamente por ser tan común y normal. Seguramente usted estará familiarizado con él. ¡Suele usted experimentar una sensación de descontento que podría des­cribir como un resentimiento latente? Puede ser específico o ines­pecífico. Muchas personas pasan gran parte de sus vidas en ese estado. Se identifican hasta tal punto con él que no pueden tomar distancia para reconocerlo. Detrás de esa sensación hay ciertas creencias inconscientes, es decir, unos pensamientos. Sentimos esos pensamientos de la misma manera en que soñamos al dor­mir. En otras palabras, no sabemos que tenemos esos pensamien­tos, como tampoco el soñador sabe que sueña.

Los siguientes son algunos de los pensamientos inconscientes más comunes de los cuales se alimenta la sensación de desconten­to o de resentimiento latente. He eliminado el contenido de esos pensamientos para dejar solamente su estructura. De esa manera se aprecian más claramente. Siempre que haya infelicidad latente (o manifiesta) en su vida, vea cuáles de estos pensamientos son aplicables y proporcióneles contenido de acuerdo con su situación personal:

“Algo debe suceder en mi vida para que yo pueda alcanzar la paz (la felicidad, la realización, etcétera). Y resiento que no haya sucedido todavía. Quizás con mi resentimiento logre que suceda finalmente”.

“Algo sucedió en el pasado que no debió suceder y lo resien­to. Si eso no hubiera sucedido, tendría paz ahora”.

“Me está sucediendo algo que no debería sucederme y me está impidiendo tener paz”.

Muchas veces, las creencias inconscientes apuntan a una perso­na, de manera que la palabra “suceder” se reemplaza por “hacer”.

“Deberías hacer esto o aquello para que yo pueda tener paz. Y resiento que no lo hayas hecho. Quizás con mi resentimien­to logre que lo hagas”.

“Algo que tú (o yo) hicimos, dijimos o dejamos de hacer en el pasado me está impidiendo tener paz”.

“Lo que haces o no haces ahora me está impidiendo tener paz”.

Eckhart Tolle

Eckhart Tolle

Al ego le encanta estar resentido con la realidad. ¿Qué es la realidad? Cualquier cosa que es. Buda la denominó tatata, el tal o cual de la vida, es decir, nada más que el tal o cual de este momento. Oponerse a ese tal o cual es una de las principales carac­terísticas del ego. Esa oposición crea la negatividad de la cual se alimenta el ego, la infelicidad que tanto le gusta. De esta manera sufrimos y hacemos sufrir a los demás sin siquiera saberlo, sin darnos cuenta de que estamos creando el infierno en la tierra.

“Un día me liberaré del ego”. ¿Quién habla? El ego. Liberarse del ego realmente no representa un gran esfuerzo. Lo único que se necesita es tomar conciencia de los pensamientos y las emocio­nes en el mismo momento en el que suceden. No se trata realmente de “hacer”, sino de “ver”. En ese sentido, es cierto que no hay nada que podamos hacer para liberarnos del ego. Cuando se produce el cambio de pasar de pensar a observar, entra a operar en nuestras vidas una inteligencia muy superior a la astucia del ego.

ECKHART TOLLE

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La palabra iluminación suscita la idea de un logro sobrehumano, y al ego le gusta que sea así; pero no es más que tu estado natural en el que sientes la unidad con el Ser

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LA LIBERTAD COMIENZA cuando te das cuenta de que no eres la entidad posesora, el pensador. Saberlo te permite examinar la entidad. En el momento en que empiezas a observar al pensador, se activa un nivel de conciencia superior.

SER E ILUMINACIÓN

Más allá de la miríada de formas de vida que están sujetas al nacimiento y a la muerte existe la Vida Una, eterna y omnipresente. Muchas personas utilizan la palabra Dios para describirla, pero yo suelo llamarla Ser. La palabra Ser no explica nada, pero la palabra Dios tampoco. Ser, no obstante, tiene la ventaja de ser un concepto abierto. No reduce el infinito invisible a una entidad finita. Es imposible formarse una imagen mental del Ser, y nadie puede pretender su posesión exclusiva. Es tu esencia misma; puedes acceder a ella inmediatamente como el sentimiento de tu propia presencia.

Por eso sólo hay un pequeño paso entre la palabra Ser y la experiencia del Ser.

EL SER NO SÓLO ES TRASCENDENTE; TAMBIÉN IMPREGNA PROFUNDAMENTE cada forma, y su esencia es invisible e indestructible. Esto significa que ahora mismo puedes acceder al Ser porque es tu identidad más profunda, tu verdadera naturaleza. Pero no trates de aferrarlo con la mente. No trates de entenderlo.

Sólo puedes conocerlo dejando la mente en silencio. Cuando estás presente, cuando tu atención está plena e intensamente en el ahora, puedes sentir el Ser, pero nunca podrás entenderlo mentalmente.

La iluminación es recuperar la conciencia del Ser y residir en ese estado de «sensación-realización».

La palabra iluminación suscita la idea de un logro sobrehumano, y al ego le gusta que sea así; pero no es más que tu estado natural en el que sientes la unidad con el Ser. Es un estado de conexión con algo inconmensurable e indestructible, con algo que es esencialmente tú, y sin embargo es mucho mayor que tú. Es encontrar tu verdadera naturaleza más allá del nombre y de la forma.

La incapacidad de sentir esta conexión crea la ilusión de que estás separado de ti mismo y del mundo que te rodea. Entonces te percibes, consciente o inconscientemente, como un fragmento aislado. Surge el miedo, y los conflictos internos y externos pasan a ser la norma.

El mayor obstáculo para experimentar la realidad de tu conexión es la identificación con la mente, que hace que el pensamiento se vuelva compulsivo. Ser incapaz de dejar de pensar es una enfermedad terrible, pero no nos damos cuenta de ella porque casi todo el mundo la sufre y se considera algo normal. Este ruido mental incesante te impide encontrar el reino de quietud interior que es inseparable del Ser. También crea un falso yo fabricado por la mente, que lanza una sombra de miedo y sufrimiento.

La identificación con la mente produce una pantalla opaca de conceptos, etiquetas, imágenes, palabras, juicios y definiciones que bloquean toda verdadera relación. Esa pantalla se interpone entre tú y tú mismo, entre tú y tu prójimo, entre tú y la naturaleza, entre tú y Dios; crea la ilusión de separación, la ilusión de que tú y el «otro» estáis totalmente separados. Entonces te olvidas del hecho esencial de que, debajo del nivel de las apariencias físicas y de las formas separadas, eres uno con todo lo que es.

La mente es un instrumento soberbio si se usa correctamente. Sin embargo, si se usa de forma inapropiada, se vuelve muy destructiva. Para decirlo con más precisión, no se trata tanto de que usas la mente equivocadamente: por lo general no la usas en absoluto, sino que ella te usa a ti. Ésa es la enfermedad. Crees que tú eres tu mente. Ese es el engaño. El instrumento se ha apoderado de ti.

Es como si estuvieras poseído sin saberlo, y crees que la entidad posesora eres tú.

LA LIBERTAD COMIENZA cuando te das cuenta de que no eres la entidad posesora, el pensador. Saberlo te permite examinar la entidad. En el momento en que empiezas a observar al pensador, se activa un nivel de conciencia superior.

Entonces empiezas a darte cuenta de que hay un vasto reino de inteligencia más allá del pensamiento, y de que el pensamiento sólo es una pequeña parte de esa inteligencia. También te das cuenta de que todas las cosas verdaderamente importantes —la belleza, el amor, la creatividad, la alegría, la paz interna— surgen de más allá de la mente.

Empiezas a despertar.

Eckhart Tolle

La señora mayor que no tenía enemigos – Eckhart Tolle (Subtítulos

Jorge Lomar – EL PENSADOR

Si te estás sintiendo desgraciado, deja que esto sea una meditación. Siéntate en silencio, cierra las puertas…

everyday_magic_by_phatpuppyart-d3lp3brUna nueva jornada ha empezado en tu vida

Cuando nos sentimos heridos emocionalmente, pueden surgir memorias que la mayoría de nosotros quiere arrojar al sótano del inconsciente. Pensamos que el tiempo se encargará de curarlas, pero ellas continúan volviendo. He aquí un método mucho más efectivo para curarlas…

“Si te estás sintiendo desgraciado, deja que esto sea una meditación. Siéntate en silencio, cierra las puertas. Primero, siente la desgracia con tanta intensidad como sea posible. Siente el dolor. Alguien te ha insultado: Ahora, la mejor manera de esquivar el dolor consiste en ir e insultarle, a fin de poder estar ocupado con esa persona. Eso no es meditación.

Si alguien te ha insultado, agradécele porque te ha dado la oportunidad de sentir una herida profunda. Esa persona ha abierto una herida. La herida puede haber sido creada por muchos, muchos insultos que has padecido en toda tu vida; puede que esa persona no sea la causa de todo el sufrimiento, pero ha disparado un proceso.carta a una

Simplemente cierra tu habitación, siéntate en silencio, sin enojo por la persona, pero con total atención al sentimiento que está surgiendo en ti: el sentimiento de dolor porque has sido rechazado, porque se te ha insultado. Y, entonces te quedarás sorprendido pues no sólo esa persona está ahí: todos los hombres y todas las mujeres y toda la gente que alguna vez te ha insultado empezarán a pasar por tu memoria.

Empezarás no solo a recordarlos, empezarás a revivirlos. Entrarás en una especie de primal. Siente el dolor, siente la pena, no la esquives. Por eso es que, en muchas terapias se le pide al paciente que no tome droga alguna antes de que empiece la terapia, por la razón simple de que las drogas son una forma de escapar de tu miseria interior. No te permiten ver las heridas, las reprimen. No te dejan penetrar en tu sufrimiento y, a menos que penetres en tu sufrimiento, no puedes ser liberado de su aprisionamiento.

Es perfectamente científico dejar todas las drogas antes de entrar en la terapia, si es posible incluso drogas como el café, el té, el cigarrillo, porque son todas formas de escapar. ¿Has observado? Cuando te sientes nervioso inmediatamente empiezas a fumar. Es una forma de evitar el nerviosismo; te entretienes fumando. En realidad es una regresión. El cigarrillo te hace sentir otra vez como un niño – despreocupado, irresponsable- porque el cigarrillo no es más que un seno simbólico. El humo caliente te lleva simplemente otra vez a los días en que te alimentabas del pecho materno y la leche tibia iba penetrando: El pezón se ha convertido en un cigarrillo. El cigarrillo es un pezón simbólico. Por medio de la regresión esquivas las responsabilidades y las penas de ser adulto. Y eso es lo que sucede con muchas, muchas drogas.

El hombre moderno está drogado como nunca antes, porque está viviendo en un gran sufrimiento. Sin las drogas sería imposible vivir con tanto sufrimiento. Esas drogas crean una barrera; te mantienen drogado, no te permiten la sensibilidad suficiente para reconocer tu pena. La primera cosa a hacer es cerrar las puertas y detener toda clase de ocupación: mirar la tele, escuchar la radio, leer un libro.

Detén todas las ocupaciones, porque eso también es una droga sutil. Permanece simplemente en silencio, completamente solo. Ni siquiera ores, porque eso nuevamente es una droga, empiezas a entretenerte, empiezas a hablar con Dios, te escapas de ti mismo. Atisha lo dice: simplemente sé tú mismo. No importa el dolor, no importa el sufrimiento producido. Ante todo experiméntalo en su total intensidad. Será difícil, tendrás que entregar el corazón: Puede que empieces a llorar como un niño, puede que te revuelques por el suelo por la profundidad de la pena, tu cuerpo puede tener contorsiones. Puede que te des cuenta súbitamente de que la pena no sólo está en el corazón, sino en todo el cuerpo, de que duele por todas partes, de que es penoso por todas partes, de que todo tu cuerpo no es otra cosa que dolor. Si lo puedes experimentar- esto es de tremenda importancia- entonces empieza a absorberlo.

No lo deseches. Es una energía tan valiosa, no la deseches. Absórbela, bébetela, acéptala, dale la bienvenida, siéntete agradecido. Y, puedes decirte: “Esta vez no voy a esquivarlo, esta vez no voy a rechazarlo, esta vez no voy a desecharlo. Esta vez me lo beberé y lo recibiré como a un huésped. Esta vez lo voy a digerir”. Puede que te lleve unos pocos días el ser capaz de digerirlo, pero el día que esto suceda habrás dado con una puerta que te llevará realmente muy, muy lejos.

Una nueva jornada ha empezado en tu vida, te estás desplazando hacia una nueva clase de ser, porque inmediatamente, en el momento en que aceptas la pena sin ningún rechazo, su energía y su cualidad cambian. Deja de ser una pena. En realidad uno se queda sorprendido, no lo puede creer, es algo tan increíble. Uno no puede creer que el sufrimiento puede ser transformado en éxtasis, que la pena se puede convertir en gozo. Cuando una cosa cualquiera es total, se transforma en su opuesto.

Éste es un gran secreto que debe recordarse. Cuando algo es total se cambia a su opuesto, porque no hay forma de seguir adelante; se ha llegado al cul-de-sac. Observa un viejo reloj de péndulo. Lo hace una y otra vez: el péndulo va hacia la izquierda, a la extrema izquierda, y luego hay un punto que no puede traspasar; entonces empieza a moverse hacia la derecha. Los opuestos son complementarios. Si puedes sufrir tu sufrimiento en su totalidad, con gran intensidad, te quedarás sorprendido… no serás capaz de creértelo cuando sucede la primera vez, que tu propio sufrimiento absorbido voluntariamente, con aceptación, se convierta en una gran bendición. La misma energía que se convierte en odio, se convierte en placer; la misma energía que se convierte en sufrimiento, se convierte en bendición”.

Osho

En primer lugar, ¿qué es la vida, qué es esta cosa llamada existencia, llena de sufrimiento, de exceso de población, de políticos ineptos, de toda la corrupción, deshonestidad, los sobornos?…

 ¿Cómo hemos de afrontar la vida tal como es en la actualidad?

Pregunta: Nosotros nos encontramos viviendo en el temor a la guerra, a perder un empleo, si es que tenemos uno, en el temor al terrorismo, a la violencia de nuestros hijos, a estar a merced absoluta de políticos ineptos. ¿Cómo hemos de afrontar la vida tal como es en la actualidad?

Krishnamurti: ¿Cómo la afronta usted? Uno tiene que dar por sentado que el mundo se está volviendo más y más violento, eso es obvio. Las amenazas de guerra son también muy obvias y también lo es el muy extraño fenómeno de que nuestros hijos se están volviendo violentos. Uno recuerda a una madre que vino a vernos en la India, hace algún tiempo. Allá las madres gozan de gran respeto, y esta madre se hallaba horrorizada porque, según dijo, sus hijos la habían golpeado, una cosa inaudita en la India. Así que esta violencia se está extendiendo por todo el mundo. Y también existe ese temor a perder un empleo, como dice el interlocutor. Al enfrentarnos a todo esto, sabiendo todo esto, ¿cómo ha de afrontar uno la vida tal como es en la actualidad?

No lo sé. Sé cómo afrontarla por mí mismo, pero uno no sabe cómo la afrontará usted. En primer lugar, ¿qué es la vida, qué es esta cosa llamada existencia, llena de sufrimiento, de exceso de población, de políticos ineptos, de toda la deshonestidad, las trampas, los sobornos… todo lo que está sucediendo en el mundo? ¿Cómo lo afronta uno? Ciertamente, debemos preguntarnos primero qué significa vivir. ¿Qué significa vivir en este mundo tal como es? ¿Cómo vivimos nuestra vida cotidiana, de hecho, no teórica o filosóficamente o de modo idealista, sino cómo vivimos realmente nuestra vida de cada día? Si nos damos cuenta seriamente de ello, si lo examinamos, vemos que nuestra vida es una batalla constante, una constante lucha, esfuerzo tras esfuerzo. Tener que levantarse a la mañana es un esfuerzo. ¿Qué hemos de hacer? No podemos escapar de ello. Uno solía tratar a algunas personas que afirmaban la imposibilidad de vivir en el mundo y se retiraban totalmente a ciertas montañas del Himalaya y desaparecían. Eso es meramente eludir la realidad, escapar de ella, como lo es el quedar absorbido en una comunidad o unirse a un gurú con una inmensa fortuna y perderse ahí. Obviamente, esas personas no resuelven los problemas de la vida diaria ni investigan sobre el cambio, la revolución psicológica de una sociedad. Escapan de todo esto. Y nosotros, si no escapamos y realmente vivimos en este mundo tal como es, ¿qué haremos? ¿Podemos transformar nuestra vida de modo que en ella no haya ningún conflicto, porque el conflicto forma parte de la violencia? ¿Es eso posible?

Esta constante lucha para ser “algo” es la base de nuestra vida: la lucha por el devenir. ¿Podemos, como seres humanos que viven en este mundo, transformarnos a nosotros mismos? Ése es realmente el problema: transformarnos psicológicamente de manera radical, no a la larga, no admitiendo para ello el tiempo. Para un hombre serio, para un hombre verdaderamente religioso, no existe el mañana. Es una declaración bastante difícil de aceptar esta de que el mañana no existe; para un hombre religioso sólo existe el fecundo culto del hoy. ¿Podemos vivir esta vida totalmente y, de hecho, transformar nuestra relación cotidiana de unos con otros? Ésa es la verdadera cuestión, no qué es el mundo, porque el mundo somos nosotros. Por favor, vea esto: el mundo es usted, y usted es el mundo. Éste es un hecho obvio, terrible, un reto que debe ser afrontado completamente; o sea, que debemos darnos cuenta de que somos el mundo con toda su fealdad, de que hemos contribuido a todo esto, de que somos responsables por todo esto, por todo cuanto está ocurriendo en Medio Oriente, en África, por toda la locura que avanza en este mundo; nosotros somos los responsables de eso.

Podemos no ser responsables por las acciones de nuestros abuelos y tatarabuelos ‑por la esclavitud, por los miles de guerras, por la brutalidad de los imperios-, pero somos parte de ello. Si no sentimos nuestra responsabilidad, que implica ser totalmente responsables de nosotros mismos, de lo que hacemos, de lo que pensamos, del modo en que nos comportamos, entonces todo se vuelve más bien irremediable, sabiendo lo que es el mundo y lo imposible que resulta resolver individualmente, separadamente, este problema del terrorismo. Es problema de los gobiernos ver que sus ciudadanos estén seguros, protegidos, pero eso no parece importarles. Si cada gobierno se interesara realmente en proteger a su propio pueblo, no habría guerras. Pero, al parecer, también los gobiernos han perdido la cordura, sólo se interesan en los partidos políticos, en su propio poder, en su posición, en su prestigio. Ustedes ya conocen todo esto, ya saben las reglas de juego.

¿Podemos, pues, sin admitir el tiempo (o sea, el mañana, el futuro), vivir de tal manera que el hoy sea de primordial importancia? Eso significa que tenemos que volvernos extraordinariamente alertas a nuestras reacciones, a nuestra confusión, trabajar con gran ímpetu sobre nosotros mismos. Es lo único que aparentemente podemos hacer. Y si no lo hacemos, realmente no hay futuro para el hombre. No sé si han seguido algunos de los titulares que aparecen en los diarios; todo esto es una preparación para la guerra. Y si uno se prepara para algo, va a tenerlo, es como preparar una buena comida. A la gente común en el mundo eso no parece importarle. A los que están involucrados intelectual y científicamente en la producción de armamentos, no les importa. Ellos sólo se interesan en sus carreras, en sus empleos, en sus experimentaciones. Y si a aquellos de nosotros que somos personas bastante corrientes, la así llamada clase media, eso no nos importa en absoluto, entonces realmente estamos dándonos por vencidos.

Y lo trágico es que no parece importarnos. No nos unimos para pensar juntos, trabajar juntos. Sólo estamos demasiado dispuestos a ingresar en instituciones y organizaciones, con la esperanza de que ellas detengan las guerras y eviten que nos asesinemos unos a otros. Jamás lo han hecho. Las instituciones, las organizaciones, jamás pondrán fin a todo eso. Es el corazón humano, la mente humana la que está implicada en ello. Por favor, no estamos hablando retóricamente, nos enfrentamos a algo realmente muy peligroso. Nos hemos reunido con algunas de las prominentes personalidades que están involucradas en todo esto, y no les importa. Pero si a nosotros nos importa y nuestra vida cotidiana es vivida rectamente, si cada uno de nosotros está atento a lo que hace día tras día, entonces creo que hay alguna esperanza para el futuro.

Cómo Afrontar la Vida-  “Ante un Mundo en Crisis”

Krishnamurti

¿Por qué es doloroso estar solo? Lo primero que ocurre es que tu ego se enferma. Tu ego sólo puede existir cuando estás con otros

Enfrentarse a uno mismo en solitario provoca miedo y es doloroso

y uno tiene que sufrirlo.

Nada debe hacerse para evitarlo, nada debe hacerse para desviar la mente y nada debe hacerse para escapar de ello. Uno debe sufrirlo y pasar por ahí. Este sufrimiento y este dolor es una buena señal de que te acercas a un nuevo nacimiento, porque todo nacimiento es precedido de dolor. No puede evitarse y no debería evitarse porque forma parte de tu crecimiento.

Pero, ¿por qué existe ese dolor?

Es importante comprenderlo porque esta comprensión te ayudará a sobrellevarlo, y si lo sobrellevas conscientemente saldrás de él más fácilmente y con mayor rapidez.

¿Por qué es doloroso estar solo? Lo primero que ocurre es que tu ego se enferma. Tu ego sólo puede existir cuando estás con otros. Ha crecido en las relaciones, no puede existir en solitario. Así que si se da una situación en la que ya no puede existir, se siente sofocado; se siente justo al borde de la muerte. Este es el sufrimiento más profundo. Te sientes como si estuvieras muriendo. Pero no eres tú el que está muriendo, sino tu ego, el que piensas que eres tú y con el que te has llegado a identificar. No puede existir porque te lo han dado los demás. Es una contribución del exterior. Cuando dejas a los demás no lo puedes llevar contigo.

Así que, al quedarte solo, todo lo que sabes acerca de ti mismo se desplomará; poco a poco desaparecerá. Puedes prolongar tu ego por un tiempo — y para eso también tendrás que usar tu imaginación — pero no puedes prolongarlo por mucho tiempo. Sin la sociedad te sientes desarraigado, no tienes la tierra que necesitas para alimentarte. Este es el dolor básico.

Ya no estás seguro de quién eres en realidad: eres sólo una personalidad dispersa, en proceso de disolución. Pero esto está bien porque a menos que este falso tú desaparezca, el verdadero no puede surgir. A menos que te laves completamente y te quedes limpio de nuevo, lo verdadero no puede surgir.

Este falso tú está ocupando el trono. Debe ser destronado. Viviendo en soledad puedes liberarte de todo lo que es falso. Y todo lo que la sociedad te ha dado es falso. De verdad, todo lo que se te ha dado es falso; todo lo que nace contigo es real. Todo lo que eres por ti mismo, sin que te lo haya dado alguien más, es real, auténtico. Pero lo falso debe irse, y lo falso supone una gran inversión. Has invertido mucho en ello; lo has estado cuidando tanto; todas tus esperanzas descansan en ello. Así que cuando empiece a disolverse te sentirás temeroso, con miedo y temblando: “¿Qué te estás haciendo a ti mismo? Estás destruyendo toda tu vida, toda la estructura”.

Habrá miedo. Pero tienes que pasar por este miedo; sólo entonces te volverás intrépido. No quiero decir que te volverás valiente, no. Quiero decir que te volverás intrépido.

La valentía es sólo parte del miedo. No importa qué tan valiente seas, el miedo está oculto detrás. Yo hablo de ser “intrépido”. No serás valiente; no hay necesidad de ser valiente cuando no hay miedo. Tanto la valentía como el miedo se vuelven irrelevantes. Son caras de la misma moneda. Así pues, tus héroes no son otra cosa más que tú mismo, parado de cabeza. Tu valentía está escondida dentro de ti y tu miedo está en la superficie; su miedo está oculto dentro y su valentía se encuentra en la superficie. Así que cuando estás solo eres muy valiente. Cuando piensas en algo eres muy valiente, pero cuando una situación real aparece sientes miedo.

Uno se vuelve intrépido sólo cuando ha pasado a través del miedo más profundo; en eso consiste la disolución del ego, la disolución de la imagen y la disolución de la personalidad.

Esto es la muerte, pues no sabes si de ahí va a surgir una nueva vida. Durante el proceso conocerás sólo muerte. Sólo cuando mueres a lo que eres, a tu falsa entidad, sólo entonces sabrás que la muerte era sólo una puerta a la inmortalidad. Pero esto ocurrirá al final; durante el proceso tú estás simplemente muriendo.

Todo lo que tanto valorabas te está siendo arrebatado — tu personalidad, tus ideas, todo lo que pensabas que era bello. Todo te está abandonando. Es como si te desnudasen. Todos los papeles que representabas y tus disfraces te están siendo arrebatados. En el proceso el miedo estará presente, pero este miedo es básico, necesario e inevitable: uno tiene que atravesarlo. Deberías entenderlo, pero no trates de evitarlo, no trates de escapar de él porque al escapar regresarás a él. Volverás de nuevo a tu personalidad.

Aquellos que se sumergen en un profundo silencio y soledad, siempre me preguntan: “¿Qué hacer cuando el miedo aparezca?”. Les respondo que no hagan nada más que vivirlo.

Si te pones a temblar, déjalo estar. ¿Por qué evitarlo? Si un miedo interior está apareciendo y te hace temblar, tiembla con él. No hagas nada. Permite que ocurra. Desaparecerá por sí mismo. Si lo evitas… y tú puedes evitarlo. Puedes empezar a cantar “Ram, Ram, Ram”; puedes ponerte a recitar un mantra para que tu mente esté entretenida. Te tranquilizarás y el miedo desaparecerá; lo habrás enviado al inconsciente. Estaba saliendo — lo cual era bueno, te ibas a librar de él — te estaba abandonando, y cuando te abandone, temblarás.

Eso es natural porque de cada célula del cuerpo y de la mente, alguna energía que siempre ha estado ahí retenida se está desprendiendo. Se producirá una sacudida, un temblor; será como un terremoto. Toda tu alma se sentirá perturbada. Pero permite que suceda. No hagas nada. Ese es mi consejo. Ni siquiera cantes. No intentes hacer nada con ello porque todo lo que hagas será nuevamente una represión. Simplemente permitiéndolo, dejándolo estar, te abandonará — y cuando se haya ido, serás por completo un hombre diferente.

OSHO        

No culpes a otros.

No culpes a otros. Lo que sea que son, son.

De hecho toda la astucia del mundo

y las trampas del mundo te ayudan a estar despierto.

Si este mundo no puede ayudarte a estar consciente;

entonces ¿Qué mundo podría ser capaz de despertarte, de hacerte cauto?

Este es un buen mundo — te da un tremendo desafío para ser cauteloso.

Copyright © 2012 Osho International Foundation

La soledad: ¿Por qué es doloroso estar solo? Pero, ¿por qué existe ese dolor?

¡POR FIN SOLO!

Enfrentarse a uno mismo en solitario provoca miedo y es doloroso, y uno tiene que sufrirlo. Nada debe hacerse para evitarlo, nada debe hacerse para desviar la mente y nada debe hacerse para escapar de ello. Uno debe sufrirlo y pasar por ahí. Este sufrimiento y este dolor es una buena señal de que te acercas a un nuevo nacimiento, porque todo nacimiento es precedido de dolor. No puede evitarse y no debería evitarse porque forma parte de tu crecimiento.

Pero, ¿por qué existe ese dolor?

Es importante comprenderlo porque esta comprensión te ayudará a sobrellevarlo, y si lo sobrellevas conscientemente saldrás de él más fácilmente y con mayor rapidez.

¿Por qué es doloroso estar solo? Lo primero que ocurre es que tu ego se enferma. Tu ego sólo puede existir cuando estás con otros. Ha crecido en las relaciones, no puede existir en solitario. Así que si se da una situación en la que ya no puede existir, se siente sofocado; se siente justo al borde de la muerte. Este es el sufrimiento más profundo. Te sientes como si estuvieras muriendo. Pero no eres tú el que está muriendo, sino tu ego, el que piensas que eres tú y con el que te has llegado a identificar. No puede existir porque te lo han dado los demás. Es una contribución del exterior. Cuando dejas a los demás no lo puedes llevar contigo.

Así que, al quedarte solo, todo lo que sabes acerca de ti mismo se desplomará; poco a poco desaparecerá. Puedes prolongar tu ego por un tiempo — y para eso también tendrás que usar tu imaginación — pero no puedes prolongarlo por mucho tiempo. Sin la sociedad te sientes desarraigado, no tienes la tierra que necesitas para alimentarte. Este es el dolor básico.

Ya no estás seguro de quién eres en realidad: eres sólo una personalidad dispersa, en proceso de disolución. Pero esto está bien porque a menos que este falso tú desaparezca, el verdadero no puede surgir. A menos que te laves completamente y te quedes limpio de nuevo, lo verdadero no puede surgir.

Este falso tú está ocupando el trono. Debe ser destronado. Viviendo en soledad puedes liberarte de todo lo que es falso. Y todo lo que la sociedad te ha dado es falso. De verdad, todo lo que se te ha dado es falso; todo lo que nace contigo es real. Todo lo que eres por ti mismo, sin que te lo haya dado alguien más, es real, auténtico. Pero lo falso debe irse, y lo falso supone una gran inversión. Has invertido mucho en ello; lo has estado cuidando tanto; todas tus esperanzas descansan en ello. Así que cuando empiece a disolverse te sentirás temeroso, con miedo y temblando: “¿Qué te estás haciendo a ti mismo? Estás destruyendo toda tu vida, toda la estructura”.

Habrá miedo. Pero tienes que pasar por este miedo; sólo entonces te volverás intrépido. No quiero decir que te volverás valiente, no. Quiero decir que te volverás intrépido.

La valentía es sólo parte del miedo. No importa qué tan valiente seas, el miedo está oculto detrás. Yo hablo de ser “intrépido”. No serás valiente; no hay necesidad de ser valiente cuando no hay miedo. Tanto la valentía como el miedo se vuelven irrelevantes. Son caras de la misma moneda. Así pues, tus héroes no son otra cosa más que tú mismo, parado de cabeza. Tu valentía está escondida dentro de ti y tu miedo está en la superficie; su miedo está oculto dentro y su valentía se encuentra en la superficie. Así que cuando estás solo eres muy valiente. Cuando piensas en algo eres muy valiente, pero cuando una situación real aparece sientes miedo.

Uno se vuelve intrépido sólo cuando ha pasado a través del miedo más profundo; en eso consiste la disolución del ego, la disolución de la imagen y la disolución de la personalidad.

Esto es la muerte, pues no sabes si de ahí va a surgir una nueva vida. Durante el proceso conocerás sólo muerte. Sólo cuando mueres a lo que eres, a tu falsa entidad, sólo entonces sabrás que la muerte era sólo una puerta a la inmortalidad. Pero esto ocurrirá al final; durante el proceso tú estás simplemente muriendo.

Todo lo que tanto valorabas te está siendo arrebatado — tu personalidad, tus ideas, todo lo que pensabas que era bello. Todo te está abandonando. Es como si te desnudasen. Todos los papeles que representabas y tus disfraces te están siendo arrebatados. En el proceso el miedo estará presente, pero este miedo es básico, necesario e inevitable: uno tiene que atravesarlo. Deberías entenderlo, pero no trates de evitarlo, no trates de escapar de él porque al escapar regresarás a él. Volverás de nuevo a tu personalidad.

Aquellos que se sumergen en un profundo silencio y soledad, siempre me preguntan: “¿Qué hacer cuando el miedo aparezca?”. Les respondo que no hagan nada más que vivirlo.

Si te pones a temblar, déjalo estar. ¿Por qué evitarlo? Si un miedo interior está apareciendo y te hace temblar, tiembla con él. No hagas nada. Permite que ocurra. Desaparecerá por sí mismo. Si lo evitas… y tú puedes evitarlo. Puedes empezar a cantar “Ram, Ram, Ram”; puedes ponerte a recitar un mantra para que tu mente esté entretenida. Te tranquilizarás y el miedo desaparecerá; lo habrás enviado al inconsciente. Estaba saliendo — lo cual era bueno, te ibas a librar de él — te estaba abandonando, y cuando te abandone, temblarás.

Eso es natural porque de cada célula del cuerpo y de la mente, alguna energía que siempre ha estado ahí retenida se está desprendiendo. Se producirá una sacudida, un temblor; será como un terremoto. Toda tu alma se sentirá perturbada. Pero permite que suceda. No hagas nada. Ese es mi consejo. Ni siquiera cantes. No intentes hacer nada con ello porque todo lo que hagas será nuevamente una represión. Simplemente permitiéndolo, dejándolo estar, te abandonará — y cuando se haya ido, serás por completo un hombre diferente.

OSHO      El Libro de los Secretos

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