Entra al Zen desde allí

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¿Puedes oír la quebrada en la montaña?

Un maestro zen caminaba en silencio con uno de sus discípulos por un sendero de la montaña. Cuando llegaron donde había un cedro antiguo, se sentaron para comer su merienda sencilla a base de arroz y verduras. Después de comer, el discípulo, un monje joven que no había descubierto todavía la clave del misterio del Zen, rompió el silencio para preguntar: “maestro, ¿cómo puedo entrar en Zen?”

Obviamente se refería a la forma de entrar en el estado de la conciencia que es el Zen.

El maestro permaneció en silencio. Pasaron casi cinco minutos durante los cuales el discípulo aguardó ansiosamente la respuesta. Estaba a punto de hacer otra pregunta cuando el maestro le preguntó repentinamente, “¿oyes el sonido de esa quebrada en la montaña”?

El discípulo no se había percatado de ninguna quebrada. Estaba demasiado ocupado pensando en el significado del Zen. Entonces prestó atención al sonido y su mente ruidosa comenzó a aquietarse. Al principio no oyó nada. Después, sus pensamientos dieron paso a un estado de alerta, hasta que escuchó el murmullo casi imperceptible de una quebrada en la distancia.

“Sí, ahora lo oigo”, dijo.

El maestro levantó un dedo y con una mirada a la vez dura y gentil, le dijo, “Entra al Zen desde allí”.

El discípulo quedó asombrado. Fue su satori, un destello de iluminación. Sabía lo que era el Zen sin saber qué era lo que sabía.

Después siguieron su camino en silencio. El discípulo no salía de su asombro al sentir la vida del mundo que lo rodeaba. Lo experimentó todo como si fuera la primera vez. Sin embargo, poco a poco comenzó a pensar nuevamente. El ruido de su mente sofocó nuevamente la quietud de su conciencia y no tardó en formular otra pregunta: “maestro”, dijo, “he estado pensando. ¿Qué hubiera dicho usted si yo no hubiera logrado oír la quebrada en la montaña?” El maestro se detuvo, lo miró, levantó el dedo y dijo, “Entra al Zen desde allí”.

ECKHART TOLLE

¿Qué es el Zen?

Existen dos tipos de objetivos egoicos: los mundanos y los ultramundanos.
Algunas personas andan a la búsqueda de dinero, otras quieren poder, prestigio, ganar.
Otras andan buscando a Dios, moksha, nirvana, iluminación. Pero la búsqueda continúa.
¿Y quién busca?
El mismo ego.
En el momento en que abandonas la búsqueda, también desechas el ego. En el momento en que no hay búsqueda, deja de existir el buscador.

¿Cuál es el secreto más básico del Zen?

Soltar.
La vida se manifiesta a sí misma cuando no te agarras a ella, cuando no te apegas, cuando no acaparas, cuando no eres miserable.
Cuando estás suelto y dispuesto a soltar, cuando no cierras el puño, cuando tienes la mano abierta.
La vida se revela a sí misma llanamente cuando no te agarras a ella, ni de sentimiento ni de pensamiento.
Desapego, ése es el secreto.
Todo lo que se guarda acaba estropeándose, todo.
Acumula algo y lo matarás, acumula y se ranciará.
La razón es que todo lo que es importante, vivo y en movimiento, es momentáneo.
Pero si vives el momento soltando por completo, entonces es eterno.
Un momento vivido por completo, en un estado mental relajado, es la eternidad.
Eternidad no es duración; eternidad es profundidad en el momento.
Si profundizas en el momento, si te dejas hundir en lo momentáneo, disolviéndose por completo en ello, tendrás un vislumbre de eternidad. Todo momento vivido total y relajadamente es eternidad.
La eternidad está siempre presente. El “ahora” es parte de la eternidad, no parte del tiempo.

El secreto más básico del Zen es soltar, y el desapego. Vivir de manera tan relajada. Abandonar el cuerpo y la mente, y abandonar el abandono. Eso es relajación completa, un completo soltar.
Se suelta incluso el nirvana, incluso a Dios, incluso la espiritualidad. Incluso se suelta la meditación. La meditación es perfecta cuando se suelta.
Habrás llegado cuando te olvides incluso de la iluminación. Eso es relajación total; eso es soltar.

OSHO

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¿DE VERAS? ¿Desean conocer mi secreto?

wallpaper-83471LA INMUTABILIDAD ANTE LOS SUCESOS

J. Krishnamurti, el gran filósofo y maestro espiritual de la India, viajó casi continuamente por el mundo entero durante más de 50 años para tratar de comunicar a través de las palabras (que son contenido) aquello que está más allá de las palabras y del contenido. Durante una de sus últimas conferencias, sorprendió al público preguntando, “¿desean conocer mi secreto?” Todo el mundo quedó en vilo. Muchas de las personas habían acudido a sus conferencias durante 20 o 30 años sin lograr comprender la esencia de su enseñanza. Finalmente, después de todos esos años, el maestro estaba a punto de revelarles la clave. “Mi secreto es el siguiente”, dijo, “no me importa lo que pueda suceder”.

No dijo nada más, de manera que pienso que la mayoría de las personas presentes quedaron más confundidas que antes. Sin embargo, las implicaciones de esa frase son profundas.

¿Qué implica no inmutarse ante las cosas que puedan suceder? Implica estar internamente alineados con lo que sucede. “Lo que sucede” se refiere al carácter del momento presente, el cual es siempre como es. Se refiere al contenido, a la forma adoptada por el momento presente, el cual es el único que puede existir. Estar en consonancia con lo que es significa estar en una relación con las cosas que suceden en la cual no hay resistencia interior. Significa no calificar mentalmente los sucesos como buenos o malos sino dejar que las cosas sean. ¿Significa eso que no debemos hacer nada por generar cambios en nuestra vida? Todo lo contrario. Cuando la base para toda la acción es la consonancia interior con el momento presente, la inteligencia de la Vida misma imprime poder a nuestros actos.

¿DE VERAS?

Daruma by Hakuin Ekaku (白隠 慧鶴, January 19, 168...

Daruma by Hakuin Ekaku (白隠 慧鶴, January 19, 1685 – January 18, 1768). Exhibit in the Indianapolis Museum of Art, Indianapolis, Indiana, USA. (Photo credit: Wikipedia)

Hakuin, un maestro Zen, vivía en una aldea del Japón. Era tenido en alta estima y la gente acudía a él en busca de enseñanzas espirituales. Un día, la hija adolescente de su vecino quedó embarazada. Cuando los padres, furiosos, exigieron conocer el nombre del padre, ella finalmente dijo que se trataba de Hakuin, el maestro Zen. Llenos de ira, los padres buscaron a Hakuin, lo llenaron de improperios y le dijeron que su hija había confesado que él era el padre. Pero el maestro se limitó a decir, “¿De veras?”

La noticia del escándalo se difundió por toda la aldea y más allá de sus confines. El maestro perdió su reputación, pero no le importó. Nadie acudió nunca más a visitarlo, pero él permaneció inmutable. Cuando nació el bebé, los padres se lo llevaron a Hakuin. “Usted es el padre, de manera que tendrá que hacerse cargo”. El maestro le proporcionó todo su cariño al bebé. Un año más tarde, la madre, arrepentida, confesó que el verdadero padre era un joven que trabajaba en la carnicería. Desolados, los padres acudieron a presentar sus disculpas a Hakuin y a solicitar su perdón. “Realmente lo sentimos mucho, hemos venido a llevarnos el bebé. Nuestra hija confesó que usted no era el padre”. “¿De veras?” fue todo lo que dijo cuando les devolvió al bebé.

El maestro reacciona exactamente de la misma manera ante la falsedad o la verdad, las buenas o las malas noticias. Permite que la forma del momento, buena o mala, sea como es, de manera que no se involucra en el drama humano. Para él, lo único que existe es el momento presente, y ese momento es como es. No personaliza los sucesos. No es víctima de nadie. Está tan íntimamente unido con lo que sucede, que el suceso no puede ya ejercer poder sobre él. Es solamente cuando oponemos resistencia a lo que sucede que quedamos a merced de los sucesos y entonces es el mundo el que determina si hemos de ser felices o infelices.

El bebé recibe cariño y cuidados. Lo malo se vuelve bueno gracias al poder de la no resistencia. Respondiendo siempre a lo que exige el momento presente; se separa del bebé cuando llega la hora de hacerlo.

Imaginemos por unos instantes cómo habría reaccionado el ego durante las distintas etapas del desenvolvimiento de esos hechos.

Eckhart Tolle

DANG, DANG, DOKO, DANG. Nunca finjas, ni siquiera respecto a una calavera

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FUGAI ERA UN MAESTRO CONSIDERADO COMO MUY SABIO Y GENEROSO,

AUNQUE  MUY SEVERO

TANTO CONSIGO MISMO, COMO CON SUS DISCÍPULOS.

SE FUE A LA MONTAÑA PARA CONSAGRARSE AL ZAZEN.

ALLÍ VIVÍA EN UNA CUEVA Y CUANDO TENÍA HAMBRE

SE IBA AL PUEBLO A POR RESTOS.

UN DIA UN MONJE LLAMADO BUNDO, ATRAÍDO

POR LAS AUSTERIDADES DE FUGAI,

LLEGÓ A LA CUEVA Y LE ROGÓ QUE LE PERMITIESE PASAR ALLÍ LA NOCHE.

EL MAESTRO PARECIÓ CONTENTO DE DARLE COBIJO,

Y A LA MAÑANA SIGUIENTE LE PREPARÓ  UNAS GACHAS DE ARROZ.

COMO NO TENÍA MAS QUE UN CUENCO,

SALIÓ Y VOLVIÓ CON UN CRÁNEO

QUE ENCONTRÓ ABANDONADO JUNTO A UNA TUMBA.

LO LLENÓ DE GACHAS Y SE LO OFRECIÓ A BUNDO.

EL HUESPED SE NEGÓ A TOCARLO

Y SE QUEDÓ MIRANDO A FUGAI COMO SI  ÉSTE SE HUBIERA VUELTO LOCO.

ANTE LO CUAL FUGAI SE ENCOLERIZÓ

Y LO SACÓ DE LA CUEVA A GOLPES.

“¡ESTÚPIDO!” LE GRITÓ MIENTRAS SE ALEJABAS, “¿CÓMO TÚ, CON TUS IDEAS MUNDANAS ACERCA DE  SUCIEDAD Y       PUREZA,

PUEDES CONSIDERARTE BUDISTA?”

UNOS CUANTOS MESES MÁS TARDE, EL MAESTRO TETSGYU LE HIZO UNA VISITA

Y LE DIJO QUE LE PARECÍA UNA LÁSTIMA

QUE HUBIERA RENUNCIADO AL MUNDO.

FUGAI SOLTÓ UNA CARCAJADA Y DIJO:

“¡OH!, RENUNCIAR AL MUNDO Y CONVERTIRSE EN UN BONZO NO ES TAN DIFÍCIL;

LO DIFÍCIL ES,  A CONTINUACIÓN, LLEGAR A SER UN AUTÉNTICO BUDISTA”.

DANG, DANG, DOKO, DANG

La verdad es una, pero podemos acercarnos a ella de muchas maneras. La verdad es una, pero podemos expresarla de muchas maneras. Dos maneras son muy esenciales; todas las maneras pueden ser divididas en dos categorías. Será bueno entender esta polaridad básica.
O nos acercamos a ella desde la mente, o nos acercamos a ella desde el corazón. Por eso hay dos tipos de religiones en el mundo, ambas verdaderas, ambas significativas, pero opuestas entre sí, la religión de la mente y la religión del corazón. La religión de la mente cree que si eliminas los pensamientos, si te libras de la mente,  llegas a la verdad. La mente es el  obstáculo, la no-mente será la puerta; Budismo, Jainismo, Taoísmo. Estas son las religiones de la mente. Son religiones del análisis profundo, religiones de la conciencia profunda, religiones de la iluminación.
Y luego tenemos las religiones del corazón: Judaísmo, Cristianismo, Islam, Hinduismo. Creen que el camino discurre a través del corazón, que el corazón tiene que fundirse en el amado, en lo Divino.

Las primeras religiones son las religiones de la meditación. La palabra “meditación” no es exactamente apropiada, pero no hay otra palabra para traducir DHYANA en inglés, pues como esta lengua nunca ha conocido una religión de meditación, la palabra no existe. Todas las lenguas occidentales, de hecho, sólo han conocido la religión del corazón, por lo que tienen la palabra perfecta para este método: oración. Pero para DHYANA no tienen ninguna palabra, así que la única palabra que puede ser usada es meditación. De hecho, DHYANA tiene un significado exactamente opuesto; DHYANA significa lo contrario. La palabra “meditación” viene de la raíz griega “medonai”, que significa pensar. La palabra “meditación” significa pensar y DHYANA, que nosotros traducimos como “meditación”, significa cómo no pensar, cómo estar en un estado de no-pensamiento, cómo llegar al punto en que uno está ahí, pero no hay pensamiento, un estado de no-mente, de conciencia pura. Pero meditación es la única palabra, así que la utilizaremos.droppedImage

El zen es la cumbre de la búsqueda budista. El zen es la floración suprema del camino de la meditación. La palabra “zen” viene de DHYANA. DHYANA se convirtió en “chen” en China, y luego “chen” se transformó en “zen” en Japón. Recuerda esto: el zen nació en la India, con Gautama Buda. Cuando Gautama Buda alcanzó su iluminación definitiva, el estado de no-mente, llegó al mundo el conocimiento del camino analítico, el camino del pensamiento correcto, el camino de la correcta memoria y el camino de cómo disolver todo pensamiento, volviéndose más y más consciente de los pensamientos. Basta con observar los  pensamientos para que poco a poco vayan desapareciendo, te conviertes en un mero observador, no te identificas con tu mentación, te mantienes aparte y sigues observando, como si estuvieras en pie junto a una carretera mirando el tráfico. La mente es como el tráfico, muy circular, se va moviendo en un círculo, muy repetitiva, casi maquinal. Vas haciendo lo mismo una vez, y otra, y otra. Toda tu vida no es sino una repetición prolongada, muy circular. La mente es un mandala, un círculo, y se mueve. Si observas, vas tomando conciencia del círculo, del círculo vicioso de la mente. Una y otra vez trae las mismas emociones: la misma cólera, el mismo odio, la misma codicia, el mismo ego… Y tú sigues. No eres  sino una víctima.

Una vez  has concienciado la mente y empiezas a observarla, el puente se ha roto, dejas de estar identificado con la mente. Cuando no estás identificado con la mente, la mente desaparece, porque necesita de tu cooperación para existir.
Durante los próximos diez días hablaremos del zen. Pero para entenderlo correctamente, también tenéis que entender su  opuesto, lo opuesto se convierte en un contraste, un telón de fondo.
El camino de la oración no analiza; no intenta mantenerse consciente, o alerta. Al contrario, el camino de la oración se disuelve completamente en la oración.  No debes ser un testigo, no debes ser un observador, debes estar borracho como un alcohólico y perdido, completamente perdido.

En el camino de la oración, el amor es el objetivo. Debes amar, debes estar tan lleno de amor que tu ego se disuelve en tu amor, se funde en tu amor. En el camino de la oración, Dios es una hipótesis necesaria. Lo llamo una hipótesis porque es una necesidad en el camino de la oración, pero no es una necesidad en el camino de la meditación.
En el camino de la meditación no es necesario ningún Dios: de aquí la influencia y el atractivo del zen en occidente. Dios se ha convertido en algo casi incomprensible. La mera palabra “Dios” parece sucia. En el momento en que dices “Dios” te pones a la gente en contra. De ahí el atractivo del zen en occidente. El cristianismo se está muriendo porque esta hipótesis se ha utilizado demasiado, se ha explotado demasiado. Otra cosa, justo lo opuesto, es necesario. En el camino de la oración tienes que emborracharte, en el camino de la meditación tienes que mantenerte alerta. De ambas maneras el ego desaparece. Si estás totalmente alerta no hay ego, porque en estado de total alerta te vuelves tan transparente que no creas sombra alguna. Si estas completamente borracho, profundamente enamorado de Dios, también desapareces, porque en el AMOR no puedes existir. El resultado es el mismo: el ego desaparece. Y cuando no hay ego, empiezas a saber lo que es la verdad.

Nadie ha sido nunca capaz de decir lo que es; nadie será nunca capaz de decir lo que es. La experiencia es tan definitiva, tan vasta, que es indefinible. Es tan ilimitada que no puede ser puesta en palabras, las palabras son muy mezquinas y la experiencia es tremendamente vasta. Pero por ambos caminos se llega al mismo final. La verdad es una. Los Vedas dicen: “La verdad es una, pero ha sido vista de diferentes maneras por los videntes”.
Así que recuerda esto. Todas las religiones conducen básicamente, intrínsecamente, al mismo fin. Incluso cuando parecen contradecirse, incluso cuando parecen diametralmente distintas, llevan al mismo final.
Por lo que depende de ti qué camino prefieres escoger. Si sientes a Dios, no creencia, la creencia sola no basta, la creencia es algo muerto, si sientes a Dios, si al oír la palabra “Dios” notas un latido sutil, notas un temblor, te sientes inspirado, tu corazón comienza a latir más aprisa, si la simple palabra “Dios” te produce una gran impresión, en este caso puedes seguir el camino de la oración. En este caso, el zen no es para ti, en este caso simplemente tienes que  olvidar el zen, porque el zen sería un obstáculo.

Pero si la palabra “Dios” no tiene sentido para ti, si para ti de hecho ya ha muerto, si Dios está realmente muerto, no te provoca ningún sentimiento, ninguna emoción, no vibra en ti, no late en ti, no transporta tu ser hacia lo desconocido, en este caso el zen es para ti. Cada vez más gente tendrá que seguir el camino del zen, porque el cristianismo, el hinduismo, el islam y el judaísmo, todos ellos, de alguna manera, han sido demasiado explotados. Han perdido su atractivo.

El budismo está aún intacto, es aún fértil y para la mente moderna particularmente tiene un profundo atractivo, porque la mente moderna está hecha de una actitud científica y el zen es absolutamente científico, super-científico. Llega a las mismísimas raíces de tu mente y no te pide que creas en nada. No tiene ninguna hipótesis. No te pide que creas en nada, no tiene ninguna superstición.
La palabra “superstición” es muy bella. Viene del latín “superstes”, que significa: lo que sobrevive, reliquias del pasado, cosas que se han vuelto fútiles pero persisten por ser habituales. Vas a la iglesia, pero vas sin emoción alguna y a lo mejor todas las noches rezas antes de meterte en cama,  pero es sólo un gesto impotente, porque no hay corazón en él. Te limitas a repetir con los labios; son palabras huecas. Quizás es una antigua costumbre, un viejo reflejo condicionado: te enseñaron a rezar en la primera infancia y  sigues haciéndolo. La mente va repitiendo lo que es familiar.

Conferencias sobre el Zen
Capítulo 1: Nunca finjas, ni siquiera respecto a una calavera.

OSHO

La Sabiduría de las Arenas

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La existencia está esperando a que te enamores de ella. Si estás profundamente enamorado de la existencia, comienza a abrirse, comienza a desvelar sus secretos. Ha estado esperando mucho tiempo a que te acerques. No es necesario forzarla, ¡no es necesario violarla! Puedes enamorarte.

La Historia de las Arenas

Un arroyo, desde su nacimiento en las lejanas montañas, después de atravesar todo tipo de paisajes, alcanzó por fin las arenas del desierto. Igual que había cruzado todas las demás barreras, el arroyo trató también de cruzar esta, pero se encontró que en cuanto se adentraba en la arena, sus aguas desaparecían.

Sin embargo, estaba convencido de que su destino era cruzar ese desierto, y de que a la vez no había manera de cruzarlo. Entonces una voz oculta, que salía del mismo desierto, le susurró: “El viento cruza el desierto, e igualmente puede hacerlo el arroyo”.

El arroyo objetó que estaba arremetiendo contra la arena, pero que sólo estaba siendo absorbido; que el viento podía volar y de que gracias a esto podía atravesar el desierto.

“Arremetiendo de tu manera habitual no podrás atravesarlo. Desaparecerás o te convertirás en una marisma. Debes dejar que el viento te lleve a tu destino.”

“¿Pero cómo puede esto suceder?”.

“Dejando que el viento te absorba”.

Esta idea no era aceptable para el arroyo. Después de todo, nunca antes había sido absorbido. No quería perder su individualidad, y una vez que la hubiese perdido, ¿cómo iba a saber que podría volver a recuperarla?

“El viento”, dijo la arena, “cumple esa función. Evapora el agua, la transporta a través del desierto, y después la vuelve a dejar caer. Al caer en forma de lluvia, el agua se vuelve a convertir en un río”.

“¿Cómo puedo saber que esto es verdad?”

“Así es, y si no me crees, no podrás convertirte más que en un cenagal, e incluso eso te costará muchos, muchos años; e indudablemente no es lo mismo que un arroyo”.

“¿Pero, no puedo seguir siendo el mismo arroyo que soy hoy?”

“No puedes seguir así en ningún de los casos”, dijo el susurro. “Tu parte esencial es transportada y vuelve a formar un arroyo. Tú recibes el nombre que tienes, incluso hoy, porque no sabes que parte de ti es la esencial.”

Cuando el arroyo escucho esto, comenzó a resonar un cierto eco en sus pensamientos. Débilmente, recordó un estado en el cual él — ¿o era una parte de él?— había sido sostenido en los brazos del viento. También recordó — ¿lo recordó?— que esto era lo que realmente había que hacer, aunque no necesariamente lo más obvio.

Y el arroyo hizo ascender su vapor hacia los acogedores brazos del viento, que suavemente y con facilidad le llevaron hacia arriba y a lo lejos, dejándole caer suavemente en cuanto alcanzó la cima de la montaña, muchos, muchos kilómetros más allá.

Y como había abrigado sus dudas, el arroyo fue capaz de recordar y grabar con más fuerza en su mente los detalles de la experiencia.

Él reflexionó. “Sí, ahora he conocido mi verdadera identidad”.

El arroyo estaba aprendiendo. Pero las arenas susurraron: “Nosotras lo sabemos, porque lo vemos suceder un día tras otro y porque nosotras, las arenas, nos extendemos desde la orilla del río por todo el camino hasta la montaña”.

Y por eso se dice que el camino por el que el arroyo de la vida tiene que continuar su viaje, está escrito en las arenas.

Entramos hoy en el mundo del sufismo

Es un mundo, pero no una visión del mundo. Es una transcendencia, pero no una filosofía de la transcendencia. No predica ninguna teoría, sencillamente te da consejos prácticos.

El sufismo no es especulativo. Es absolutamente realista, pragmático, práctico. Es práctico, no es abstracto. Por eso, no es una visión del mundo. Y tampoco sistematiza el conocimiento, porque no es una doctrina.

Una doctrina es una explicación completa de la existencia. El Sufismo no es una doctrina; no tiene una explicación para la existencia, es un camino hacia los misterios de la existencia. No te explica nada, simplemente apunta a lo misterioso. Te guía hacia lo misterioso. El sufismo no desmitifica la existencia. Todas las doctrinas lo hacen: su trabajo consiste en hacer conocido, desconocido, destruyendo el misterio, destruyendo el milagro. El sufismo te conduce de un milagro a otro, profundizando en la maravilla.

No es una doctrina, porque no da una explicación completa de nada, sólo te da pistas muy pequeñas, momentos de intuición. No hila y teje filosofías; hila y teje historias, anécdotas, metáforas,  parábolas, poesías. No es una metafísica, son metáforas. Es un dedo apuntando a la luna. No puedes entender a la luna analizando el dedo. Pero si sigues la dirección con interés, si estás en armonía, entonces llegarás a ver la luna. El dedo no es la luna, el dedo no puede ser la luna, sin embargo puede señalar el camino.

Las historias sufíes no son filosóficas. Son sólo suaves indicios, susurros. El sufismo no grita, sólo susurra. Naturalmente, sólo aquellos que están listos a escuchar con interés —no sólo con interés si no con empatía—, sólo aquellos que están dispuestos a abrir sus corazones confiando y rindiéndose pueden entender lo que es el sufismo. Sólo aquellos que son capaces de amar pueden entender qué es el sufismo. ¿Cuál es su mensaje? No es un análisis lógico; ni es tan ilógico como el zen. El sufismo dice que ser lógico es un extremo y ser ilógico, el otro. El sufismo está a medio camino, ni lógico ni ilógico. No se inclina ni a la izquierda ni a la derecha. No es absurdo. No es lógico como Sócrates y no es absurdo como Bodhidharma. Se dice que Bodhidharma y Sócrates sólo parecen diferentes, pero que sus perspectivas son iguales. De hecho Bodhidharma es más lógico que Sócrates; por eso tropieza con la ilógica. Si vas siguiendo la línea de la lógica, antes o después, llegas a un punto en el que ves que la lógica se acaba, pero el viaje continua. Bodhidharma es un Sócrates que ha hecho todo el camino y ha llegado a ese extremo en donde termina la lógica pero la vida continúa. Bodhidharma parece diferente pero su perspectiva es socrática; es intelectual. El zen está muy en contra del intelecto, pero estar en contra del intelecto es seguir siendo intelectual. El zen es una anti filosofía, pero ser antifilosófico es ser filosófico: esa es tu filosofía. El sufismo evita los extremos. Sigue el punto medio, el medio exacto, el Término medio.

En el zen la palabra clave es, ‘atención’. En el sufismo la palabra clave es, ‘de corazón’. Recuerda esto; te aclarará en donde difieren. El zen está en contra de la mente, pero va más allá de la mente a través de la mente. El sufismo no está en contra de la mente, al sufismo la mente le es completamente indiferente. El sufismo está enfocado en el corazón; simplemente no se preocupa de la mente. Es de corazón. Sí, al sufí también le ocurre un cierto tipo de despertar. Si llamamos a un despertar en el zen satori, despertar de la mente, entonces tendremos que acuñar un término para el despertar sufí: ‘despertar del corazón’. El camino del sufí es el camino del amante. El camino del zen es el camino del guerrero, del samurai. Y por esta diferencia básica en la perspectiva…

Ambas usan cuentos. El zen utiliza los cuentos y el sufismo también utiliza los cuentos, pero sus cuentos tienen un sabor diferente, un tono diferente. El cuento zen es absurdo, es un acertijo, y un acertijo que no puede ser resuelto. Puedes intentarlo, pero nunca serás capaz de resolverlo. Esa insolubilidad es intrínseca; es intrínseca al cuento zen. Tiene que ser absurdo porque es un truco para destruir tu mente, para hacer temblar tu mente. Es una espada…, para matar tu mente. Casi te vuelve loco, porque parece que no tiente ninguna solución y tienes que seguir meditando sobre esta la historia. Es un truco para meditar. La mente da muchas soluciones, pero todas las soluciones son rechazadas por el Maestro. El discípulo llega, día tras día, con nuevas soluciones, y el Maestro sigue gritándole: “¡Esto es un disparate! ¡Continua buscando!” A veces pasan meses, a veces años, y entonces llega el momento en el que el discípulo ve que no hay solución. Y ten en cuenta, si simplemente crees que no hay solución entonces no has entendido la cuestión. Te has dado cuenta de que no existe una solución. En ese estado de no solución, de no conclusión, sucede una transcendencia, un salto, un salto cuántico, has ido más allá de la mente a través de la mente. El cuento zen funciona como una espada que corta el nudo de la mente.

El cuento sufí no es un acertijo, es una parábola. No es una conmoción, no es una espada; es persuasión, es seducción. Es el camino del amante. Es suave, delicado y femenino. El zen es muy masculino, el sufismo es femenino. La historia zen te vuelve loco: a través de la creación de un estado enloquecido de la mente te ayuda a ir más allá. ¡Te vuelve loco! La historia sufí te intoxica poco a poco, pero inevitablemente.

En la historia sufí hay poesía, hay un ritmo. La historia sufí tiene que ser contemplada, no hay que meditar sobre ella. Sobre la historia zen hay que meditar. La historia sufí tiene que ser embebida, saboreada como una taza de té, disfrutada en una actitud relajada. La historia zen tiene que ser penetrada con una mente muy concentrada, con una actitud muy tensa, con intensidad. Tienes que enfocar todas tus energías en la historia. Tienes que olvidarte de todo el mundo; sólo existe ese cuento pequeño y absurdo. Y sabes que no tiene solución, y aún así tienes que poner toda tu energía en él. Y mientras tanto sabes que esto es absurdo, no te va a conducir a ningún lado, pero el Maestro te dice: “¡Reflexiona! ¡Concéntrate! ¡Presta atención! ¡Fíjate en el acertijo del cuento!”

El cuento sufí tiene que ser escuchado simplemente como un cuento. Los sufíes son grandes contadores de cuentos. Beben té o café, se sientan todos juntos en un lugar agradable, cálido. Comienza el cuento, el Maestro cuenta el cuento. Y el cuento sólo da vislumbres, pistas, pero muy potentes, muy penetrantes. Todo lo que se requiere por parte del discípulo es que escuche, no atentamente sino con interés, con un corazón abierto, sin ninguna tensión. Hay que disfrutar del cuento. Cuando lo disfrutas te revela sus misterios.

Algunas cosas más antes de que empecemos a disfrutar del cuento: te he dicho que el sufismo no es una visión del mundo. Es una visión, no una visión del mundo. Una visión del mundo significa que sigues siendo el mismo y empiezas a creer en una filosofía, en ciertas explicaciones acerca de la realidad. Sigues siendo el mismo, no has cambiado en absoluto. La visión del mundo te añade algún conocimiento: te vuelves más erudito.

Una visión te transforma. Una visión sólo ocurre si eres transformado, si eres transportado a otras altitudes, a otras cumbres, a otras profundidades de la vida.

El sufismo es una visión. De hecho llamarlo “sufismo” no es correcto porque no es en absoluto un “ismo”. Los sufíes no le llaman “sufismo”; este es un nombre dado por personas ajenas a él. Ellos llaman a su visión tassawuri, una visión de amor, un acercamiento amoroso a la realidad. Es enamorarse de la existencia. La persona que piensa acerca de la existencia es un poco antagonista porque hace de la existencia un problema, como si la existencia le estuviera desafiando y él tuviera que descifrarla; tiene que descifrar el misterio, tiene que destruir el misterio. Él lucha.

Los sufíes dicen: nosotros y la existencia somos uno. No hay necesidad de luchar. Si persuades, cooperas, invitas, amas, ofreces tu amistad, la existencia comienza a revelar sus misterios. No hace falta violarla. El método científico, el método filosófico, el método intelectual, ¡es una violación! Es obligar a la existencia a descubrir su corazón. Es desnudar a la existencia por la fuerza y con violencia. La violencia puede ser a través de métodos científicos o de métodos lógicos, da igual, pero hay violencia. El filósofo ha adoptado un punto de vista como si la existencia no estuviera dispuesta a desvelar sus misterios; hay que obligarla. Es una manera de aproximarse violenta.

El sufismo dice que esto no es necesario, la existencia está esperando a que te acerques para poder descubrirte su corazón. La existencia está esperando a que te enamores de ella. Si estás profundamente enamorado de la existencia, comienza a abrirse, comienza a desvelar sus secretos. Ha estado esperando mucho tiempo a que te acerques. No es necesario forzarla, ¡no es necesario violarla! Puedes enamorarte.

Una visión del mundo es una postura agresiva, una visión es una postura de amor.

Te he dicho que el sufismo no es una doctrina, porque todas las doctrinas crean una esclavitud. Crean prisiones a tu alrededor. El sufismo es libertad. No crea ninguna doctrina a tu alrededor. No te dice que creas en una cierta doctrina. Sí, habla de confianza, pero no habla de creencia.

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La Sabiduría de las Arenas. Vol.1  Capítulo 1º

OSHO

EL PRÍNCIPE QUE CONTEMPLABA SU ALMA

جيدو كريشنمورتي 

Banda sonora: Pel.lícula Bab ‘Aziz. (Armand Amar)

Canción: El poema de los átomos (Muhammad Jalaludin Rumi)

Cantante: Haroun Teboul

El poema lo puedes ver en español en el enlace de youtube siguiente: http://youtu.be/j_aEKbpyH1I

COMENTARIOS:

mireia Chiralt García 

De una belleza increíble!

catalina23124 

Simplemente esto me llego hasta lo más profundo de mi alma cuanta belleza debemos apreciar lo bello y respetar ante todo llevamos una inocencia escondida y olvidada en nuestro más profundo sentimiento todos somos uno solo somos una única consciencia… que la paz este con vosotros.  Dio mío se que no estoy sola.

StuntmanMikeist 

Este cine no se hace en Occidente, donde la acción y los estímulos externos predominan en el mensaje que se quiere transmitir. El entretenimiento es la llave elegida para crear una idea pensando en el lucro que puedes sacar de ella. Así no se transmite arte ni belleza… La película es lenta, muy lenta. Difícil de asimilar entre tanto símil visual, pero el trasfondo que irradia es puro, bello y armónico. Es una película que sólo apreciarán aquellos que saben mirar desde el interior.

Walfer Sampedro 

Peregrinación hacia el centro, una entrega total al Ser, creo que las palabras me quedan cortas, que película tan bella, más allá de todo sentimentalismo. Es una entrega total, la vida iniciática, es para hombres.

rosa simon 

Bella película, hermoso mensaje de rendición a seguir el llamado del corazón, confiando en que el camino que tome este es el que podemos seguir con fe y confianza para reencontrarnos con la eternidad… la paz y el amor del creador o la creación.

Maria Teresa Dominguez de Labrador 

Es una película realmente hermosa…Nos presenta una cultura diferente a la occidental, nos enseña cual es el verdadero camino., hacia nuestro interior, la esencia. Nos deja grandes mensajes…. transmite paz…..

alexa serrano 

Mucha gente hace tesoros terrenales, muchas de las veces nos olvidamos que lo que hay que hacer es conocer nuestra propia alma, es tener fe y nunca te pasara nada malo a pesar de estar en cualquier situación, tenemos que despertar, y olvidarnos de un espejismo superficial que nos hace olvidarnos de nuestra propia luz y el amor al prójimo sin ningún interés, recuerden que los iguales se atraerán, hermosa película, la paz del creador este con todos.

Rosita Navarrete 

Una película bellísima, llena de simbolismo y significados con un sentido espiritual profundo. Gracias por compartirla.

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Dios! que película más bella!! y la música es una joya!!! Gracias!

¿El buda? ¡Tres libras de sésamo!

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Habéis finalizado dos tercios de vuestra vida,

Sin jamás haber hecho brillar la menor parcela de vuestra alma.

Insaciables, devoráis vuestra vida corriendo tras futilidades.

¿Qué puedo hacer por vosotros, si ni siquiera volvéis la cabeza cuando os llamo?

Sabed que os arrastrarán vuestras emociones si no veis a este buen amigo. ¡Sería deplorable que fuerais como ese estúpido hijo prodigo que lleva con él el tesoro que le ha dejado su padre y que lo deja de lado, como si fuera un montón de desperdicios!. Es preciso que no os pase esto. Todos los hombres de la Vía que en el pasado han ejercido la función de cocinero han mostrado que sus actividades y sus valores espirituales estaban en perfecta concordancia. Isan Reiyu alcanzó el despertar cuando era cocinero. Fue también el cocinero Tozan Susho quien, cuando estaba pesando el sésamo, respondió a un monje que le preguntaba sobre el buda: ” ¿El buda? ¡Tres libras de sésamo!”

¿Existe algo más precioso que la realización de la Vía? ¿Hay algún momento más grande que aquel del despertar? Para el que aspira ardientemente a la realización de la Vía y que se entrega a la práctica, un puñado de arena se convierte en un tesoro, y una imagen de buda que está esculpiendo, un objeto de veneración. La historia ha dejado numerosas experiencias de este tipo. Ciertamente, estas acciones son meritorias pero, ¡cuanto más benéficas son si cabe las actividades de un cocinero, que hayan podido serlo las de nuestros grandes predecesores! Si lleváis vuestra tarea exactamente en el puro espíritu que ellos nos han transmitido, ¿cómo podríais dejar de igualar su perfección en la Vía?

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La función de jefe o de responsable cualquiera que sea el dominio de la actividad, incluido el de tenzo, requiere tres cualidades: alegría de vivir, benevolencia y grandeza de espíritu.

Alegría de vivir, significa que estáis contentos de hacer vuestro trabajo. Pensad que si hubierais nacido en el reino de los dioses, seríais acaparados por tantas alegrías y tantos placeres que no tendríais tiempo ni ocasión de suscitar en vosotros el espíritu del despertar y aún menos de practicar; ni siquiera tendríais la oportunidad de preparar la comida que ofrecéis a los Tres Tesoros (Sambo) 14, ¡y sin embargo son el bien más precioso del Universo! Los Tres Tesoros son incomparables en excelencia, ni el rey de los dioses ni el soberano del mundo se le podrían comparar. El Zenonshingi dice sobre los monjes: ” Respetados y honrados viven tranquilamente apartados de los asuntos del mundo; no siendo mancillados por la creación de objetos del pensamiento, son la excelencia de la humanidad”.

No solamente tenéis la suerte de pertenecer a la especie humana sino que además tenéis el honor y el privilegio de alimentar a los Tres Tesoros para el bien de todos los seres. ¿No es un magnífico karma? ¿Cómo no estar totalmente contento?. Imaginad que hubierais nacido en otro mundo, como el de los infiernos, o el de los espíritus ávidos, o el de las bestias, o el de los demonios, o en cualquier otra situación, que no os permitiera ver y entender la Vía. Imaginad que incluso habiendo vestido el milagroso hábito del monje, no estéis en estado de preparar correctamente las comidas de los Tres Tesoros, porque vuestro espíritu y vuestro cuerpo, receptáculos de sufrimiento, están entorpecidos por el doloroso destino que os aflige. Ya que esta vida os permite cocinar, sed felices de vivir esta vida y alegraos de ser lo que sois. Vuestro excelente karma es fuente de inalterables méritos por kalpas y kalpas. Ojalá podáis, por vuestro trabajo y vuestra aplicación, día a día, en cada momento, venir en ayuda de todos los seres del universo y utilizar vuestro cuerpo que es el fruto de miríadas de vidas para crear buenos lazos kármicos. Sí consideráis todas las cosas en este espíritu, vuestro corazón rebosará alegría. Incluso aunque fuerais el soberano del mundo, si no prepararais las comidas ofrecidas a los Tres Tesoros, no sacaríais ningún provecho y todos vuestros esfuerzos serían en vano.

La benevolencia es el sentimiento de un padre o de una madre hacia su hijo. Cuando pensamos en los Tres Tesoros experimentamos este mismo sentimiento. Aunque los padres sean pobres o estén incluso en la miseria, tan grande es su ternura como atentos sus cuidados. ¿Cómo explicar este sentimiento? El que no tiene hijos no puede comprenderlo, es preciso que uno mismo sea padre para sentirlo. Un padre no considera a su hijo en términos de pérdida o de provecho, piensa antes que nada en criarlo bien. Despreciando su confort personal le abriga del frío y le protege del sol. La ternura de los padres es el colmo de la benevolencia. Aquel que ha alcanzado el espíritu del despertar conoce este sentimiento y solo aquel que lo practica puede sentirlo. ¿Acaso cuando tenéis en vuestras manos el agua o el grano, no los veis con la tierna y amante mirada de una madre que cuida de su hijo? Nuestro gran maestro Shakyamuni ¿nos habría hecho el don de veinte años de su vida si no se hubiera inclinado sobre nosotros con la tierna atención de un padre que no busca obtener resultados ni hacer fortuna?

La grandeza de espíritu es grande como una montaña, vasta como el océano. Es un espíritu sin ideas recibidas o partidarias. No se alegra cuando solo hay un ligero peso a llevar, ni se aflige por levantar un gran peso. Incluso cuando escucha la llamada de la primavera, no salta de alegría entre el rocío y si contempla los colores del otoño, no derrama melancólicas lagrimas. Un paisaje incluye las vicisitudes de las cuatro estaciones, como el peso incluye el gramo y la libra. Un gran espíritu engloba la totalidad de los componentes. Así, de esta manera, hay que escribir, comprender y profundizar la palabra grande. Si Kazan Zenne 15, cocinero del monasterio del monte Chia, no hubiera comprendido la palabra grande, no habría estallado en risas al escuchar el sermón de Taigen Fu 16 y este último no hubiera realizado el despertar. Si la palabra grande no hubiera sido inscrita en el espíritu del maestro Isan Reiyu, no habría soplado tres veces sobre la ramita de madera que había recogido. Sí el maestro Tozan Shusho hubiera ignorado la palabra grande, no habría respondido: “¡Tres libras de sésamo!” al monje que le preguntaba sobre el buda. Es esencial que sepáis que nuestros grandes maestros del pasado han profundizado la palabra grande bajo toda clase de circunstancias. Cada uno, libremente, lo ha gritado con fuerte voz, ha expuesto el gran principio, realizado el gran asunto y formado grandes hombres. Han completado a los seres llevándolos al despertar. Aunque seáis superior de un monasterio, encargado de una función o simple monje, no olvidéis actuar siempre con alegría, benevolencia y grandeza de espíritu.

He escrito este texto para legarlo a los sabios de las generaciones futuras que estudiarán la Vía.

Tenzo Kyokun

Redactado en la primavera del año 1237, por el monje Dogen que transmite la ley desde la función de superior del monasterio Kannondôri Kôshôhôrin-ji.

¿Una palabra, siete, tres o cinco, 12

para captar la verdad de las miríadas de formas del Universo?

No os fiéis de ellas.

En la noche profunda,

la luna brillante ilumina el vasto océano.

La joya del dragón negro que buscáis

está aquí y allí, por todas partes.

Glosario

1 .- Zenonshingi: Obra que contiene la regla relativa a la vida de un monje en un monasterio zen. Escrita por el maestro Hyakuyo Ekai , está todavía vigente.

2 .- Isan Reiyu: Dejó a su familia a los quince años para hacerse monje. Tras recibir la ordenación, a los veintitrés años parte en peregrinación y se detiene en el monasterio del maestro Hyakujo Ekai, donde permanece veinte años como tenzo, llegando a ser su discípulo principal y sucesor. Hyakujo Ekai le encarga partir al monte Kuei-shan, donde Isan Reiyu funda un monasterio en que llegó a haber mil quinientos miembros.

3 .- Tozan Susho: Recorrió 2.000 km. mientras atravesaba China para encontrar al maestro Ummon.

4 .- Los seis sabores: Amargo, ácido, dulce, picante, salado, soso.

5 .- Las Tres Virtudes: Suavidad-ligereza; limpieza-frescura; cuidado-precisión.

6 .- Seppo Gison: Maestro zen; peregrinó como monje hasta los 50 años por diversos monasterios realizando la función de tenzo. A los 50 años se estableció llegando a tener un gran número de discípulos.

7 .- Tozan Ryokai: Fundador de la escuela Soto junto a su discípulo Sozan.

8 .- En el zen no existe antagonismo entre el bien y el mal. Con este gesto él muestra que la progresión del razonamiento es inoperante, pero no prueba su despertar, porque volcando el cubo crea un nuevo antagonismo.

9 .- Literalmente “el búfalo de agua”. El búfalo en los textos zen simboliza la naturaleza de Buda inherente a toda persona. Es difícil de capturar y aun más de domesticar.

10 .- Kesa: Vestido de la libertad. Manto de tela, compuesto de bandas de tela cosidas entre si. Se lleva sobre el hombro izquierdo y por encima del kimono o del kolomo durante zazén y en las ceremonias. Simboliza la transmisión de maestro a discípulo.

11 .- Zagu: Antiguamente estera ligera que se ponía en el suelo para sentarse. Actualmente es una pieza rectangular de tela que se extiende en el suelo durante las prosternaciones para evitar que el kesa toque el suelo.

12 .- Alusión a una forma de poesía china de cuatro versos donde cada verso contenía por orden uno, siete, tres y cinco versos.

13 .- Uno de los diez epítetos para nombrar al Buda.

14 .- Sambo: Los Tres Tesoros, el Buda, el Dharma y la Sangha, son la base del budismo, no pudiendo existir vida religiosa búdica sin fe en los Tres Tesoros.

15 .- Kassan Zenne: Entró a los cinco años en un monasterio y fue poco menos que una lumbrera en el terreno intelectual. Tras recibir la ordenación partió en peregrinaje y tras visitar al maestro Dogo Enche y siguiendo sus indicaciones partió a la búsqueda del maestro Sensu Tokujô. Este último vivía como barquero para huir de las persecuciones antibúdicas y desde hacía unos treinta años esperaba al discípulo a quien transmitir su sucesión. Al ver a Kassan y tras conversar con él le lanzó al rio de un empujón. Este hecho parece ser que “despertó” a Kassan. Tras esto Sensu le entregó el sello de la transmisión y tras montar en su barca desapareció en el río.

16.- Taigen Fu: Era el responsable de los monjes en el monasterio del monte Tai-Yüan y un hombre muy erudito. A una de sus conferencias asistió de forma inesperada Kassan Zenne, quien tras escucharle durante un momento se echó a reir a carcajadas y abandonó la sala. Tras esto Taigen Fu se confesó ante Kassan como un hombre torpe y sin talento, hecho que Kassan no solo no desmintió sino que corroboró afirmando que se andaba por las ramas y que hablaba de cosas que no conocía. Siguiendo las instrucciones de Kassan, Taigen se encierra en su habitación dispuesto a hacer zazén hasta el fondo de sí mismo. Al amanecer del día siguiente se “despertó”.

EL ZEN Y LA VIDA COTIDIANA

El color de la montaña,

el sonido del valle,

todo junto,

es la voz y la postura

de nuestro Buda Sakiamuni.

GENJO KOAN, Maestro Dogen  

Todos los fenómenos del universo se convierten en la vida eterna

Cuando se está más allá de la oposición

en ese instante, por la sabiduría hannyá

se puede acceder a la verdadera libertad.

Nada ya resulta un obstáculo.

El Samadhi del espejo del tesoro, Maestro Tozán  

Seguir el orden cósmico, no es necesario buscar el satori o la verdad, ni huir de las

ilusiones. Ser natural. 

La verdad natural no se encuentra fuera de la realidad. Podemos encontrar al verdadero

Buda o a Dios en la vida personal, encontrar la tierra pura en el mundo impuro.

Examinándola vida cotidiana, el zazén puede conducirnos al verdadero estado del

Samadhi en todas las acciones de la vida.

El zazén, es por tanto, el punto de unión entre realidad y el ideal.

Vivir muriendo, morir pero vivir, vivir pero morir.

Esto significa considerar la vida desde el interior de su círculo. Esto es el zazén.

Despertar a la verdadera dimensión, más allá de la existencia y de la no existencia, más allá de la vida y la muerte.

Maestro Taisen Deshimaru