HOY, SÉ SALVAJE

Todos los sentimientos son inocentes en su esencia.
Traen consigo lecciones, regalos.
No trates de sanarlos.
Ellos vienen a sanarte a ti.
Si tan solo les permites pasar…
***

Seguramente habrá gente que se vuelva loca o sienta el deseo de morir porque hay demasiada vida dentro de ellos y se sienten incapaces de expresarlo o incluso de entenderlo.

No estás enfermo si impulsos sexuales hacia un hombre, una mujer o una bestia se mueven a través de ti. Déjalos que se muevan. No te van a controlar cuando respires a través de ellos. Deja de juzgarte a ti mismo, y no hay ninguna necesidad de juzgarte a ti mismo por juzgarte a ti mismo.

No estás dañado si llegan a visitarte pensamientos de muerte. Bendícelos y déjalos desfilar, porque siempre pasan y son sólo pensamientos, voces, imágenes vívidas.

No estás loco si sentimientos intensos de alegría o tristeza, terror o rabia surgen a través de ti inesperadamente, y a veces todo al mismo tiempo. Sé el osado espacio para esos sentimientos, no su esclavo.

No estás perturbado si imágenes perturbadoras se desarrollan en la pantalla de cine de la consciencia, porque tú eres la pantalla y no las imágenes.

Genera un espacio dentro de ti mismo para la luz y la oscuridad, para lo raro y lo extravagante, para lo erótico y lo prohibido y para lo excepcional y lo incongruente.  No reprimas nada y no niegues nada y tampoco dejes que nada de eso te controle.

El amor hacia ti mismo es la más profunda clase de alegría que hay; el permiso para ser salvaje, libre, para estar vivo.

Y saber que no hay nada de malo en ti, jamás.

– Jeff Foster

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AMOR INCONDICIONAL… ¡CON UN GRAN ‘NO’ POR DELANTE!

Amigos, el amor incondicional no nos obliga a convertirnos en tapete de los demás, ni a tolerar la violencia, ni a anular nuestros valiosos sentimientos ni a esconder nuestro ‘no’ para aparentar ser más espirituales o compasivos, agradables o bondadosos o libres de ego o iluminados, o que estamos más allá de los sentimientos humanos. Al diablo con esa imagen. Es falsa. Es una máscara que terminará sofocándonos.

Estar presente y ‘aceptar’ NO es lo mismo que tolerar o consentir un comportamiento cruel, irrespetuoso, violento o humillante.
AMOR INCONDICIONAL… ¡CON UN GRAN ‘NO’ POR DELANTE!

Hablo desde la experiencia, como un mayormente recuperado ‘Sr. Chico Bueno’ recuerdo la intensa violencia emocional de la que fui testigo en mi familia cuando era niño, y cómo siempre toleraba, toleraba y toleraba… tragándome mi dolor y mi ira, tratando de hacer que todos se sintieran mejor, inventando excusas para justificar su maldad, tragándome mis palabras, sin sentir que tenía derecho a decir ‘no’…

Hasta que un día me di cuenta:

TENGO UNA VOZ. YO TAMBIÉN IMPORTO.

Desde un lugar de amor, nuestros corazones completamente abiertos al Misterio, fundamentados en un SÍ profundo a todo lo que la vida incluye, profundamente arraigados en la claridad de la comprensión no dual (todos somos la misma Consciencia), podemos AUN ASÍ dar un claro ‘no’ a situaciones, comportamientos, políticas, personas.. Podemos dejar ir el odio pero mantener un discernimiento feroz. Podemos amar profundamente, y aun así decir ‘no’. Y tener el coraje y la voluntad de afrontar las consecuencias.

Podemos sentir una profunda compasión y ternura hacia una persona y aun así decir ‘no’ a sus peticiones, a sus declaraciones, a sus comportamientos, a su actuar.  Nuestro ‘no’ emerge de un más profundo SÍ a la vida, a la verdad, a la autenticidad. Visto de esta manera, el ‘no’ y el ‘sí’ no son opuestos, como la luna no es lo opuesto al Sol sino que son igualmente acogidos en la inmensidad incondicional del cielo, el gigante SÍ de la Presencia misma.

El ‘no’ no es necesariamente resistencia, o ego, o una expresión de miedo, o ‘huir’. El ‘no’ puede ser amor feroz, también. El ‘no’ puede ser expresión de un gran valor.

Amigos, el amor incondicional no nos obliga a convertirnos en tapete de los demás, ni a tolerar la violencia, ni a anular nuestros valiosos sentimientos ni a esconder nuestro ‘no’ para aparentar ser más espirituales o compasivos, agradables o bondadosos o libres de ego o iluminados, o que estamos más allá de los sentimientos humanos. Al diablo con esa imagen. Es falsa. Es una máscara que terminará sofocándonos.

Un límite verdadero, un ‘no’ amoroso, no nos separa, nos protege. Nos permite mantener nuestros corazones abiertos el uno para el otro, relacionarnos honestamente, y sin embargo saber exactamente cuál es nuestra posición.

Otros pueden no gustar o no estar de acuerdo con nuestro ‘no’. Podrían juzgarnos por ello. Insultarnos. Pero nunca estuvimos aquí para proteger a los demás del dolor. Siempre estuvimos aquí para expresar nuestra verdad, con feroz compasión.

Y así es que podemos decir, sin contradicción:

TE AMO. Y NO TOLERARÉ MÁS TU COMPORTAMIENTO.

Y mantenernos allí, libres, en nuestro poder extraordinario.

– Jeff Foster

INTOLERANCIA SAGRADA

Despierta el verdadero amor que hay en ti para elevarte, dignificarte y cambiar tu vida entera. La intolerancia sagrada te llevará por los caminos de la tranquilidad, la paz, la abundancia y la alegría. En un mundo oscuro, vivirás iluminado.

Este término se me fue dado para transmitir el verdadero significado del amor y la forma de aplicarlo en la vida cotidiana. El amor tiene dos aspectos; uno femenino y otro masculino. El aspecto femenino hace alusión a aquellas cualidades como la dulzura, la paciencia, la tolerancia, la sensibilidad, la ternura, la bondad, la comprensión y la empatía. Las cualidades del aspecto masculino del amor son: la fuerza, el poder, la voluntad, la firmeza, la disciplina, el discernimiento, el límite, el coraje y la intolerancia sagrada. Esto significa: no tolerar nada en tu vida que no sea amor.

Toda persona que viva sin miedo comprenderá esto que aquí explico.

La mayoría de los seres humanos, por no tener desarrollado el aspecto masculino del amor, vive una vida muy inferior a su verdadero potencial. Permiten en sus vidas condiciones que no tendrían por qué permitir. Esto sucede porque han olvidado quienes son y por lo tanto el verdadero poder que tienen. Han caído en el sueño de tener que resignarse o someterse a una “realidad exterior”.

Una persona despierta que ha encontrado el verdadero amor en su corazón, no permite en su vida nada que no sea amor. Ningún trabajo; ninguna actividad; ninguna circunstancia; ninguna condición; ninguna relación. Como conoce su poder espiritual y se siente merecedor sólo de lo mejor, el Universo entero responde a su llamado. Aún en un mundo oscuro; su vida será luminosa. Aún en un mundo de locos; ningún loco se le acercará a él. Aún en un mundo de carencia; él vivirá en la abundancia. Aún en un mundo hostil; el vivirá en paz, alegre y despreocupado. La luz no puede convivir con la oscuridad. En el momento en que convive, es porque ya no es luz. El amor no negocia; no se baja para pertenecer; no teme ser rechazado; no necesita ser aceptado; no se somete; no se acostumbra; no tiene miedo; no se resigna y no se posterga.

Despierta el verdadero amor que hay en ti para elevarte, dignificarte y cambiar tu vida entera. La intolerancia sagrada te llevará por los caminos de la tranquilidad, la paz, la abundancia y la alegría. En un mundo oscuro, vivirás iluminado.

Saludos,

Lic. Fernán Makaroff

http://www.liberate.uy

LA ILUMINACIÓN Y SER COMPLETAMENTE HUMANO…

Permitamos que nuestro gurú sea la canción de un pájaro, el ruido del tráfico de la mañana, la caricia de un amigo, el cosquilleo de nuestro abdomen; el atardecer y el amanecer, el océano y la luz: la vida, la vida, la vida.
Permitamos que los libros sagrados se disuelvan en un nuevo y fresco momento.
Permitamonos inclinarnos a lo cotidiano, lo común; postrémonos ante eso.

No existen expertos, aquí en nuestro corazón.
Te hago un regalo: un nuevo mundo.

Recién llegado de un viaje repentino e inesperado en San José, en la conferencia de Ciencia y No Dualidad.
Fue muy lindo encontrarme con viejos amigos y hacerme de nuevos!
Estoy feliz (y de algún modo aliviado) por ver que la conversación sobre la no dualidad sigue creciendo.
Numerosas charlas sobre la importancia de volvernos hacia nuestra preciosa humanidad así como también recordar nuestra naturaleza divina previa a esos aparentes “yoes”. ¡Sin ninguna contradicción!
Validando nuestras heridas humanas, nuestros traumas, nuestros corazones rotos, nuestras penas, nuestras culpas, … sin usar conceptos como “No soy este cuerpo” o “No existe el yo” para intentar evitarlos EN ABSOLUTO. De hecho viniendo para ver lo Absoluto brillando aquí, precisamente aquí, en y en lo que respecta a cada momento.

No hemos sido abandonados, aún en nuestra sensación de abandono.
La trascendencia no existe sin la inmanencia. La iluminación no existe si no es tibia y salvaje, pegajosa, dificultosa, y también humana.
La conciencia no existe si no está radicalmente ENAMORADA de esta maravillosa forma física.
La No Dualidad no existe si no es una relación de amor tántrico con el caos de la dualidad.
No existe el amor divino sin el amor humano.

Siento que la vieja espiritualidad está desmoronándose, la espiritualidad patriarcal que suprime lo femenino, culpabiliza al cuerpo y a su sensibilidad, a su sexualidad, y a su más profundo sentimiento.
Algo nuevo está emergiendo, o más bien, una verdad eterna está siendo redescubierta ahora.
Somos perfectamente divinos en nuestra imperfecta humanidad.
La iluminación no erradica nuestra extrañeza, nuestro humor, nuestra vulnerabilidad; simplemente convierte todo esto en algo tremendamente sagrado.

¡Permitamos que la vergüenza por nuestros anhelos humanos, necesidades, fisicalidad y sensualidad termine!
Permitamos que la espiritualidad no sea otra cosa que una celebración de la integridad de nuestra completa ruptura.
¡Permitamonos jugar con las paradojas!
¡Permitamos que nuestra fragilidad se convierta en nuestro poder! Permitamos que los dogmas colapsen bajo nuestros pies.
Permitamos que el momento sea el maestro.
Permitamos que nuestro gurú sea la canción de un pájaro, el ruido del tráfico de la mañana, la caricia de un amigo, el cosquilleo de nuestro abdomen; el atardecer y el amanecer, el océano y la luz: la vida, la vida, la vida.
Permitamos que los libros sagrados se disuelvan en un nuevo y fresco momento.
Permitamonos inclinarnos a lo cotidiano, lo común; postrémonos ante eso.

No existen expertos, aquí en nuestro corazón.
Te hago un regalo: un nuevo mundo.

– Jeff Foster

La presión de la vejez y el ansia que eso produce -dijo don Juan-. Pero eso es sólo una parte

-En el pasado, yo te daba plantas de poder -dijo-. Al principio, hiciste lo imposible por convencerte de que lo que experimentabas eran alucinaciones. Después, querías que fueran alucinaciones especiales. Me acuerdo mucho de cómo me burlaba de tu insistencia en llamarlas experiencias alucinatorias didácticas.

Comentó que cada uno de nosotros, como indivi­duos, estamos separados del conocimiento silencioso por barreras naturales, propias de cada individuo, y que la más inexpugnable de mis barreras era mi insistencia en hacer aparecer mi holgazanería como independencia.

Lo reté a darme un ejemplo concreto. Le recordé que él mismo me había advertido que una de las estratagemas que ganan debates es emprender críticas en general, que no se pueden apoyar con ejemplos concretos.

Don Juan me encaró con una sonrisa radiante.

-En el pasado, yo te daba plantas de poder -dijo-. Al principio, hiciste lo imposible por convencerte de que lo que experimentabas eran alucinaciones. Después, querías que fueran alucinaciones especiales. Me acuerdo mucho de cómo me burlaba de tu insistencia en llamar­las experiencias alucinatorias didácticas.

Dijo que mi necesidad de demostrar mi ilusoria in­dependencia me forzaba a no aceptar lo que él me decía acerca de esas experiencias: aunque yo mismo silenciosa­mente sabía lo que él estaba haciendo. Estaba empleando plantas de poder, a pesar de ser medios muy limitados, para mover mi punto de encaje fuera de su posición ha­bitual y hacerme entrar, de ese modo, en parciales y tran­sitorios estados de conciencia acrecentada.

-Utilizaste esa barrera de falsa independencia para explicarte a ti mismo tus experiencias con las plantas de poder -continuó-. La misma barrera sigue funcionan­do hasta el día de hoy. Ahora, la pregunta es: ¿cómo arre­glas tus conclusiones para que tus experiencias actuales encajen dentro de tu esquema de holgazanería?

Le confesé que el único arreglo que me permitía mantener mi falsa independencia era el no pensar acerca de mis experiencias.

La carcajada de don Juan casi lo hizo caer de su silla. Se levantó y caminó para recobrar el aliento. Se sentó de nuevo ya recobrada la compostura. Se alisó el cabello ha­cia atrás y cruzó las piernas.

Dijo que nosotros, como hombres comunes y co­rrientes, no sabemos que algo real y funcional, nuestro vínculo con el intento, es lo que nos produce nuestra preocupación ancestral acerca de nuestro destino. Ase­guró que, durante nuestra vida activa, nunca tenemos la oportunidad de ir más allá del nivel de la mera preocu­pación, ya que desde tiempos inmemoriales, el arrullo de la vida cotidiana nos adormece. No es sino hasta el mo­mento de estar al borde de la muerte que nuestra preocu­pación ancestral acerca de nuestro destino cobra un dife­rente cariz. Comienza a presionarnos para que veamos a través de la niebla de la vida diaria. Pero por desgracia, este despertar siempre viene de la mano con la pérdida de energía provocada por la vejez. Y no nos queda fuerza suficiente para transformar nuestra preocupación en un descubrimiento positivo y pragmático. A esa altura, todo lo que nos queda es una angustia indefinida y pene­trante; un anhelo de algo incomprensible; y una rabia comprensible, por haber perdido todo.

-Me gustan los poemas por muchas razones -di­jo-. Una de ellas es porque captan esa preocupación an­cestral y pueden explicarlo.

Reconoció que los poetas estaban profundamente afectados por el vínculo con el espíritu, pero que se da­ban cuenta de ello de manera intuitiva y no de manera deliberada y pragmática como lo hacen los brujos.

-Los poetas no tienen una noción directa del espíritu -continuó-. Esa es la causa por la cual sus poe­mas realmente no son verdaderos gestos al espíritu, aunque andan bastante cerca.

Tomó uno de mis libros de poesía de la silla próxima a él. Era una colección de poemas escritos por Juan Ramón Jiménez. Lo abrió en una página señalada por un marcador; me lo tendió e hizo señas para que leyera.

 

¿Soy yo quien anda, esta noche, por mi cuarto,

o el mendigo que rondaba mi jardín, al caer la tarde?…

Miro en torno y hallo que todo es lo mismo y no es lo mismo…

¿La ventana estaba abierta? ¿Yo no me había dormido?

¿El jardín no estaba verde de luna? …

…El cielo era limpio y azul… Y hay nubes y viento y el jardín está sombrío…

Creo que mi barba era negra…  Yo estaba vestido de gris…

Y mi barba es blanca y estoy enlutado…

¿Es mío éste andar?

¿Tiene esta voz, que ahora suena en mí, los ritmos de la voz que yo tenía?

¿Soy yo, o soy el mendigo que rondaba mi jardín, al caer la tarde?…

Miro en torno… Hay nubes y viento…

El jardín está sombrío…

…Y voy y vengo…

¿Es que yo no me había ya dormido?

Mi barba está blanca… Y todo es lo mismo y no es lo mismo…

Releí el poema otra vez para mis adentros y capté el estado de impotencia y azoro del poeta. Le pregunté a don Juan si él captaba lo mismo.

-Creo que el poeta siente la presión de la vejez y el ansia que eso produce -dijo don Juan-. Pero eso es sólo una parte. La otra parte, la que me interesa es que el poeta, aunque no mueve nunca su punto de encaje, intuye que algo increíble está en juego. Intuye con gran precisión que existe un factor innominado, imponente por su misma simplicidad que determina nuestro destino.

Carlos Castaneda

El campo de batalla final

Es infinito mi agradecimiento por la suerte de haberme tropezado de bruces con las invencibles herramientas que el nagual Carlos Castaneda dejó para navegar en el universo. Está la Regla, la que reveló en diciembre de 1991. Está la recapitulación de Florinda la Grande gracias a la cual quienes lo conocimos podemos utilizarlo como puente para acceder al resto de los brujos y a todos los secretos de las veintisiete generaciones, incluido el Desafiante de la Muerte.

Está su  aviso, utilísimo en estos tiempos de ingeniería biológica: “La Mente es el Volador”. Gracias a su mapa podemos conocer un derrotero para alcanzar el mundo sutil, pues este mundo en el que usted lee ahora este texto, seguirá su curso, aunque tal vez se salve por carambola.

A lo largo de los cuarenta y seis capítulos anteriores he ido narrando los sucesos con la linealidad en la que ocurrieron en el tiempo, así como he ido señalando datos que, de manera sincrónica, íbamos obteniendo los protagonistas, de forma que el lector puede ir percibiendo y sintiendo, aunque sea sutilmente, el mismo estado de trance que los protagonistas sentimos en su momento: la perplejidad, el asombro, la ira, el desánimo, la euforia, el vacío, la concentración. Si pudiéramos acompañar al relato los ejercicios, los ayunos, las disciplinas, las dietas y las circunstancias, nos acercaríamos más al estado receptivo y acrítico con que seguíamos aquella corriente de energía. Y si a todo esto añadiéramos la presencia de los brujos, sus promesas, sus señalamientos personales a cada uno de los que estuvimos en su cercanía, sus ausencias y los eslogans del final del tiempo, de la ida sin retorno  a la segunda atención, de la desaparición porque el fuego interno les prendía, el panorama del trance en el que fuimos imbuidos estaría conseguido con cierta fidelidad.

La disonancia cognitiva que, con gran acierto, perseguían los brujos provocar en los grupos secretos anteriores a la época de la publicidad, de tal manera que el seguimiento conductual de una disciplina física, emocional e intelectiva, anulara la capacidad crítica en los aprendices, dejaba campo abierto para el señalamiento de un enemigo que mantenía en tensión continua al practicante: los voladores, presencias o entidades que constituían nuestra propia mente. Huir de nuestra propia mente provocaría, finalmente, un colapso, un vacío, del cual, con las mayores garantías, intentaría salir el protagonista asiéndose a lo que le infundiera una mínima confianza: el propio origen de la doctrina que había liberado al practicante de tamaño peligro. Es decir, el Nagual y sus brujos. Este esquema estructural se repite, con más o menos elegancia, en todos los grupos de control mental, religiosos, militares, políticos, mercantiles, deportivos y, en general, de cualquier tipo asociativo. Y este esquema estructural da pie a dos teorías, igual de conspiranoicas. Una teoría es la de que los seres humanos forman parte de una cadena depredatoria universal. En el universo conocido los seres vivos sobreviven gracias a que devoran de alguna manera a otros seres vivos situados en un nivel trófico inferior. Ahora bien, esta lectura no hay que hacerla sólo en el plano físico y testable, sino intersectando diversos planos invisibles a nuestra vista y a nuestros sentidos, pero en los que existen quienes nos depredan de la misma manera que nosotros criamos, matamos y comemos, por ejemplo, pollos, vacas o vegetales.

Los humanos pertenecen, pues, a la granja humana, viven en un humanero como las gallinas viven en un gallinero. Y ni los unos ni las otras son plenamente concientes. La segunda teoría es la de los memes. Como dije al principio, arranca de una idea de Richard Dawkins de los años setenta, que posteriormente ha ido siendo desarrollada por algunos evolucionistas modernos. Los memes son la contraparte intelectiva de los genes. El gen que forma a todos los seres vivos es el verdadero ser. Cada uno de los seres vivos son meras cáscaras, vehículos replicantes que sirven para portar a sus reales dueños que se reproducen masivamente con independencia de que sus portadores vivan bien o mal: los genes. El gen es un ser egoísta a quien sólo le interesa perdurar. El ser humano, como portador de su estructura genética, es un ser predeterminado a funcionar de una manera social dentro de la que deberá subsistir disciplinadamente. Su tarea es simple: reproducirse para perpetuar su estructura genética. El ser humano, así mismo, cree que dirige sus pensamientos, pero sus pensamientos, las ideas que maneja, siempre le vienen dadas. Todo lo más que puede hacer el ser humano es intentar reformarlas. Pero para que una idea se reforme ha de reformarse en el entorno que ha proporcionado esa idea al ser humano que pretende tal cosa. El ser humano, pues, es un punto en una red. Y en esa red las ideas circulan con independencia de quienes las piensan. También ahí, el ser humano es sólo un mandado: recibe, procesa y emite, más o menos, las mismas ideas recibidas.

Y si acaso alguna vez nos encontramos con una idea nueva, revolucionaria, lo más probable es que esa idea misma se haya desarrollado como una mutación genética. Las ideas, como los genes, mutan, y crecen y se reproducen las que tienen fuerza de supervivencia, las mejor adaptadas al medio, y desaparecen las que no soportan el medio. Hay una estructura básica en las ideas semejante al ADN genético, estructuras a partir de las cuales las ideas se reproducen con códigos propios dentro de su perímetro de control: son los memes, y son egoístas, y tampoco nos pertenecen del todo a los humanos. Los humanos somos puntos materiales e intelectuales a través de los que pasan corrientes de energía que funcionan por sí solas y nos obligan, en un gigantesco efecto marioneta, a movernos y actuar de determinada manera.

Esos memes son, pues, substancia invisible absolutamente ajena a nosotros. Esos memes son mente no humana, son mente social. Son como los “voladores” de Carlos Castaneda y su clan. En la literatura sobre memética se mantiene por los diversos autores que la cultivan, que Dios es un meme. Es el meme por excelencia dentro de la especie humana. Detrás de ese meme hay multitud de memes de grado inferior. Carlos Castaneda y sus brujos, que son en este caso con quienes hemos lidiado, descubrieron que esto es así, y tienen mecanismos de reacción operativos para escapar. Pero los memes, a su vez, tienen mecanismos de defensa y por eso siempre se producen inesperadas e inexplicables contrainformaciones. Ésa es la lucha.

Es infinito mi agradecimiento por la suerte de haberme tropezado de bruces con las invencibles herramientas que el nagual Carlos Castaneda dejó para navegar en el universo. Está la Regla, la que reveló en diciembre de 1991. Está la recapitulación de Florinda la Grande gracias a la cual quienes lo conocimos podemos utilizarlo como puente para acceder al resto de los brujos y a todos los secretos de las veintisiete generaciones, incluido el Desafiante de la Muerte. Está el Segundo Anillo de Poder, para utilizarlo después de su partida. Está su método de parar el diálogo interno, de hacer el silencio total y, por tanto, de frenar la dirección del tiempo para virarlo hacia donde convenga, atrás, a los lados, darle más prisa o enlentecerlo. Está su  aviso, utilísimo en estos tiempos de ingeniería biológica: “La Mente es el Volador”. Gracias a su mapa podemos conocer un derrotero para alcanzar el mundo sutil, pues este mundo en el que usted lee ahora este texto, seguirá su curso, aunque tal vez se salve por carambola.

Juan Morales

Carlos Castaneda y sus adláteres: “la mente es el volador”

Ahora quedan sus libros, esos manojos de información a los que él mismo quitaba últimamente importancia y emplazaba a tirarlos a la basura. Él estará, a buen seguro, navegando ya por los océanos sutiles de la conciencia, origen cierto y único e indestructible de este universo pobre y físico, batido por emociones, gozos y dolores, que arrumban al hombre a una situación de continua lucha.

El doce de diciembre de 1991 conocí a Carlos Castaneda, en Madrid, y sus enseñanzas significaron para mí la culminación del grado de sospecha con el que, por mi cuenta, me había confrontado a las formas occidentales de pensar y conocer el mundo.  No obstante, la experiencia con Carlos Castaneda fue asaz paradójica, pues, al parecer, tropecé con él en el periodo más desintegrador, desmitificador y ridículo de su trayectoria. Como resultado quedé, en el campo del pensamiento, huérfano de todo origen, laico, entumecido por la incoherencia de las formas de enfrentar el mundo, ya fuera pensando o sin pensar. Sin embargo, en toda esta aventura existencial fue tomando cuerpo una premisa rara, repetida últimamente por Carlos Castaneda y sus adláteres: “la mente es el volador”, enigmática afirmación que, para entenderla bien, exige una más detallada descripción de los hechos, de los encuentros y desencuentros con Castaneda, a fin de colmar la curiosidad de quienes gustamos de explicaciones que nos señalen un camino, o un instrumento descriptible, capaces de intervenir en la realidad modificándola.

Hay seres con entidad propia cuyo objetivo es perdurar utilizando los cuerpos de los seres en los que se manifiestan, como materia para inmortalizarse, como “hardware” que nace, crece, se reproduce y muere dando paso a nuevos replicantes. Los seres humanos, por ejemplo, son la materia dentro de la cual viven y se reproducen los “memes” que han logrado desarrollar las diversas ideas que esclavizan al hombre y que se organizan, como la materia viva, y se dividen en especies y subespecies, y buscan, a la postre, su propia supervivencia. Algunos humanos llevan ya ejercitando prácticamente las ventajas de controlar los “memes”, lo cual se puede entender en términos distintos como controlar la mente. Entre ellos está Carlos Castaneda y su grupo y un sinfín de comunidades de control mental que se encargan de sacar jugo pragmático a la substancia eidética hasta límites insospechados y a los cuales, alegre e inocentemente, catalogamos en Occidente de “sectas”.

Pero el conocimiento no depende de que las comunidades científicas o sociales lo permitan o no. Y desde luego, el conocimiento del que se habla en sus libros, a fuer de ser explícito, es un conocimiento como el de las artes marciales: sólo lo intenta refutar quien no lo ha visto, pero no quien lo ha vivido, porque ocurre. Y lo que es más importante: implica muchas y novedosas cosas para esta humanidad a punto de perderse en la inanidad y en la catástrofe, pero que, como siempre, seguro que se salva por carambola.

Juan Morales