¿Qué es el «yo» -la vanidad, la arrogancia, el deseo de lograr, de alcanzar el éxito- al que nos aferramos tan desesperadamente? ¿Cuál es su naturaleza? ¿Cómo se ha originado?

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La búsqueda de poder, de posición, la autoridad, la ambición y demás, son formas del «yo» en todas sus diferentes expresiones. Pero lo que importa es comprender el «yo», y estoy seguro de que todos estamos convencidos de eso.

Todas las cosas que el pensamiento ha producido constituyen  una realidad. Pero el pensamiento no ha producido la montaña  o  el árbol, que también son una realidad. Todos los dioses, todos  los rituales todo  el perjuicio que el pensamiento causa en el mundo, son una realidad: la guerra es una realidad, matar a la gente es una realidad, la violencia, la brutalidad, la dureza, la des­trucción, son una realidad producida por el pensamiento. Las montañas, los árboles, los ríos, la belleza del cielo, son una reali­dad, pero ésta no ha sido producida por el pensamiento. La creen­cia es una realidad producida por el pensamiento, pero es neurótica. La neurosis es una realidad. La verdad no lo es. El pensamiento jamás puede alcanzar la verdad.  Entonces, ¿cuál es la relación entre la verdad y la realidad?

Hemos examinado la naturaleza del pensamiento. Dijimos que el pensamiento es un proceso material, porque se halla almacenado en el cerebro, forma parte de la célula, que es materia. Así pues, es un proceso material en el tiempo, un proceso en movimiento. Y todo lo que ese movimiento crea es una realidad; lo neurótico, así como lo fragmentario, son realidades. ¿Qué es la verdad, entonces? El pensamiento, que es fragmentario, que encuentra preso en el tiempo, que es dañino, violento, ¿puede encontrar la verdad, siendo la verdad lo total, lo sagrado? Y si no puede encontrarla, ¿qué relación tiene, entonces, el pensamiento,  la realidad, con aquello que es absoluto?

Vean, todo esto exige meditación. Ésta es la verdadera meditación, no así las cosas importadas a este país por los gurúes. ¿Puede esta conciencia, que es su contenido, expandirse alguna vez para incluir la conciencia de la verdad? ¿O esta conciencia de la psique, el «yo» con todo su contenido, tiene que terminar antes de que pueda percibirse aquello que es la verdad? Uno tiene que descubrir cuál es la naturaleza de la psique, que ha sido producida por el pensamiento. ¿Qué es el «yo» -la vanidad, la arrogancia, el deseo de lograr, de alcanzar el éxito-  al que nos aferramos tan desesperadamente? ¿Cuál es su naturaleza? ¿Cómo se ha originado? Porque si eso existe, lo otro no puede existir. Si soy egoísta, en tanto exista ese centro psíquico la verdad no puede manifestarse, porque la verdad es lo total.

Por lo tanto, ¿cómo puede la mente -siendo la mente los sentidos, las emociones, los recuerdos, los prejuicios, los principios,  los ideales, las experiencias , la totalidad de eso, es decir, la psique, el «yo»-, cómo puede llegar a su fin y, no obstante, actuar en este mundo? ¿Es eso posible?

Para descubrirlo, debemos investigar muy a fondo la cuestión del miedo, el muy complejo problema del placer, y la cuestión del dolor, así como la posibilidad de que éste llegue alguna vez a su fin. El hombre ha vivido con el dolor durante milenios y milenios. No ha sido capaz de terminar con él. Y debemos investi­gar también la cuestión de lo que son la muerte y el amor. Esto es un asunto muy, muy serio, no es algo para jugar con ello. Uno debe dedicar toda su vida a la comprensión de esto. Vivir en este mundo de manera completa, cuerda, sin la psique, sin el «yo», no escapar, no largarse a algún monasterio o a una comuna, sino vivir aquí, en este mundo loco, insano y sanguinario donde hay tanta corrupción, donde la política está divorciada de la ética, constituye un reto tremendo. Requiere una mente que pueda pensar de manera minuciosa, correcta y objetiva, con todos los sentidos plenamente despiertos, una mente no narcotizada por el alcohol, las drogas estimulantes y demás. Ustedes deben te­ner una mente muy sana, y cuando está dopada por el cigarrillo, la bebida, no tienen una mente sana; todo eso embota la mente, la destruye.

¿QUÉ ES EL «YO»?

La búsqueda de poder, de posición, la autoridad, la ambición y demás, son formas del «yo» en todas sus diferentes expresiones. Pero lo que importa es comprender el «yo», y estoy seguro de que todos estamos convencidos de eso. Si me permiten agregar algo aquí, seamos serios con respecto a esta cuestión; si ustedes y quien les habla, como individuos, no como un grupo de personas que pertenecen a clases sociales, a ciertas sociedades, a determinadas divisiones climáticas, podemos comprender esto y actuar sobre ello, yo siento que habrá una verdadera revolución. Tan pronto eso se vuelve universal y se organiza mejor, el «yo» se refugia ahí; mientras que si ustedes y yo, como individuos, podemos amar, podemos llevar a cabo esto de manera efectiva en nuestra vida cotidiana, entonces surgirá a la existencia esa revolución que es tan fundamental […].

¿Saben ustedes qué entiendo por el «yo»? Entiendo por el «yo» la idea, el recuerdo, la conclusión, la experiencia, las diversas formas de las intenciones, tanto las que se pueden nombrar como las innombrables, el esfuerzo consciente de ser o de no ser esto o aquello, la memoria acumulada del inconsciente: lo racial, el grupo, el individuo, el clan, y la totalidad de ello, ya sea proyectado exteriormente en la acción o proyectado espiritualmente como virtud; el esforzarse tras todo esto es el «yo». Ello incluye la competencia, el deseo de ser. Ese proceso íntegro es el «yo»; y cuando nos enfrentamos con él, sabemos realmente que es algo maligno. Uso la palabra maligno intencionalmente, porque el «yo» es divisivo; el «yo» lo encierra a uno en sí mismo; sus actividades, por nobles que sean, separan y aíslan. Sabemos todo esto. También sabemos cuán extraordinarios son los momentos en que el «yo» se halla ausente, en que no hay sentido alguno de esfuerzo; ello ocurre cuando hay amor.

CREAR UN MUNDO NUEVO

Si hemos de crear un mundo nuevo, una nueva civilización, un arte nuevo, no contaminado por la tradición, el miedo, las ambiciones, si hemos de originar juntos una nueva sociedad en la que no existan el «tú» y el «yo», sino lo nuestro, ¿no tiene que haber una mente que sea por completo anónima y que, por lo tanto, esté creativamente sola? Esto implica, ¿no es así?, que tiene que haber una rebelión contra el conformismo, contra la respetabilidad, porque el hombre respetable es el hombre mediocre, debido a que siempre desea algo; para su felicidad depende de la influencia, o de lo que piensa su prójimo, su gurú, de lo que dice el Bagavad Gita o los Upanishads o la Biblia o Cristo. Su mente jamás está sola. Ese hombre nunca camina solo, sino que siempre lo hace con un acompañante, el acompañante de sus ideas.

¿No es, acaso, importante descubrir, ver todo el significado de la interferencia, de la influencia, ver la afirmación del «yo», que es lo opuesto de lo anónimo? Viendo todo eso, surge inevitablemente la pregunta: ¿Es posible originar de inmediato ese estado de la mente libre de influencias, el cual no puede ser afectado por su propia experiencia ni por la experiencia de otros, ese estado de la mente incorruptible, sola? Únicamente entonces es posible dar origen a un mundo diferente, a una cultura y una sociedad diferentes donde puede existir la felicidad.

KRISHNAMURTI

LA CARGA DEL PASADO

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“¿Por qué alzaste a esa muchacha para pasarla al otro lado del camino?” preguntó. “Los monjes no debemos hacer esas cosas”.

La historia de Tanzan y Ekido, dos monjes Zen que caminaban por un sendero rural anegado a causa de la lluvia ilustra maravillosamente la incapacidad o la falta de voluntad de la mente humana para dejar atrás el pasado. Cuando se acercaban a una aldea, tropezaron con una joven que trataba de cruzar el camino pero no quería enlodar su kimono de seda. Sin pensarlo dos veces, Tanzan la alzó y la pasó hasta el otro lado.

Los monjes continuaron caminando en silencio. Cinco horas después, estando ya muy cerca del templo donde se alojarían,

Ekido no resistió más. “¿Por qué alzaste a esa muchacha para pasarla al otro lado del camino?” preguntó. “Los monjes no debemos hacer esas cosas”.

“Hace horas que descargué a la muchacha”, replicó Tazan. “¿Todavía llevas su peso encima?”

Imaginemos cómo sería la vida para alguien que viviera como Ekido todo el tiempo, incapaz de dejar atrás las situaciones del pasado, acumulando más y más cosas. Pues así es la vida para la mayoría de las personas de nuestro planeta. ¡Qué pesada es la carga del pasado que llevan en su mente!wallhaven-40311

El pasado vive en nosotros en forma de recuerdos, pero estos por sí mismos no representan un problema. De hecho, es gracias a la memoria que aprendemos del pasado y de nuestros errores. Los recuerdos, es decir, los pensamientos del pasado, son problemáticos y se convierten en una carga únicamente cuando se apoderan por completo de nosotros y entran a formar parte de lo que somos. Nuestra personalidad, condicionada por el pasado, se convierte entonces en una cárcel. Los recuerdos están dotados de un sentido de ser, y nuestra historia se convierte en el ser que creemos ser. Ese “pequeño yo” es una ilusión que no nos permite ver nuestra verdadera identidad como Presencia sin forma y atemporal.

Sin embargo, nuestra historia está compuesta de recuerdos no solamente mentales sino también emocionales: emociones viejas que se reviven constantemente. Como en el caso del monje que cargó con el peso de su resentimiento durante cinco horas, alimentándolo con sus pensamientos, la mayoría de las personas cargan durante toda su vida una gran cantidad de equipaje innecesario, tanto mental como emocional. Se imponen limitaciones a través de sus agravios, sus lamentos, su hostilidad y su sentimiento de culpa. El pensamiento emocional pasa a ser la esencia de lo que son, de manera que se aferran a la vieja emoción porque fortalece su identidad.

Debido a esta tendencia a perpetuar las emociones viejas, casi todos los seres humanos llevan en su campo de energía un cúmulo de dolor emocional, el cual he denominado “el cuerpo del dolor”.

Eckhart TolleSin embargo, tenemos el poder para no agrandar más nuestro cuerpo del dolor. Podemos aprender a romper la costumbre de acumular y perpetuar las emociones viejas “batiendo las alas” y absteniéndonos de vivir en el pasado, independientemente de si los sucesos ocurrieron el día anterior o hace treinta años. Podemos aprender a no mantener vivos en la mente los sucesos o las situaciones y a traer nuestra atención continuamente al momento puro y atemporal del presente, en lugar de obstinarnos en fabricar películas mentales. Así, nuestra presencia pasa a ser nuestra identidad, desplazando a nuestros pensamientos y emociones.

No hay nada que haya sucedido en el pasado que nos impida estar en el presente; y si el pasado no puede impedirnos estar en el presente, ¿qué poder puede tener?

ECKHART TOLLE

LA TELEVISIÓN

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Ver la televisión con frecuencia y por períodos prolongados no solamente nos sume en un estado de inconsciencia sino que nos induce a la pasividad y nos agota la energía.

Ver televisión es la actividad (o más bien la inactividad) de esparcimiento predilecta de millones de personas del mundo entero. Al cumplir los 60 años, el estadounidense común habrá pasado 15 años de su vida delante de la pantalla del televisor, y las cifras de otros países son semejantes.

Para muchas personas, la televisión es “relajante”. Si observamos atentamente, nos damos cuenta de que mientras más tiempo mantenemos la atención enfocada en la pantalla, más se suspende la actividad del pensamiento y más tiempo pasamos viendo solamente la entrevista, el programa de juego, la comedia o hasta los comerciales sin generar un solo pensamiento. No solamente olvidamos por completo nuestros problemas, sino que nos liberamos de nosotros mismos transitoriamente. ¿Qué podría ser más relajante que eso?

¿Entonces es la televisión un medio para crear espacio interior? ¿Nos ayuda a estar presentes? Desafortunadamente no es así. Si bien la mente suspende su actividad durante períodos prolongados de tiempo, se conecta con la actividad mental del programa de televisión. Se conecta con la versión televisada de la mente colectiva y entra a pensar esos pensamientos. La mente está inactiva únicamente en el sentido de no generar sus propios pensamientos. Sin embargo, está absorbiendo continuamente los pensamientos y las imágenes provenientes de la televisión. Esto induce una especie de estado de trance y mayor susceptibilidad, parecido al de la hipnosis. Es por eso que es ideal para manipular “la opinión pública”, como lo saben bien los políticos, los grupos de interés y los anunciantes. Es por eso que pagan millones de dólares para sorprendernos inermes en ese estado de receptividad. Buscan reemplazar nuestros pensamientos por los de ellos, y por lo general lo logran.

Así, mientras vemos televisión, la tendencia es a caer por debajo del pensamiento en lugar de elevarnos por encima de él.

En esto, la televisión se parece al alcohol y a ciertas drogas. Si bien nos libera transitoriamente del yugo de la mente, el precio también es alto: la inconsciencia. Lo mismo que las drogas, la televisión tiene una cualidad adictiva grande. Tomamos el control para apagar el aparato y en lugar de hacerlo comenzamos a repasar todos los canales. Media hora o una hora después todavía estamos viendo y recorriendo los canales. Es como si el botón de apagado fuera el único que el dedo no logra oprimir. Continuamos pegados al aparato no porque algo interesante atrae nuestra atención, sino precisamente porque no hay nada interesante para ver. Una vez atrapados, mientras más trivial y más sin sentido, más adictiva se vuelve. Si fuera interesante y desafiara el intelecto, llevaría a la mente a pensar nuevamente, lo cual sería más consciente y preferible a un trance inducido por un aparato. Entonces las imágenes de la pantalla no mantendrían totalmente cautiva nuestra atención.

Si el contenido del programa es de cierta calidad, puede contrarrestar hasta cierto punto, o incluso deshacer, el efecto adormecedor del medio de la televisión. Hay algunos programas que han sido de gran ayuda para muchas personas, les han cambiado la vida para bien, les han servido para abrir el corazón y les han ayudado a alcanzar el estado de conciencia. Hay incluso ciertas comedias que, aunque no tratan ningún tema en particular, son espirituales sin saberlo porque nos muestran una caricatura del ego y de la sinrazón humana. Nos enseñan a no tomarnos nada demasiado en serio, a vivir la vida con despreocupación y, por encima de todo, enseñan por medio de la risa. La risa es extraordinaria como factor liberador y también curativo. Sin embargo, en la mayoría de los casos, la televisión continúa bajo el control de personas totalmente sometidas al ego, de tal manera que continuamos bajo el control de esa segunda intención de adormecernos, es decir, de sumirnos en la inconsciencia. Sin embargo, el medio de la televisión encierra un potencial enorme, todavía inexplorado.

Debemos evitar los programas y los comerciales que nos agreden con una secuencia acelerada de imágenes que cambian cada dos o tres segundos o menos. El exceso de televisión y de esos programas en particular es el causante en gran medida del trastorno del déficit de atención, una disfunción mental que afecta a millones de niños del mundo entero. Esos períodos breves de atención se traducen en percepciones y relaciones vacuas e insatisfactorias. Todo lo que hagamos estando en ese estado carece de calidad, porque la calidad requiere atención.

Ver la televisión con frecuencia y por períodos prolongados no solamente nos sume en un estado de inconsciencia sino que nos induce a la pasividad y nos agota la energía. Por consiguiente, en lugar de ver cualquier cosa, elija los programas que desee ver. Cada vez que recuerde, sienta la vida dentro de su cuerpo mientras está frente a la pantalla. Tome conciencia de su respiración periódicamente. Aparte los ojos de la pantalla a intervalos regulares para que ésta no se apodere por completo de su sentido de la vista. No suba el volumen más de lo necesario para que la televisión no se apodere de su sentido de la audición. Oprima el botón de silenciar el aparato durante los comerciales. Asegúrese de no dormirse inmediatamente después de apagar o, peor aún, de quedarse dormido con el televisor encendido.

ECKHART TOLLE

EL FENÓMENO OVNI

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¿Qué piensan estos seres de Jesucristo? ¿Tiene algún valor la redención para ellos? ¿Lo reconocerán como Hijo de Dios? ¿Irán estos seres al Cielo o al Infierno? ¿Por qué nuestro dogma no nos habla de la creación de estos seres?

EL fenómeno ovni es como el ave fénix: siempre se está muriendo, pero constantemente está resucitando. Las autoridades y los científicos lo matan con sus declaraciones oficiales de que lo que vieron los testigos era el planeta Venus o simplemente un avión y lo mata la gran prensa con su silencio cómplice. Pero lo hacen resucitar los miles y miles de testigos que constantemente están surgiendo en todos los países y en todas las clases sociales para afirmar que lo que vieron no era de este mundo, porque la tecnología terrestre no da para tanto.

En realidad, hoy día ya las autoridades, si bien no de una manera pública y oficial, admiten, aunque sea a regañadientes, que el fenómeno es real y lo admiten en documentos oficiales de los que tenemos copia. El problema en el fenómeno ovni radica en que son tales su hondura y sus implicaciones que, si se admitiese abiertamente, muchas de las bases ideológicas y hasta científicas de nuestra civilización se tambalearían. Le pasaría a nuestra sociedad lo que me pasó a mí, religioso jesuita en aquella época, cuando caí en la cuenta de que efectivamente estábamos siendo visitados por seres de otros mundos, aunque no supiese exactamente de qué mundos se trataba. Me basta con saber que los tripulantes de los ovnis no habían nacido en este planeta tal como nacemos los demás mortales que componemos la raza humana.

Inmediatamente vinieron a mi mente un sinnúmero de preguntas, que sacudían en sus cimientos mis más profundas creencias de entonces. Creencias que son todavía hoy las de alrededor de mil millones de personas que se declaran cristianas.

He aquí las preguntas que entonces me estremecieron:

¿Qué piensan estos seres de Jesucristo? ¿Tiene algún valor la redención para ellos? ¿Lo reconocerán como Hijo de Dios? ¿Irán estos seres al Cielo o al Infierno? ¿Por qué nuestro dogma no nos habla de la creación de estos seres? ¿Por qué la Biblia nos presenta al hombre como la máxima creación de Dios y nos dice que todo el Universo está, en cierta manera, a nuestro servicio?

Estas y muchas otras preguntas me asaltaron en seguida y confieso que sentí como todas mis creencias se tambaleaban bajo mis pies. Si nuestra sociedad admitiese de repente y en bloque la tremenda verdad de la existencia de otros seres no humanos, que con una tecnología mucho más avanzada que la nuestra nos vienen a visitar desde los confines del Universo, es indudable que los cimientos de nuestra civilización se hundirían. Y ésta es una de las razones por las que las grandes autoridades del planeta han hecho todo lo que está en su mano para que semejante verdad no llegase al conocimiento de las masas.

Estas dejarían de creer en sus gobernantes y volcarían inmediatamente su atención —y probablemente su obediencia— hacia los nuevos señores venidos del Cosmos, con una capacidad para arreglar los muchos problemas terráqueos muy superior a la que las autoridades terrestres han mostrado hasta ahora. Aparte de esto, los científicos caerían en la cuenta de que sus técnicas y todos sus inventos son primitivos, si se comparan con lo que demuestran nuestros visitantes espaciales con sus enormes aparatos silenciosos, sin tubos de escape y velocísimos.

Indudablemente la revolución sería enorme, y, de hecho, eso es lo que ha pasado en las mentes de todos aquellos que se han acercado al fenómeno sin prejuicios. La mente se expande; los viejos principios, anteriormente considerados como intocables y sagrados, se derrumban; las autoridades adquieren su verdadero tamaño y uno ve las mentiras y los equilibrios que tienen que hacer para mantenerse en el poder y seguir mal gobernando a sus pueblos; las llamadas “verdades de fe” y las creencias religiosas en general se desmoronan estrepitosamente al confrontarlas con la tremenda realidad que, indudablemente, se presenta ante nuestros ojos y de la que ni los sumos jerarcas ni el fundador de la religión conocían nada.

Como dije, ésta es una de las razones de más peso que los supremos gobernantes del planeta han tenido para acallar por todos los medios esta realidad, Es una de la principales, pero no es la única, como más adelante veremos.

Si en el año 1947 los gobernantes del mundo no sabían nada de la existencia de estos seres extraterrestres o no humanos, en estos 60 años los dirigentes de las grandes naciones han aprendido muchísimo acerca de ellos y, en realidad, saben todo lo que se puede saber, pues no en vano han gastado en ello miles de millones. Aunque, si bien es cierto que saben mucho acerca de todo el fenómeno, todavía es mucho lo que les queda por saber y son muchos los errores que han cometido en el trato con ellos. Y algunos de estos errores son los que también les impiden comunicar al mundo la realidad de la existencia de seres de otros mundos y su presencia entre nosotros.

Pero este encubrimiento empieza a resquebrajarse. Hace unos pocos años la Cámara de Representantes de los Estados Unidos obligó al Gobierno de aquel país, en virtud del “Acta de Libertad de Información” (Freedom of Information Act), a dar a la luz pública todos los documentos secretos que hacían referencia al fenómeno ovni. Pues bien, gracias a esta ley nos hemos enterado de mil cosas que ya sospechábamos, pero de las que ahora tenemos seguridad total, al haberlas leído en los documentos oficiales, a pesar de que éstos llegaron a conocimiento del público vilmente censurados. Y, sobre todo, nos hemos enterado de que las grandes potencias, al igual que los gobiernos de las naciones pequeñas, mienten a sus súbditos de una manera descarada y hacen uso de los fondos públicos “secretos” como les da la gana. Se escudan en la “seguridad nacional” para usar el dinero como les parece aunque luego lo nieguen bajo juramento.

BIOGRAFÍA DEL FENÓMENO OVNI

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LA AMENAZA

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Adentrarse en el estudio del fenómeno extraterrestre es entrar por el resbaladizo y perturbador mundo de lo paranormal. Perturbador y resbaladizo, pero real, con un tipo de realidad que trasciende las fronteras de la engolada ciencia y hasta del normal sentido común.

TRILOGÍA PARA PENSAR

Amigo lector: TRILOGÍA PARA PENSAR  -Tienes en tu mano un escrito que puede que te haga cambiar radicalmente tu manera de enfocar la vida, pero también puede ser que termine en el fondo de la papelera porque lo consideras un total dislate, fruto de una imaginación calenturienta. Todo puede ser y estás en tu perfecto derecho de juzgarlo así.

El escrito consta de tres documentos bastante distintos, con orígenes completamente diferentes pero que en el fondo tratan de lo mismo.

El primer documento, aparentemente desconectado de los otros dos, tiene el propósito de hacerte reflexionar sobre la putrefacción que existe entre los grandes dirigentes de nuestro pobre planeta. Es sólo una muestra de las innumerables que se podrían presentar. La conexión de este documento con los otros dos la encontrarás a medida que sigas leyendo.

El segundo documento es de mi cosecha y lo escribí el año 2001. Es como un resumen de la idea que tengo de todo el fenómeno ovni. Indudablemente es incompleta pues en la actualidad la ovnilogía ha traspasado los parámetros en que se mueve tanto la ciencia como la lógica humana, y adentrarse en el estudio del fenómeno extraterrestre es entrar por el resbaladizo y perturbador mundo de lo paranormal. Perturbador y resbaladizo, pero real, con un tipo de realidad que trasciende las fronteras de la engolada ciencia y hasta del normal sentido común.

El tercer documento es doble. Reconozco que suscitará muchas preguntas, pero si el lector ha leído bien el segundo documento, encontrará en él la respuesta abreviada a sus preguntas. Reconozco también que esas respuestas abreviadas merecen una contestación un poco más detallada y no niego la posibilidad de darla en un futuro próximo.

Salvador Freixedo

¿No crees en extraterrestres? mira esto!

EL COMIENZO DEL FIN DEL MUNDO

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Kim Eng: Durante mis viajes, una de las preguntas más frecuentes que me hacen es “¿Qué se siente al tener una relación con un ser iluminado?” ¿Por qué esta pregunta?  Tal vez ellos tienen la idea o la imagen de una relación ideal, y quieren saber más sobre ello. Tal vez sus mentes quieren  proyectarse a un futuro en el que ellos también estarán en una relación ideal y se encontrarán a sí mismos a través de ella.

Conversación entre Kim Eng y Eckhart Tolle –  ¿Qué se siente al tener una relación con un ser iluminado? Siempre que tengo la idea en mi cabeza “Tengo una relación” o “estoy en una relación”, no importa con quién, sufro. Esto lo he aprendido.  Con el concepto de “relación” vienen expectativas, recuerdos de relaciones pasadas, y además conceptos mentales condicionados personales y culturales de lo que una “relación” debería ser. Después trataría de hacer que la realidad se ajustase a estos conceptos. Y nunca lo hace. Y vuelvo a sufrir. La cuestión del asunto es: no hay relaciones. Sólo existe el momento presente, y en el momento sólo hay un relacionarse.

Cómo nos relacionamos, o mejor dicho cómo de bien amamos, depende de lo vacíos que estamos de ideas, conceptos, expectativas. Recientemente, le pedí a Eckhart que dijera unas pocas palabras sobre la búsqueda de “relaciones amorosas” del ego. Nuestra conversación fue profundizando rápidamente para referirse a algunos de los aspectos más profundos de la existencia humana. Esto es lo que dijo:

Eckhart Tolle: Lo que convencionalmente llamamos “amor” es una estrategia del ego para evitar rendirse. Estás buscando a alguien para que te dé eso que sólo puede venirte en el estado de rendición. El ego utiliza a esa persona como un sustituto para no tener que rendirse. El idioma español es el más honesto a este respecto. Utiliza el mismo verbo ‘querer’, para decir “te amo” y “te quiero”. Para el ego, amar y querer (desear) son lo mismo, mientras que el amor verdadero no tiene ningún deseo, ningún deseo de poseer o que tu pareja cambie. El ego escoge a alguien y lo hace especial. Utiliza a esa persona para tapar el constante sentimiento subyacente de descontento, de “no suficiente”, de ira y odio, que están estrechamente relacionados entre sí. Estas son facetas de un sentimiento profundamente arraigado subyacente en los seres humanos, que es inseparable del estado egoico.

Cuando el ego escoge algo y dice “yo amo” esto o aquello, es un intento inconsciente de ocultar o eliminar los sentimientos profundos que siempre acompañan al ego: el descontento, la infelicidad, la sensación de insuficiencia que es tan familiar. Por un tiempo, la ilusión realmente funciona. Pero entonces, inevitablemente, en algún momento, la persona que has elegido, o has hecho especial a tus ojos, deja de funcionar como una tapadera para tu dolor, el odio, el descontento o la insatisfacción que tienen su origen en la sensación de insuficiencia y de sentirse incompleto. Entonces, surge la sensación que estaba oculta, y se proyecta sobre la persona que había sido elegida y hecha especial – quien pensabas que en última instancia iba a “salvarte”. De repente, el amor se convierte en odio. El ego no se da cuenta de que el odio es una proyección del dolor universal que sientes dentro. El ego cree que esta persona es la causa del dolor. No se da cuenta de que el dolor es el sentimiento universal de no estar conectado con el nivel más profundo de tu ser – no ser uno con uno mismo.

El objeto del amor es intercambiable, tan intercambiable como el objeto del deseo egoico. Algunas personas pasan por muchas relaciones. Se enamoran y desenamoran muchas veces. Aman a una persona por un tiempo hasta que ya no funciona, porque ninguna persona puede de forma permanente ocultar ese dolor.singin___withn

Sólo la rendición puede darte lo que estabas buscando en el objeto de tu amor. El ego dice que la rendición no es necesaria porque amo a esta persona. Es un proceso inconsciente, por supuesto. En el momento en que aceptas completamente lo que es, algo dentro de ti emerge que había sido ocultado por el deseo del ego. Es una paz innata que mora en el interior, quietud, vitalidad. Es lo incondicionado, lo que eres en tu esencia. Es lo que habías estado buscando en el objeto de amor. Es tú mismo. Cuando esto sucede, un tipo completamente diferente de amor está presente, que no está sujeto al amor/odio. No elige a una cosa o una persona como algo especial. Es absurdo incluso usar la misma palabra para eso. Ahora bien, puede suceder que, incluso en una relación normal amor/odio, de vez en cuando, introduces el estado de rendición. Temporalmente, brevemente, sucede: experimentas un profundo amor universal y una plena aceptación que a veces puede brillar a través, incluso en una relación egoica. Sin embargo, si la rendición no continúa, se cubre de nuevo con los viejos patrones egoicos. Por lo tanto, no estoy diciendo que el verdadero amor profundo no se pueda presentar de vez en cuando, incluso en una relación normal de amor/odio. Pero es raro y por lo general de corta duración.

Siempre que aceptas lo que es, algo más profundo emerge en ese instante. Así, puedes quedar atrapado en el dilema más doloroso, externo o interno, en los sentimientos o situación más dolorosos, y en el momento en que aceptas lo que es, vas más allá de ellos, los trasciendes. Incluso si sientes odio, en el momento en que aceptas que esto es lo que sientes, lo trasciendes. Todavía puede estar ahí, pero de repente estás en un lugar más profundo donde nada de eso importa ya.

El universo fenoménico entero existe debido a la tensión entre los opuestos. Caliente y frío, crecimiento y decadencia, ganancia y pérdida, éxito y fracaso, las polaridades que forman parte de la existencia, y por supuesto parte de todas las relaciones.

Kim Eng: ¿Entonces es correcto decir que nunca podemos deshacernos de las polaridades?

Eckhart Tolle: No podemos deshacernos de las polaridades en el plano de la forma. Sin embargo, puedes trascender las polaridades a través de la rendición. Estás entonces en contacto con un lugar más profundo dentro de ti donde, por así decirlo, las polaridades ya no existen. Siguen existiendo en el plano externo. Sin embargo, incluso allí, algo cambia en la forma en que las polaridades se manifiestan en tu vida cuando estás en un estado de aceptación o renuncia. Las polaridades se manifiestan de una manera más benigna y suave.

Cuanto más inconsciente seas, más identificado estás con la forma. La esencia de la inconsciencia es la siguiente: la identificación con la forma, ya sea una forma externa (una situación, lugar, evento o experiencia), una forma de pensamiento o una emoción. Cuanto más apegado estás a la forma, menos rendido (entregado) estás, y más extrema, violenta o cruel es tu experiencia de las polaridades. Hay personas en este planeta que viven prácticamente en el infierno y en el mismo planeta hay otros que viven una vida relativamente pacífica. Los que están en paz interior aún experimentan las polaridades, pero de una forma mucho más benigna que la forma extrema en la que muchos humanos las experimentan todavía. Por lo tanto, la forma en que las polaridades se experimentan cambia. Las propias polaridades no se pueden eliminar, pero se puede decir, que el universo entero se vuelve algo más benevolente. Ya no es tan amenazante. El mundo ya no se percibe como hostil, que es como el ego lo percibe.

Kim Eng: Si el despertar o vivir una vida en un estado despierto no cambia el orden natural de las cosas, la dualidad, la tensión entre los opuestos, ¿qué significa vivir una vida en el estado despierto? ¿Afecta al mundo, o sólo la experiencia subjetiva que uno tiene del mundo?

Eckhart Tolle: Cuando vives en la rendición, algo viene a través de ti hacia el mundo de la dualidad que no es de este mundo.

Kim Eng: ¿Eso cambia realmente el mundo exterior?

Eckhart Tolle: Lo interno y lo externo son en última instancia uno. Cuando ya no percibes el mundo como hostil, ya no hay más miedo, y cuando no hay más miedo, piensas, hablas y actúas de manera diferente. El amor y la compasión surgen y afectan al mundo. Incluso si te encuentras en una situación de conflicto, hay una emanación de paz en las polaridades. Entonces, algo cambia. Hay algunos maestros o enseñanzas que dicen, nada cambia. Ese no es el caso. Algo muy importante sí que cambia. Aquello que está más allá de la forma brilla a través de la forma, lo eterno brilla a través de la forma en este mundo de la forma.

Eckhart TolleKim Eng: ¿Es correcto decir que es tu falta de “reacción en contra”, la aceptación de los opuestos de este mundo, lo que provoca cambios en la forma en que los opuestos se manifiestan?

Eckhart Tolle: Sí. Los opuestos seguirán ocurriendo, pero no se alimentan de ti nunca más. Lo que has dicho es un punto muy importante: la “falta de reacción” significa que las polaridades no se alimentan. Esto significa, que a menudo experimentas un colapso de las polaridades, tales como en situaciones de conflicto. Ninguna persona, ninguna situación se convierte en un “enemigo”.

Kim Eng: Entonces, los opuestos, en vez de fortalecerse, se debilitan. Y tal vez así es como comienzan a disolverse.

Eckhart Tolle: Eso es correcto. Vivir así, es el comienzo del fin del mundo.

 

Sitio web de Eckhart Tolle: www.eckharttolle.com

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Comentario de Gunther Emde:

La polarización nunca deja de funcionar, el mundo y sus polaridades estarán ahí por siempre, como lo estará nuestro metabolismo emocional, que incluye amor, odio, etc. El asunto es si podemos situarnos fuera de todo esto, no en el sentido de reprimirlo o negarlo, sino en quedar tan cansado de ello que ya no le prestas tanta atención, y aprendes a vivir por encima de ello.

A veces, cuando se escriben esas frases tan hermosas sobre “trascender la ira” -y yo también las escribo- se puede inducir a pensar que la ira desaparece, y hay que aclarar que esto no es así.

De la misma forma que hay un metabolismo corporal, también hay un metabolismo mental y emocional, que es poco modificable. Más que en tratar de distorsionar esos metabolismos con dietas o con sistemas de control emocional, lo que da mejores resultados es tratar de vivirlos en toda su intensidad, hasta que de forma natural se llega a la conclusión de que “yo no soy eso”.

Justamente los intentos de modificar el cuerpo y la mente para potenciar lo bueno y limitar lo malo son a veces escapes del trabajo mucho más duro que consiste en ver realmente cuál es nuestra verdadera naturaleza. No digo que no se pueda modificar nada del cuerpo y de la mente, es obvio que se puede y en algunas circunstancias se debe, sin embargo conceder excesiva importancia a esos cambios suele ocurrir porque se intuye que contemplar lo que hay de verdad en nuestro interior nos va a superar.

Así que esa es la aceptación auténtica: permitir que el amor, el odio, nos atraviesen una y otra vez, hasta que algo se rompe, y dejas de creer en ello. Y entonces, increíblemente, se produce el milagro de que el metabolismo emocional se torna más apacible. Eso es lo que Tolle llama “el fin del mundo”. Vives en el mundo y en tu mente y tus emociones, pero no eres de este mundo, comienzas a vivir por encima de este mundo, y dejas en paz a tus reacciones y a las de los demás.

Saludos,

Gunther Emde

 

EL PATO CON MENTE HUMANA

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Podemos aprender a no mantener vivos en la mente los sucesos o las situaciones y a traer nuestra atención continuamente al momento puro y atemporal del presente, en lugar de obstinarnos en fabricar películas mentales.

En El poder del ahora, mencioné que había observado que cuando dos patos se pelean, al separarse nadan en direcciones opuestas. Después, los dos baten las alas con fuerza varias veces para descargar el exceso de energía acumulada durante la pelea. Una vez que han sacudido las alas se van nadando pacíficamente como si no hubiera pasado nada.

Si el pato tuviera una mente humana, mantendría viva la pelea en sus pensamientos, tejiendo historias. Esta podría ser la historia del pato: “no puedo creer lo que acaba de hacer, se me acercó a menos de unos cuantos centímetros, seguramente se cree dueño del estanque, no tiene consideración alguna por mi espacio privado. Nunca más confiaré en él; la próxima vez con seguridad tramará otra cosa para molestarme, estoy seguro de que ya está tramando algo pero no lo toleraré; le daré una buena lección que nunca olvidará”. Y así continúa la mente tejiendo sus historias, pensando y hablando sobre el asunto durante días, meses y hasta años. En cuanto al cuerpo, la lucha no ha cesado y la energía que genera en respuesta a todos esos pensamientos es emoción, la cual da lugar a más pensamientos todavía. Es lo que se convierte en el pensamiento emocional del ego. Es fácil ver lo problemática que sería la vida del pato si tuviera una mente humana. Pero es así como viven la mayoría de los seres humanos. Nunca ponen punto final a ninguna situación o acontecimiento. La mente y “mi historia” fabricada continúan con su ciclo interminable.wallhaven-108412

Somos una especie que perdió su camino. En toda la naturaleza, en cada flor o árbol, en cada animal, hay una lección importante para nosotros, si tan solo nos detuviéramos a observar y oír. La lección del pato es la siguiente: sacudamos las alas, es decir, dejemos atrás la historia y volvamos al único lugar donde reside el poder: el presente.

ECKHART TOLLE

PELEA EN LA NIEVE/DISNEY PATO DONALD/SNOW FIGHT SPANISH

Entra al Zen desde allí

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¿Puedes oír la quebrada en la montaña?

Un maestro zen caminaba en silencio con uno de sus discípulos por un sendero de la montaña. Cuando llegaron donde había un cedro antiguo, se sentaron para comer su merienda sencilla a base de arroz y verduras. Después de comer, el discípulo, un monje joven que no había descubierto todavía la clave del misterio del Zen, rompió el silencio para preguntar: “maestro, ¿cómo puedo entrar en Zen?”

Obviamente se refería a la forma de entrar en el estado de la conciencia que es el Zen.

El maestro permaneció en silencio. Pasaron casi cinco minutos durante los cuales el discípulo aguardó ansiosamente la respuesta. Estaba a punto de hacer otra pregunta cuando el maestro le preguntó repentinamente, “¿oyes el sonido de esa quebrada en la montaña”?

El discípulo no se había percatado de ninguna quebrada. Estaba demasiado ocupado pensando en el significado del Zen. Entonces prestó atención al sonido y su mente ruidosa comenzó a aquietarse. Al principio no oyó nada. Después, sus pensamientos dieron paso a un estado de alerta, hasta que escuchó el murmullo casi imperceptible de una quebrada en la distancia.

“Sí, ahora lo oigo”, dijo.

El maestro levantó un dedo y con una mirada a la vez dura y gentil, le dijo, “Entra al Zen desde allí”.

El discípulo quedó asombrado. Fue su satori, un destello de iluminación. Sabía lo que era el Zen sin saber qué era lo que sabía.

Después siguieron su camino en silencio. El discípulo no salía de su asombro al sentir la vida del mundo que lo rodeaba. Lo experimentó todo como si fuera la primera vez. Sin embargo, poco a poco comenzó a pensar nuevamente. El ruido de su mente sofocó nuevamente la quietud de su conciencia y no tardó en formular otra pregunta: “maestro”, dijo, “he estado pensando. ¿Qué hubiera dicho usted si yo no hubiera logrado oír la quebrada en la montaña?” El maestro se detuvo, lo miró, levantó el dedo y dijo, “Entra al Zen desde allí”.

ECKHART TOLLE

¿Qué es el Zen?

Existen dos tipos de objetivos egoicos: los mundanos y los ultramundanos.
Algunas personas andan a la búsqueda de dinero, otras quieren poder, prestigio, ganar.
Otras andan buscando a Dios, moksha, nirvana, iluminación. Pero la búsqueda continúa.
¿Y quién busca?
El mismo ego.
En el momento en que abandonas la búsqueda, también desechas el ego. En el momento en que no hay búsqueda, deja de existir el buscador.

¿Cuál es el secreto más básico del Zen?

Soltar.
La vida se manifiesta a sí misma cuando no te agarras a ella, cuando no te apegas, cuando no acaparas, cuando no eres miserable.
Cuando estás suelto y dispuesto a soltar, cuando no cierras el puño, cuando tienes la mano abierta.
La vida se revela a sí misma llanamente cuando no te agarras a ella, ni de sentimiento ni de pensamiento.
Desapego, ése es el secreto.
Todo lo que se guarda acaba estropeándose, todo.
Acumula algo y lo matarás, acumula y se ranciará.
La razón es que todo lo que es importante, vivo y en movimiento, es momentáneo.
Pero si vives el momento soltando por completo, entonces es eterno.
Un momento vivido por completo, en un estado mental relajado, es la eternidad.
Eternidad no es duración; eternidad es profundidad en el momento.
Si profundizas en el momento, si te dejas hundir en lo momentáneo, disolviéndose por completo en ello, tendrás un vislumbre de eternidad. Todo momento vivido total y relajadamente es eternidad.
La eternidad está siempre presente. El “ahora” es parte de la eternidad, no parte del tiempo.

El secreto más básico del Zen es soltar, y el desapego. Vivir de manera tan relajada. Abandonar el cuerpo y la mente, y abandonar el abandono. Eso es relajación completa, un completo soltar.
Se suelta incluso el nirvana, incluso a Dios, incluso la espiritualidad. Incluso se suelta la meditación. La meditación es perfecta cuando se suelta.
Habrás llegado cuando te olvides incluso de la iluminación. Eso es relajación total; eso es soltar.

OSHO